
La historia argentina reservó un lugar destacado para Mariano Moreno, secretario de la Primera Junta y uno de los principales ideólogos de la Revolución de Mayo. Sin embargo, pocos conocen la vida de su hermano menor, Manuel Moreno, quien lo acompañó durante sus últimos días y tuvo una extensa trayectoria política y científica.
Su historia quedó marcada por un episodio dramático. En 1811, viajó junto a Mariano en una misión diplomática rumbo a Gran Bretaña. El revolucionario murió durante la travesía, a bordo de la fragata Fame, y su cuerpo fue sepultado en el océano. Manuel no solo presenció la tragedia: también quedó encargado de preservar la memoria de su hermano.
El viaje que terminó con una muerte en el océano
Manuel Moreno nació en Buenos Aires a comienzos de la década de 1780 y estudió en el Real Colegio de San Carlos. Durante las Invasiones Inglesas participó en las milicias y, años más tarde, apoyó el movimiento revolucionario de 1810.
En enero de 1811 fue designado secretario de la misión que llevaría a su hermano a Brasil y después a Londres. Sin embargo, Mariano Moreno enfermó durante el viaje y murió el 4 de marzo, con apenas 32 años. Su hermano debió organizar la sepultura en alta mar.

Las circunstancias de la muerte alimentaron sospechas. Manuel sostuvo que su hermano había sido víctima de sus enemigos políticos, aunque la hipótesis de un envenenamiento deliberado nunca pudo comprobarse.
A pesar del dolor, continuó hacia Inglaterra. Allí escribió Vida y memorias del doctor Mariano Moreno, publicada en Londres en 1812. La obra ayudó a conservar el pensamiento del dirigente revolucionario y a difundir en Europa la causa de las antiguas colonias españolas.
El exilio que lo convirtió en médico
Cuando regresó al Río de la Plata, Manuel ocupó diferentes cargos, fue secretario del Segundo Triunvirato y defendió desde el periodismo la organización republicana del país.
Su oposición al gobierno de Juan Martín de Pueyrredón provocó su destierro en 1817. Instalado en Baltimore, estudió medicina en la Universidad de Maryland y conoció de cerca el sistema federal estadounidense, que ejerció una importante influencia sobre sus ideas políticas.
Regresó a Buenos Aires en 1821 y revalidó su título. Aunque prácticamente no ejerció como médico, participó activamente en la organización de la enseñanza científica y de las instituciones culturales de la provincia.
“Don Óxido” y las primeras clases de Química
En 1823, doce años después de aquella travesía fatal, Manuel comenzó a dictar Química en la Universidad de Buenos Aires. Fue reconocido como el responsable de las primeras clases públicas de esa disciplina en el país.

Su interés por los experimentos le valió el apodo de “Don Óxido”. En una demostración realizada en su laboratorio encendió cuatro lámparas alimentadas con gas, algo sorprendente para la sociedad porteña de comienzos del siglo XIX.
Además, fue director de la Biblioteca Pública, integró la Academia de Medicina y promovió publicaciones destinadas a divulgar conocimientos científicos. Su trayectoria reunió política, periodismo, diplomacia, medicina y química.
El hombre que mantuvo viva la memoria de su hermano
Manuel también se desempeñó como legislador y representante diplomático en Londres. Durante su extensa residencia europea continuó reuniendo documentos y publicó una nueva recopilación de los discursos y escritos de Mariano.

Regresó definitivamente a la Argentina después de la caída de Juan Manuel de Rosas y murió en Buenos Aires en 1857. Había dedicado más de cinco décadas a la vida pública, aunque su nombre quedó eclipsado por el de su hermano.
Aquel joven que en 1811 debió despedir a Mariano en medio del océano terminó convertido en una figura fundamental para conservar su legado y en uno de los primeros impulsores de la enseñanza científica argentina.




















