
En el centro de San Salvador de Jujuy, detrás de una fachada sencilla y dos antiguas ventanas con rejas, se conserva la casona donde terminó la vida de Juan Galo Lavalle, uno de los militares más importantes y controvertidos de la historia argentina.
El general llegó al lugar durante la madrugada del 9 de octubre de 1841, cuando escapaba hacia el norte después de sufrir una dura derrota. Estaba acompañado por una pequeña escolta y era perseguido por fuerzas federales.
Pocas horas después, un grupo armado se presentó frente a la vivienda y realizó varios disparos contra la puerta. Una de las balas alcanzó a Lavalle, quien murió dentro de la propiedad. Sus soldados tomaron entonces una decisión desesperada: llevarse el cuerpo para impedir que cayera en manos enemigas.
La casona colonial donde murió Juan Lavalle
La vivienda había sido construida durante la segunda mitad del siglo XVIII y perteneció originalmente a Leocadia Zenavilla de Alvarado. Su diseño respondía a la arquitectura colonial característica del norte argentino.
La propiedad tenía habitaciones comunicadas por galerías, tres patios interiores, pisos de lajas, arcos de medio punto y gruesos pilares de adobe que sostenían los techos de tejas.

La fachada era austera. Una gran puerta de madera ocupaba el centro y estaba acompañada por dos ventanas protegidas con fuertes rejas de hierro. Desde allí se ingresaba a un zaguán que conectaba las distintas habitaciones.
Lavalle no era dueño de la casona ni vivió allí durante un período prolongado. Llegó en medio de una retirada militar y permaneció apenas unas horas, pero aquel episodio vinculó para siempre la propiedad con su nombre.
De granadero de San Martín a jefe perseguido
Antes de participar en las guerras civiles, Juan Lavalle había desarrollado una destacada carrera militar. Ingresó al Regimiento de Granaderos a Caballo en 1812 y luego se incorporó al Ejército de los Andes.
Combatió en importantes enfrentamientos de las campañas libertadoras, entre ellos Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú. También tuvo una actuación sobresaliente en el combate de Riobamba, donde encabezó una recordada carga de caballería que le permitió ganar el apodo de “León de Riobamba”.

Su trayectoria cambió al involucrarse en las luchas políticas. En 1828 encabezó el movimiento que derrocó al gobernador bonaerense Manuel Dorrego y ordenó su fusilamiento, una decisión que profundizó el enfrentamiento entre unitarios y federales.
Años más tarde, Lavalle volvió a combatir contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Tras ser derrotado en la batalla de Famaillá, en septiembre de 1841, comenzó una difícil retirada hacia Jujuy con un reducido grupo de seguidores.
El disparo que atravesó la entrada
Durante la mañana del 9 de octubre de 1841, una partida federal llegó hasta la casona. Al advertir movimientos en el interior, los hombres dispararon contra la puerta cerrada.
Existen diferentes versiones sobre lo ocurrido. Una de las más difundidas sostiene que una bala atravesó la cerradura y alcanzó a Lavalle cuando se aproximaba al zaguán. Algunas reconstrucciones mencionan una herida en la garganta, mientras que otras ubican el impacto en la cabeza.
El general tenía 43 años y había sobrevivido a numerosas batallas. Sin embargo, encontró la muerte lejos de los grandes campos de combate, dentro de una silenciosa vivienda colonial.
La huida con el cuerpo del general
Los soldados retiraron el cuerpo de la casa y continuaron hacia el norte. Pretendían evitar que los restos fueran capturados y exhibidos como un trofeo político.

La columna avanzó por la Quebrada de Humahuaca y pasó por localidades como Tumbaya, donde el cadáver habría sido depositado temporalmente en una iglesia. Luego, los hombres continuaron su marcha hacia territorio boliviano.
Con el paso del tiempo, los restos recorrieron diferentes lugares hasta ser trasladados a Buenos Aires. Actualmente se encuentran en el Cementerio de la Recoleta.
La casa se convirtió en un museo histórico
La propiedad fue expropiada por el Estado provincial en 1960 y dos años después se transformó en la sede del Museo Histórico Provincial “Juan Galo Lavalle”.

El espacio posee siete salas de exposición con documentos, armas, pinturas, uniformes, objetos religiosos y vestimentas del siglo XIX. Además, aborda acontecimientos como el Éxodo Jujeño, las guerras de la Independencia y los enfrentamientos entre unitarios y federales.
Declarada Monumento Histórico Nacional, la casona continúa conservando sus patios y galerías. Más de 180 años después, su antigua puerta recuerda la madrugada en la que terminó la vida de un granadero que cruzó los Andes y se convirtió en protagonista de uno de los períodos más violentos de la historia argentina.



















