Durante décadas, un árbol originario de China modificó el paisaje rural de Misiones. No daba frutos comestibles ni producía una madera especialmente valiosa. Su verdadero tesoro estaba escondido en sus semillas, de las que se obtenía un aceite utilizado para fabricar pinturas, barnices y recubrimientos impermeables.
Era el tung, una especie asiática que comenzó a cultivarse en territorio misionero hacia finales de la década de 1920. Una reconstrucción histórica basada en información de la antigua Secretaría de Agricultura ubica su introducción en 1928, aunque su expansión comercial se produjo durante las décadas siguientes.
Lo que comenzó como un ensayo agrícola terminó convirtiéndose en una industria capaz de sostener cooperativas, fábricas y miles de puestos de trabajo. Sin embargo, luego de alcanzar cifras extraordinarias, la actividad desapareció casi por completo.
El árbol chino que encontró su lugar en Misiones
El tung, cuyo nombre científico es Vernicia fordii, pertenece a la familia de las euforbiáceas. Puede alcanzar aproximadamente 20 metros de altura y produce frutos que contienen varias semillas con una elevada concentración de aceite.

El clima húmedo, las temperaturas elevadas y los suelos profundos de Misiones favorecieron su desarrollo. Las plantaciones se concentraron especialmente cerca del Alto Paraná, en departamentos como Eldorado, Oberá y San Ignacio.
Para los colonos, el tung representaba una alternativa frente a otros cultivos tradicionales. Cuando el fruto maduraba, caía al suelo y debía ser recogido manualmente antes de ser trasladado a las plantas industriales.
Un aceite valioso, pero también peligroso
Mediante el prensado de las semillas se obtenía el llamado aceite de madera de China. Al entrar en contacto con el aire, el líquido se endurecía y formaba una película transparente capaz de proteger madera, embarcaciones y distintas superficies.
El producto fue utilizado para elaborar lacas, pinturas, barnices y materiales impermeabilizantes. También tuvo aplicaciones en la industria náutica y en recubrimientos especiales.
Sin embargo, la planta escondía un riesgo importante: todas sus partes son tóxicas, especialmente los frutos y las semillas. El tung nunca fue introducido como alimento, sino como una materia prima exclusivamente industrial.
El auge que llenó la provincia de fábricas
A medida que aumentaron las plantaciones, comenzaron a instalarse establecimientos para secar los frutos, separar las semillas y extraer el aceite. Durante el apogeo de la actividad llegaron a funcionar al menos ocho industrias procesadoras en Misiones.
Entre las más recordadas estuvieron Óleo Tung, en Puerto Rico, y Santo Pipó Tung Oil, construida en 1946. También fue fundamental la Cooperativa Agrícola de Picada Libertad, en la zona de Leandro N. Alem.
El período de mayor crecimiento se produjo entre 1960 y 1980. Según registros históricos de Picada Libertad, se llegaron a procesar aproximadamente 60.000 toneladas de tung por campaña. Cada hectárea podía producir entre 3.000 y 5.000 kilos de frutos.
Por qué desapareció una industria prometedora
El avance de los productos sintéticos, la caída de la rentabilidad y los cambios en la industria de las pinturas redujeron progresivamente la demanda. Muchos agricultores reemplazaron los árboles por cultivos con resultados económicos más rápidos.
La crisis se profundizó entre 2011 y 2012, cuando dejó de operar la fábrica de Picada Libertad, considerada durante un tiempo la única planta argentina dedicada a la elaboración de aceite de tung.
Actualmente, todavía sobreviven ejemplares aislados entre chacras y caminos rurales. Son los últimos testigos de una época en la que un árbol venenoso traído desde China convirtió a la tierra colorada en el centro de una industria que llegó a procesar decenas de miles de toneladas por año.


















