
Hay canciones que consiguen sobrevivir al paso del tiempo porque guardan una emoción universal. “Alfonsina y el mar” pertenece a ese grupo: apareció en 1969, pero terminó convertida en una de las obras más representativas de la música argentina.
La melodía fue compuesta por Ariel Ramírez y la letra quedó en manos del escritor e historiador Félix Luna. La primera grabación formó parte de Mujeres argentinas, un álbum conceptual interpretado por Mercedes Sosa y dedicado a mujeres fundamentales de la historia nacional.

Detrás de aquella zamba se encuentra la vida de Alfonsina Storni, una poeta que desafió los prejuicios de comienzos del siglo XX y dejó una obra atravesada por el amor, la autonomía femenina y la desigualdad.
Alfonsina Storni, una mujer adelantada a su tiempo
Alfonsina Storni nació el 29 de mayo de 1892 en Suiza, aunque pasó gran parte de su vida en la Argentina. Vivió en San Juan y Rosario antes de instalarse en Buenos Aires, donde comenzó a destacarse en los círculos literarios.
Antes de alcanzar reconocimiento, trabajó en diferentes oficios, integró una compañía teatral y se formó como docente. También crió a su hijo como madre soltera, una decisión que desafiaba abiertamente las convenciones sociales de la época.
En sus poemas y artículos cuestionó la doble vara moral con la que eran juzgadas las mujeres. Obras como El dulce daño, Irremediablemente, Languidez y Ocre consolidaron una voz literaria crítica, sensible y profundamente innovadora.
La enfermedad y su último viaje a Mar del Plata
En 1935, Storni fue diagnosticada con cáncer de mama y debió someterse a una operación. La enfermedad y el miedo a una recaída afectaron sus últimos años.
En octubre de 1938 viajó a Mar del Plata, donde escribió “Voy a dormir”, el último poema que envió al diario La Nación. La autora murió el 25 de octubre de 1938, a los 46 años.

Con el paso del tiempo se popularizó la imagen de Alfonsina caminando lentamente por la playa hasta internarse en el mar. Sin embargo, esa escena responde principalmente a una reconstrucción poética y no a una descripción literal de los hechos.
En 1969, su historia se convirtió en una canción inolvidable
Treinta y un años después de su muerte, Ariel Ramírez y Félix Luna trabajaron en el disco Mujeres argentinas. El proyecto incluyó composiciones dedicadas a figuras como Juana Azurduy, Manuela Pedraza y Rosario Vera Peñaloza.
Ramírez tenía una conexión particular con Storni: su padre, Zenón Ramírez, había sido profesor de la escritora y le había transmitido recuerdos sobre ella.
La letra de “Alfonsina y el mar” tomó elementos de su biografía, pero no buscó funcionar como una crónica. La canción transformó su despedida en una escena simbólica, acompañada por imágenes de caracolas, caminos marinos, silencio y descanso.
Mercedes Sosa y una interpretación que cruzó fronteras
La voz de Mercedes Sosa fue clave para convertir la composición en un clásico. Su interpretación le otorgó una profundidad capaz de llevar la historia personal de Storni hacia una dimensión colectiva.

Con los años, la zamba fue versionada por artistas del folclore, el tango, el jazz y la música clásica. Su melodía contenida y su fuerte carga poética permitieron que fuera interpretada en distintos países y estilos.
El mito más difundido sobre “Alfonsina y el mar”
Muchas personas creen que la canción es el último poema de Storni musicalizado. No es así. “Voy a dormir” fue escrito por la poeta en 1938, mientras que “Alfonsina y el mar” fue creada por Luna y Ramírez tres décadas más tarde.
Ambas obras comparten imágenes relacionadas con la naturaleza, el descanso y la despedida, pero son textos diferentes. La canción utilizó aspectos de la vida y la obra de Alfonsina para construir una creación completamente nueva.
Por qué todavía emociona a millones de personas
Más de medio siglo después de su lanzamiento, “Alfonsina y el mar” continúa sonando en escuelas, escenarios y homenajes de todo el mundo.
Su vigencia no depende solamente de la tragedia que la inspiró. La composición consiguió reunir música, poesía, memoria e historia en una obra que acercó la figura de Storni a nuevas generaciones.
Así, aquella zamba publicada en 1969 se convirtió en mucho más que una canción: es un puente entre la vida de una escritora revolucionaria y millones de personas que todavía se emocionan al escuchar su historia.
















