
En 1832, una epidemia de cólera avanzaba por Europa y provocaba miles de muertes. Entre quienes contrajeron la enfermedad se encontraban el general José de San Martín y su hija, Mercedes Tomasa de San Martín.
Lejos de la Argentina y con su salud comprometida, ambos fueron atendidos por un joven médico porteño llamado Mariano Severo Balcarce. Aquella intervención no solamente ayudó a salvar sus vidas: también marcó el comienzo de una relación familiar que se extendería durante casi medio siglo.
El 13 de diciembre de 1832, después de la recuperación, Balcarce se casó con Mercedes. Desde entonces, pasó a ocupar un lugar decisivo junto al Libertador.
Muchos años después, en abril de 1880, sería el propio Mariano Balcarce quien entregaría los restos de su suegro para que fueran trasladados desde Francia hasta Buenos Aires. De esa manera, pudo cumplir uno de sus últimos deseos.
Quién era Mariano Balcarce, el médico que ingresó a la familia de San Martín
Mariano Severo Balcarce nació en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1807. Era hijo del general Antonio González Balcarce, protagonista de la batalla de Suipacha, considerada la primera gran victoria militar de la Revolución de Mayo.
A pesar de pertenecer a una familia vinculada con las armas, Mariano eligió estudiar medicina. Más adelante también comenzó una extensa carrera diplomática en Europa.

Su encuentro con la familia San Martín ocurrió durante la epidemia de cólera. Mientras atendía al general y a su hija, comenzó a crecer su vínculo con Mercedes. Tras el casamiento, la pareja tuvo dos hijas: María Mercedes Balcarce y Josefa Dominga Balcarce, las únicas nietas del Libertador.
El hombre que comunicó la muerte de San Martín
José de San Martín murió el 17 de agosto de 1850, en la ciudad francesa de Boulogne-sur-Mer. Después de su fallecimiento, Balcarce debió asumir una tarea profundamente dolorosa.
Como yerno, albacea y diplomático argentino, fue el encargado de comunicar oficialmente la muerte a las autoridades de la Confederación Argentina. También informó la voluntad del general de que su sable corvo fuera entregado a Juan Manuel de Rosas.

Pero su responsabilidad fue mucho más amplia. Durante años conservó cartas, documentos personales y testimonios vinculados con las campañas libertadoras. Parte de ese material fue consultado posteriormente por Bartolomé Mitre, quien se encontraba preparando una biografía sobre San Martín.
Gracias a esta tarea silenciosa, numerosos documentos fundamentales para reconstruir la vida privada y política del Libertador pudieron ser preservados.
La misión que lo convirtió en una figura de la diplomacia argentina
La trayectoria de Mariano Balcarce no se redujo a su parentesco con San Martín. También representó a la Argentina ante Francia y España durante una etapa decisiva para la organización nacional.
En 1863, el presidente Bartolomé Mitre lo nombró enviado extraordinario y ministro plenipotenciario. Su misión era negociar modificaciones a un tratado firmado con España para que tuviera validez en todo el territorio argentino.
De esta manera, Balcarce participó en la construcción de las relaciones exteriores de un país que todavía buscaba consolidar sus instituciones.
El último deseo de San Martín que tardó 30 años en cumplirse
En su testamento de 1844, San Martín había manifestado que deseaba que su corazón descansara en Buenos Aires. Sin embargo, sus restos permanecieron en Francia durante tres décadas.
La repatriación finalmente avanzó durante la presidencia de Nicolás Avellaneda. El 21 de abril de 1880, Mariano Balcarce entregó los restos al capitán del buque de guerra Villarino, en el puerto francés de Le Havre.

El barco llegó a Buenos Aires el 28 de mayo de 1880. Los restos fueron recibidos por una multitud y trasladados hasta la Catedral Metropolitana.
Habían pasado 48 años desde la epidemia de cólera que unió los destinos de ambas familias. El joven médico que había cuidado a San Martín en 1832 era ahora el hombre encargado de devolverlo definitivamente a su patria.
Mariano Severo Balcarce murió el 20 de febrero de 1885, en Francia. Su historia reúne varias vidas: fue hijo de un héroe de la Independencia, médico durante una epidemia, representante diplomático y, sobre todo, custodio de la memoria más íntima de José de San Martín.


















