
Augusto González Galcerán tiene 19 años, vive en Lomas de Zamora y creó Puerto Matero, un emprendimiento de mates que nació después de una investigación escolar sobre cuánto saben los jóvenes acerca de las Islas Malvinas. Lo que descubrió en las aulas lo preocupó tanto que decidió transformar aquel trabajo en una iniciativa para mantener viva la memoria de los veteranos de guerra.
La historia comenzó en 2024, durante su último año en el Colegio Manuel Belgrano de Temperley. Junto con un grupo de amigos, Augusto elaboró una tesis sobre la desmalvinización en las escuelas de la zona. Entrevistaron a excombatientes, encuestaron a estudiantes y encontraron una contradicción que no esperaban: muchos jóvenes defendían Malvinas, pero tenían dificultades para explicar los motivos.
“Los resultados nos impactaron: los chicos defienden Malvinas, pero muchas veces no saben por qué”, contó el joven en diálogo con este medio. Para él, aquello evidenciaba problemas en la transmisión de la memoria histórica. Sin embargo, lo que más lo inquietaba era que todo ese trabajo terminara olvidado una vez que se egresara.

Investigó cuánto sabían los jóvenes sobre Malvinas y decidió hacer algo con los resultados
Augusto podría haber guardado la investigación y continuar con su vida universitaria. Pero eligió otro camino. “Me resistí a dejar la tesis guardada en un PDF, así que pasé de la teoría a la acción”, recordó.
La pregunta era cómo transformar una investigación escolar en algo capaz de llegar a otras personas. La respuesta apareció en una costumbre que conocía desde chico: tomar mate.
Así surgió Puerto Matero, un proyecto que utiliza uno de los rituales más tradicionales de Argentina para difundir historias relacionadas con la Guerra de Malvinas y homenajear a sus protagonistas.
Actualmente, Augusto cursa segundo año de Economía y Finanzas en la UADE. También juega al fútbol, va al gimnasio y practica artes marciales mixtas. Entre esas actividades, se ocupa personalmente de administrar su emprendimiento. Desde las cuentas hasta los pedidos y la logística, todas las tareas pasan por sus manos.
Los 12 modelos de Puerto Matero y las cartas que cuentan historias de Malvinas
En el catálogo de Puerto Matero aparecen al menos 12 modelos de mates, cuyos nombres remiten a veteranos de guerra, lugares y referencias vinculadas con Malvinas.

Entre ellos se encuentran el Torpedo Darwin, el Torpedo Fitz Roy, el Torpedo Uruguayo Longdon, el Imperial Roma San Carlos, el Mate Galleta Veterano y el Imperial Algarrobo Gran Malvina.
También ofrece modelos como el Torpedo Baruzzo, el Camionero Poltronieri, el Ranchero Estévez y el Torpedo Cincelado Rivero.
Pero hay un detalle que distingue al emprendimiento: cada mate se entrega con una carta que explica la historia detrás de su nombre. De esa manera, Augusto busca que el comprador no solamente reciba un producto, sino que también conozca a una persona, un lugar o un episodio relacionado con las islas.

Las bombillas, en cambio, cuentan otra historia. En lugar de utilizar nombres relacionados con la guerra, Augusto eligió homenajear a sus abuelos: Tito, Lala, Marga y Lolo. Según explicó, son pilares fundamentales de su vida y fueron quienes le enseñaron a compartir el mate. Por eso decidió incluirlos en el proyecto.
Empezó vendiendo a familiares y recibió mensajes de veteranos de Malvinas
Cuando Puerto Matero comenzó a funcionar, sus primeros clientes fueron de un círculo cercano. “Los primeros meses fue más que nada familia y conocidos, porque, bueno, calculo que todo emprendimiento empieza así”, relató Augusto.

La investigación escolar también le había permitido establecer contacto con veteranos de guerra. Con algunos mantuvo el vínculo y, cuando conocieron el emprendimiento, varios se comunicaron para felicitarlo. “Me dijeron que les copaba la idea y que estaba bueno el emprendimiento”, recordó.
Los mensajes no llegaron únicamente de excombatientes. También recibió felicitaciones de personas que conocieron su iniciativa a través de las redes sociales.
Y así, con el paso de los meses, los pedidos comenzaron a llegar desde fuera de su círculo cercano. “Ya pasé la etapa de familia y conocidos, y ahora ya son todos desconocidos. De a poco va creciendo”, explicó.
Augusto contó que pagó publicidad una sola vez. Actualmente, la difusión de Puerto Matero se apoya principalmente en el alcance orgánico de las redes sociales. Sin embargo, su cuenta de Instagram, @puertomatero__, no se limita a promocionar sus productos: también comparte encuestas y trivias sobre las Islas Malvinas, con las que busca poner a prueba los conocimientos de sus seguidores, despertar su curiosidad y mantener viva la memoria de los veteranos de guerra.

Tiene 19 años, estudia Economía y Finanzas y administra solo su emprendimiento
El crecimiento de Puerto Matero también significó aprender a manejar un negocio mientras continúa con sus estudios. Augusto se encarga de las finanzas, la atención de los pedidos y la logística. A través de su tienda digital, ofrece distintos modelos y realiza envíos a diferentes puntos del país.
Sin embargo, el propósito que dio origen al proyecto sigue siendo el mismo que lo impulsó en 2024. Aquel año, Augusto y sus compañeros escucharon a veteranos y descubrieron, según su investigación, que entre algunos estudiantes existía una distancia entre defender Malvinas y conocer su historia.
Dos años después, esa inquietud tomó una forma inesperada: mates con nombres de veteranos y lugares históricos, acompañados por cartas que invitan a conocer qué hay detrás de cada homenaje.

“Uso el ritual del mate, que es lo más argentino que hay, como un vehículo para mantener viva la memoria de nuestras Islas y homenajear a nuestros héroes”, resumió.
De esta manera, que empezó como una tesis escolar ya no está guardado en un archivo. Hoy circula entre compradores, en una iniciativa que une su vocación emprendedora con el deseo de transmitir lo que aprendió al escuchar a los veteranos de Malvinas.



















