
Lo que comenzó como un proyecto familiar terminó convirtiéndose en una vivienda ecológica levantada con barro, botellas y materiales recuperados. La colaboración de amigos y vecinos fue fundamental para hacer realidad una construcción fuera de lo común.
En la ciudad de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, una pareja transformó un deseo familiar en una construcción que desafía los métodos tradicionales. Lo que comenzó como una idea para recibir a su nieto terminó convirtiéndose en una casa ecológica, levantada con materiales reciclados y el esfuerzo colectivo de familiares, amigos y vecinos.

Los protagonistas son María Golato y Perico Medina, quienes comenzaron a imaginar la vivienda hace aproximadamente una década. Su historia, reconstruida por el diario local La Voz del Pueblo, demuestra cómo una necesidad familiar puede transformarse en un proyecto comunitario.
La propiedad, conocida como “La Casa de la Colina”, combina barro, botellas, madera recuperada y técnicas ancestrales. Sin embargo, detrás de sus paredes hay una historia de amor, perseverancia y solidaridad.
Una casa construida por amor: el nacimiento de un nieto que cambió los planes familiares
El proyecto surgió ante la llegada de Dante, nieto de María y Perico. La intención inicial era ofrecerle un espacio propio junto a su madre, Rocío, donde pudieran comenzar una nueva etapa familiar. Según relató Perico, aquella idea nació hace 10 años, cuando la familia buscaba una alternativa habitacional diferente.
Con el paso del tiempo, las circunstancias cambiaron. Finalmente, fueron los propios abuelos quienes se instalaron en la vivienda que habían imaginado para su hija y su nieto.
La pareja ya tenía experiencia trabajando con barro. Incluso había construido una pequeña casa de juegos para las niñas de la familia, una práctica que permitió familiarizarse con materiales naturales antes de emprender una obra mucho más ambiciosa.
Construyeron una vivienda ecológica con botellas, barro y postes de teléfono reciclados
Una de las particularidades de la construcción es que se encuentra elevada 1,80 metros sobre el nivel del terreno. La decisión responde a las inundaciones que afectaron históricamente a la zona. Para reducir el riesgo de que el agua ingresara a la vivienda, utilizaron un relleno de tierra y escombros como base.

La estructura principal se realizó con antiguos postes telefónicos recuperados. Después colocaron un techo vivo, compuesto por madera, tierra y vegetación, y comenzaron a levantar las paredes mediante la técnica de quincha, que combina varillas de madera con barro y paja.
El diseño también recibió el asesoramiento de Hugo Torres, especialista en bioconstrucción de Quequén, quien recomendó distribuir los postes de manera que pudieran soportar el considerable peso del techo.
Cinco años de construcción y nueve meses de trabajo intenso: la ayuda de amigos y vecinos
El proceso demandó cinco años de trabajos intermitentes, seguidos de nueve meses de actividad intensa para avanzar hacia su finalización.

Durante ese período, familiares, amigos y trabajadores se sumaron al proyecto mediante una práctica conocida como minga, una forma tradicional de colaboración comunitaria. Cada participante aportó tiempo y esfuerzo para trasladar materiales, preparar mezclas y construir las paredes.
La vivienda también incorporó elementos recuperados de otras construcciones, como antiguas aberturas del edificio ABC de Tres Arroyos, parabrisas de automóviles y damajuanas que permiten el ingreso de luz natural.
Cómo es por dentro la casa sustentable de Tres Arroyos que nació de un sueño familiar
Actualmente, María y Perico disfrutan de una vivienda con instalaciones de agua, gas y electricidad, además de características térmicas particulares. Según explicaron al medio local, los materiales naturales contribuyen a mantener temperaturas agradables durante diferentes estaciones del año.
En invierno utilizan una pequeña salamandra para calefaccionar los ambientes, mientras que durante el verano las paredes ayudan a conservar la frescura interior. También desarrollaron una pintura artesanal utilizando aceite, arcilla del terreno, baba de tuna y ceniza.
Si bien todavía proyectan construir un salón de usos múltiples en la planta baja, la pareja considera que su mayor logro ya está cumplido. De esta manera, la historia demuestra que una vivienda puede guardar mucho más que objetos: también puede conservar los sueños y el esfuerzo de quienes ayudaron a levantarla.



















