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En 1810, la esposa de un patriota entregó parte de su fortuna para financiar al Ejército: 44 años después, murió casi olvidada

María Mercedes Coronel de Paso aportó dinero durante la Revolución de Mayo. Esposa de Francisco Paso y cuñada de Juan José Paso, ayudó a financiar al Ejército patrio.

Mercedes de Paso
La patriota que colaboró con el Ejército en 1810 Foto: Wikipedia
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La historia argentina suele recordar a los hombres que discutieron en el Cabildo, dirigieron ejércitos y ocuparon los primeros cargos políticos. Sin embargo, detrás de la Revolución de Mayo existió una red menos visible de mujeres que entregaron dinero, propiedades, joyas y otros recursos cuando el futuro de la causa patriota todavía era incierto.

Una de ellas fue María Mercedes Coronel, esposa de Francisco Paso y cuñada de Juan José Paso, secretario de la Primera Junta. En 1810, cuando el nuevo gobierno necesitaba financiar una expedición militar, se comprometió a aportar ocho pesos fuertes mensuales mientras durara la campaña.

No era una decisión menor. En una época en la que las mujeres no tenían derechos políticos y su participación pública estaba limitada, disponer de una parte del patrimonio familiar significaba tomar posición a favor de la Revolución.

Quién fue María Mercedes Coronel de Paso

María Mercedes nació en Buenos Aires el 25 de septiembre de 1777, cuando la ciudad formaba parte del Virreinato del Río de la Plata. Fue hija de José Coronel y Gregoria Concha.

Mercedes de Paso
María Mercedes Coronel, una mujer clave de la Revolución Foto: Instagram @fliamirandanaon

Se casó con Francisco Paso, hermano de Juan José Paso, uno de los protagonistas de las jornadas de Mayo y secretario de la Primera Junta constituida el 25 de mayo de 1810. Pero su lugar en la historia no se explica solamente por esos vínculos familiares: ella también realizó una contribución directa para sostener al gobierno revolucionario.

El aporte mensual que ayudó al Ejército

Después de la Revolución de Mayo, la Primera Junta debía conseguir el apoyo de las ciudades del interior y enfrentar a los sectores que permanecían leales a las autoridades españolas.

Uno de los principales focos contrarrevolucionarios se formó en Córdoba alrededor de Santiago de Liniers, antiguo héroe de las invasiones inglesas. El nuevo gobierno organizó entonces una fuerza militar que necesitaba armas, alimentos, caballos, uniformes y dinero.

Como los recursos oficiales no alcanzaban, el 7 de junio de 1810 la Gazeta de Buenos Aires publicó una convocatoria para que los habitantes colaboraran voluntariamente. Los aportes eran recibidos por Miguel de Azcuénaga, vocal de la Primera Junta.

Sus donaciones fueron claves para el crecimiento del Ejército argentino Foto: Wikipedia

María Mercedes respondió con una promesa concreta: entregar ocho pesos fuertes por mes durante todo el tiempo que se extendiera la expedición al Alto Perú. Su colaboración quedó registrada en la obra Patricias Argentinas.

El monto implicaba un verdadero compromiso porque no se conocía la duración de la campaña. La guerra podía continuar durante meses o años y cada aporte reducía los recursos disponibles en el hogar.

Las mujeres que también financiaron la Revolución

El caso de María Mercedes formó parte de un fenómeno más amplio. Numerosas mujeres entregaron dinero, alhajas y propiedades; otras cosieron uniformes, atendieron heridos, facilitaron información u ofrecieron sus viviendas para reuniones.

Con el tiempo, muchas fueron reconocidas como Patricias Argentinas, denominación utilizada para recordar a las mujeres que colaboraron con la Independencia. En 1812, un grupo de ellas llegó a reunir fondos para comprar fusiles destinados al Ejército.

María Mercedes había comenzado a contribuir dos años antes, durante uno de los momentos más frágiles del gobierno patrio. Su participación ocurrió lejos de los campos de batalla, pero ayudó a sostenerlos.

Murió 44 años después y su nombre quedó relegado

María Mercedes atravesó algunas de las décadas más convulsionadas del país. Fue testigo de la declaración de la Independencia, las guerras civiles, los enfrentamientos entre unitarios y federales y la caída de Juan Manuel de Rosas.

Murió en Buenos Aires el 19 de junio de 1854, a los 76 años. Habían pasado 44 años desde su contribución a la expedición revolucionaria. Para entonces, la Argentina ya había sancionado la Constitución de 1853, aunque continuaba dividida políticamente.

Su nombre nunca alcanzó la popularidad de los integrantes de la Primera Junta. Sin embargo, aquel aporte mensual permite recuperar una dimensión frecuentemente olvidada: la Revolución de Mayo también se sostuvo con decisiones silenciosas de mujeres que arriesgaron parte de su patrimonio cuando la Independencia todavía era apenas una posibilidad.

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