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En 1979, Marta Minujín construyó un Obelisco de 32 metros con 10.000 pan dulces: la obra tuvo un final digno de película

En plena dictadura militar argentina, la artista presentó su monumental creación en el predio de La Rural, en Buenos Aires. Una grúa, una multitud desbordada y la intervención de los bomberos voluntarios protagonizaron un inesperado desenlace.

En plena dictadura militar argentina, la artista presentó su monumental creación en el predio de La Rural, en Buenos Aires. Una grúa, una multitud desbordada y la intervención de los bomberos voluntarios protagonizaron un inesperado desenlace.
En 1979, Marta Minujín construyó un Obelisco de 32 metros con 10.000 pan dulces. Foto: Instagram martaminujin
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En noviembre de 1979, mientras Argentina atravesaba la última dictadura militar, una escena completamente inesperada sorprendió a quienes recorrían el predio de La Rural, en Buenos Aires. Allí se levantaba una estructura de 32 metros de altura que reproducía el Obelisco porteño, pero tenía una extraordinaria particularidad: estaba recubierta de miles de paquetes de pan dulce.

La responsable era Marta Minujín, una de las artistas más provocadoras del país, que había decidido transformar un monumento nacional en una efímera obra destinada a desaparecer.

Lo que comenzó como una instalación artística monumental terminó convirtiéndose en un multitudinario acontecimiento. La estructura fue inclinada mediante una grúa y el público se abalanzó sobre los panes dulces para llevárselos.

En 1979, Marta Minujín construyó un Obelisco de 32 metros con 10.000 pan dulces.
En plena dictadura militar argentina, la artista presentó su monumental creación en el predio de La Rural, en Buenos Aires. Video: Instagram martaminujin

El Obelisco de pan dulce de Marta Minujín: una obra de 32 metros que sorprendió a Buenos Aires

La instalación, bautizada “El Obelisco de pan dulce”, se presentó durante la Segunda Feria de las Naciones, celebrada en el Predio Ferial de Palermo entre el 8 y el 17 de noviembre de 1979.

Según el histórico catálogo del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), la escultura medía 32 metros y estaba recubierta por 10.000 paquetes de pan dulce.

En plena dictadura militar argentina, la artista presentó su monumental creación en el predio de La Rural, en Buenos Aires. Una grúa, una multitud desbordada y la intervención de los bomberos voluntarios protagonizaron un inesperado desenlace.
Según el MALBA, la escultura medía 32 metros y estaba recubierta por 10.000 paquetes de pan dulce. Foto: Instagram martaminujin

Para concretar semejante proyecto, Minujín contó con el apoyo del empresario Mariano Marcolla, vinculado a la tradicional marca de pan dulce Marcolla, y de la empresa Grúas Roman.

La construcción requería una estructura metálica capaz de sostener los productos y permitir una operación todavía más sorprendente: inclinar el gigantesco monumento frente a los espectadores. El objetivo no era simplemente exhibir una escultura, sino conseguir que las personas participaran de su transformación y desaparición.

Por qué Marta Minujín eligió miles de panes dulces para construir un monumento

Se trataba de uno de los alimentos más representativos de las celebraciones navideñas argentinas, asociado a las reuniones familiares y a la costumbre de compartir.

Minujín quería intervenir uno de los símbolos más reconocibles de Buenos Aires y convertirlo en algo completamente diferente: un monumento que pudiera ser consumido.

En plena dictadura militar argentina, la artista presentó su monumental creación en el predio de La Rural, en Buenos Aires. Una grúa, una multitud desbordada y la intervención de los bomberos voluntarios protagonizaron un inesperado desenlace.
Marta Minujín decidió crear una obra cuyo verdadero sentido apareciera cuando dejara de existir. Foto: Instagram martaminujin

Su propuesta formaba parte de una búsqueda artística centrada en cuestionar los grandes mitos nacionales y universales. En lugar de construir una escultura destinada a permanecer intacta durante décadas, decidió crear una obra cuyo verdadero sentido apareciera cuando dejara de existir.

La idea también tenía un componente colectivo. Cada persona que recibiera un pan dulce se llevaría una pequeña parte de la instalación, convirtiéndose en protagonista del acontecimiento.

El día que inclinaron el Obelisco de pan dulce y el público se abalanzó sobre la estructura

El momento más esperado llegó el 18 de noviembre de 1979. Una grúa intervino para acostar la gigantesca estructura y facilitar la distribución de los panes dulces.

El programa original contemplaba la participación de bomberos voluntarios, que utilizarían sus escaleras para colaborar con el reparto. También estaba prevista la música de Navidad de Buenos Aires, una composición del maestro Osvaldo Piro.

En plena dictadura militar argentina, la artista presentó su monumental creación en el predio de La Rural, en Buenos Aires. Una grúa, una multitud desbordada y la intervención de los bomberos voluntarios protagonizaron un inesperado desenlace.
Miles de personas se precipitaron sobre el Obelisco de pan dulce para conseguir uno de los paquetes. Foto: Instagram martaminujin

Sin embargo, el entusiasmo del público superó las previsiones. En entrevistas posteriores, Minujín recordó que miles de personas se precipitaron sobre la estructura para conseguir uno de los paquetes. La situación se volvió tan desbordante que los bomberos tuvieron que utilizar agua para dispersar a la multitud.

La obra que había requerido semanas de preparación terminó protagonizando un caótico episodio, muy diferente de la distribución organizada que habían imaginado sus responsables.

Qué pasó con el Obelisco de pan dulce y por qué se convirtió en una histórica obra

Si bien la instalación desapareció físicamente, su historia quedó registrada como una de las intervenciones más singulares del arte argentino. Minujín había conseguido convertir un símbolo urbano rígido y permanente en una experiencia colectiva, transitoria y comestible.

Años después continuaría explorando esa relación entre monumentos, participación popular y transformación de objetos cotidianos. En 1983, realizó El Partenón de libros prohibidos, una instalación vinculada al regreso de la democracia argentina, construida con miles de publicaciones censuradas durante la dictadura.

Ambas obras compartían una característica fundamental: el público no era un simple espectador, sino una indispensable parte del proyecto. Casi medio siglo después, el “Obelisco de pan dulce” sigue siendo una de las historias más insólitas del arte argentino: una construcción de dimensiones monumentales cuyo destino no fue permanecer en pie, sino desaparecer entre las manos de la gente.

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