
Buenos Aires tiene rincones donde la historia no está detrás de una vitrina. Permanece en una fotografía antigua, sobre un mostrador gastado o en el recuerdo de quienes conocieron la ciudad cuando los barcos todavía iluminaban el puerto durante la madrugada.
Uno de esos lugares es La Buena Medida, el histórico bodegón ubicado en Suárez y Caboto, frente a la Plaza Solís, en el barrio porteño de La Boca.
Durante décadas fue mucho más que un restaurante. Se convirtió en punto de encuentro de portuarios, marineros, comerciantes, jugadores de fútbol y familias que construyeron la identidad del sur de la Ciudad.
Según una de las versiones históricas más difundidas, abrió en 1905, el mismo año de la fundación del Club Atlético Boca Juniors. Incluso, una conocida historia barrial sostiene que levantó sus persianas apenas una semana después del nacimiento del club xeneize.
De almacén de ramos generales a refugio de los portuarios
En sus primeros años, La Buena Medida funcionó como almacén de ramos generales y despacho de bebidas. Su ubicación no era casual: se encontraba cerca del Riachuelo y de una zona portuaria en plena actividad.
Antes del amanecer, el salón comenzaba a recibir trabajadores que se dirigían al puerto. Allí no predominaba el desayuno actual. Los clientes pedían café, grapa, ginebra, coñac o cerveza, muchas veces acompañados por un sándwich de jamón crudo y queso.

La Boca era entonces un territorio atravesado por inmigrantes, talleres, conventillos y embarcaciones. Genoveses, españoles, rusos, árabes y trabajadores llegados desde diferentes provincias convivían en sus calles y construían nuevas costumbres.
En ese escenario, el bodegón se transformó en un refugio cotidiano. Primero alimentó a los trabajadores; después comenzó a conservar sus historias.
El bodegón que creció junto con Boca Juniors
La Plaza Solís ocupa un lugar especial dentro de la memoria boquense. En sus alrededores se reunieron los jóvenes que fundaron Boca Juniors el 3 de abril de 1905, en su mayoría hijos de inmigrantes italianos.
La cercanía entre el club y el bodegón alimentó una relación que se mantuvo durante generaciones. Cada aniversario de Boca convertía la zona en un punto de reunión para socios e hinchas.

Por el establecimiento también pasaron figuras del fútbol argentino como Ricardo Bochini, Norberto Menéndez y Carlos Randazzo. Mientras Boca crecía hasta convertirse en uno de los clubes más populares del continente, La Buena Medida conservaba su espíritu familiar y barrial.
Los platos que marcaron la identidad del lugar
En 1972, el negocio quedó en manos de Ángel “Bebe” Schiavone, quien posteriormente transmitió el oficio a su hijo Antonio, conocido en el barrio como Tony.
Tony creció entre mesas, botellas y chapitas. Durante la década de 1980 asumió la conducción del establecimiento y presenció la transformación de una zona que comenzó a perder fábricas, talleres y actividad portuaria.

La cocina mantuvo la esencia de los grandes bodegones porteños: porciones abundantes, precios accesibles y recetas reconocibles.
Entre sus platos más recordados estaban el arroz con calamares, el mondongo, el pastel de papas y las pastas con fileto y pesto. La propuesta no pretendía reinventar la gastronomía de Buenos Aires, sino conservar los sabores que acompañaron a varias generaciones.
Cerró, resistió y volvió a levantar sus persianas
Con la caída de la actividad portuaria, el entorno de La Buena Medida cambió. Muchos de sus antiguos clientes dejaron de circular por el barrio y numerosos comercios históricos desaparecieron.
En 2018, la baja del consumo y las dificultades económicas provocaron su cierre. La noticia movilizó a vecinos y defensores del patrimonio, porque no estaba en riesgo solamente un restaurante, sino un espacio vinculado con más de un siglo de historia.
El bodegón consiguió reabrir, pero la pandemia generó otro golpe. En marzo de 2020 volvió a bajar sus persianas. Cuando parecía que su historia había terminado, dos antiguos clientes se hicieron cargo del negocio y consiguieron reabrirlo en 2021.
La decisión principal fue conservar su identidad. No querían transformar el lugar en una escenografía moderna ni reemplazar su esencia por una tendencia gastronómica pasajera.
La esquina que conserva la memoria de La Boca
La recuperación no logró asegurar una continuidad definitiva. En diciembre de 2025 se conoció un nuevo cierre del establecimiento, después de numerosos intentos por sostenerlo frente a las dificultades económicas.
La historia de La Buena Medida resume parte de la evolución de La Boca: un barrio construido por inmigrantes, marcado por el puerto, unido por el fútbol y acostumbrado a defender su identidad.
Aunque las persianas hayan vuelto a bajar, la esquina de Suárez y Caboto conserva su enorme carga simbólica. Allí funcionó un bodegón nacido casi al mismo tiempo que Boca Juniors y que, durante más de un siglo, acompañó la vida de una comunidad.
Porque algunos restaurantes desaparecen cuando dejan de servir comida. Otros permanecen en las fotografías, en las conversaciones familiares y en las historias que el barrio se niega a olvidar.


















