
Un consorcio integrado por la empresa chilena Beler S.A. y la firma singapurense International Nusantara Investment impulsa un ambicioso corredor bioceánico que promete transformar la logística del Cono Sur y reflotar el histórico ferrocarril trasandino entre Argentina y Chile.
La iniciativa, denominada “Corredor bioceánico Longotoma”, prevé una inversión estimada en 9.600 millones de dólares para conectar Mendoza con la costa chilena de Valparaíso mediante una moderna red ferroviaria de carga y pasajeros.
De viejo tren ferroviario a corredor bioceánico: de qué trata el megaproyecto que involucra a Chile y Argentina
El eje central del proyecto será la construcción de un túnel ferroviario de 54 kilómetros entre Uspallata, en territorio argentino, y la ciudad chilena de Los Andes. La obra permitiría atravesar la cordillera durante todo el año, sin depender de las condiciones climáticas que suelen afectar al paso internacional Cristo Redentor, especialmente durante el invierno.

La propuesta contempla, además, el desarrollo de una doble vía electrificada de 420 kilómetros, la creación de un centro modal de cargas en Longotoma y la construcción de un puerto submarino de aguas profundas en la comuna chilena de La Ligua.
El objetivo es claro: convertir a Chile en una de las principales puertas de salida al océano Pacífico para la producción agrícola sudamericana con destino a Asia. Según estimaciones del consorcio impulsor, Argentina y Brasil exportan cada año más de 380 millones de toneladas de maíz, soja y trigo, de las cuales cerca del 79% tiene como destino China y otras economías del Asia-Pacífico.
Logística inteligente: cómo funcionará el centro modal de cargas y el puerto de aguas profundas
Uno de los pilares del corredor bioceánico será el centro modal de cargas proyectado en Longotoma, una instalación diseñada para centralizar el almacenamiento, la clasificación y la transferencia de mercaderías provenientes de distintos puntos de Sudamérica.

El esquema logístico prevé la llegada de granos, minerales y otras cargas mediante la red ferroviaria electrificada, para luego ser trasladados hacia un puerto submarino de aguas profundas que se construirá en la comuna de La Ligua.
Los impulsores del proyecto sostienen que la combinación entre centro modal, ferrocarril y terminal marítima permitirá acortar tiempos de tránsito, reducir costos logísticos y diversificar las rutas de exportación sudamericanas hacia el Pacífico.
Infraestructura sustentable: el uso de energías renovables y valorización de residuos en el tendido férreo
El megaproyecto también prevé la incorporación de energías renovables y plantas de valorización energética de residuos para abastecer parte de la demanda operativa del sistema. La utilización de una doble vía electrificada apunta a disminuir la dependencia de combustibles fósiles y reducir la huella de carbono del transporte de mercancías entre ambos países.

Además, los sistemas de valorización de residuos permitirían generar energía a partir del procesamiento de desechos, contribuyendo al abastecimiento de la infraestructura ferroviaria, el centro logístico y las operaciones portuarias.
Según sus promotores, la integración de estas tecnologías busca consolidar un corredor de bajas emisiones que combine eficiencia operativa con criterios de sostenibilidad ambiental.
Del esplendor al abandono: la historia del viejo Tren Trasandino que funcionó entre 1910 y 1984
El histórico Ferrocarril Trasandino funcionó entre 1910 y 1984 y fue, durante décadas, una pieza clave para la integración entre Argentina y Chile.
La línea ferroviaria permitió unir Mendoza con Los Andes a través de la cordillera, facilitando el intercambio comercial y el transporte de pasajeros entre ambos países. Sin embargo, tras su cierre, la infraestructura quedó abandonada y el material rodante se deterioró con el paso del tiempo.
Aún hoy, los restos de las antiguas vías, estaciones y estructuras ferroviarias pueden observarse a un costado de la Ruta Nacional 7, como testimonio de una conexión que nunca volvió a reactivarse pese a los numerosos anuncios y proyectos impulsados por distintos gobiernos.
El nuevo corredor bioceánico busca recuperar ese histórico legado, aunque con una escala muy superior a la del antiguo tren y una visión orientada a la integración logística regional.













