
El aumento del nivel del mar es una de las amenazas más visibles del cambio climático para las ciudades costeras, pero un fenómeno menos perceptible podría agravar aún más los riesgos. Un estudio reciente identificó procesos de subsidencia, es decir, hundimiento progresivo del terreno, en Houston, Nueva Orleans y Tampa, tres áreas urbanas especialmente vulnerables a las inundaciones y al impacto de eventos climáticos extremos.
Subsidencia en ciudades costeras: qué detectaron los satélites
La investigación utilizó imágenes radar del satélite Sentinel-1A recopiladas entre 2019 y 2024 para medir los movimientos del suelo mediante la técnica de interferometría radar satelital (InSAR). Aunque la mayor parte de las superficies urbanas analizadas se mantiene relativamente estable, los científicos detectaron múltiples zonas de deformación que no habían sido identificadas anteriormente.

Las tasas de movimiento registradas variaron entre -42 y 10 milímetros por año en Houston, entre -48 y 19 milímetros por año en Nueva Orleans y entre -144 y 24 milímetros por año en Tampa. Este último caso mostró algunos de los cambios más significativos observados durante el relevamiento.
Las causas detrás del hundimiento del suelo
Los investigadores encontraron que las tasas de subsidencia son más elevadas en áreas con cobertura vegetal que en sectores altamente urbanizados. Para comprender las razones de estas deformaciones, aplicaron un modelo de regresión geográficamente ponderada que permitió analizar la influencia de distintos factores según cada región.
Los resultados indican que la extracción de agua subterránea y las actividades relacionadas con la industria de los hidrocarburos desempeñan un papel importante en los patrones de hundimiento observados. Sin embargo, el peso de cada uno de estos factores varía considerablemente entre las distintas ciudades y zonas estudiadas.

Cómo aumenta el riesgo de inundaciones por el cambio climático
Para proyectar escenarios futuros, los datos de subsidencia fueron combinados con el escenario climático SSP5-8.5, que contempla un importante aumento del nivel del mar durante las próximas décadas. El análisis reveló que el hundimiento del terreno amplifica de manera significativa las áreas potencialmente inundables.
Según las simulaciones, la subsidencia podría incrementar la superficie afectada por inundaciones hasta en un 86% en Houston, un 50% en Tampa y un 5% en Nueva Orleans en comparación con las estimaciones que consideran únicamente el ascenso del océano. Los especialistas sostienen que estos resultados demuestran la necesidad de incorporar el movimiento del terreno en los planes de adaptación climática y ordenamiento urbano.

Tampa y los sumideros: un desafío adicional para Florida
La evaluación, concluida en 2025 y financiada a través del programa estatal Resilient Florida, destaca que la topografía natural y la configuración costera de Tampa dificultan la eliminación total de los riesgos de inundación. Por eso, los expertos recomiendan continuar invirtiendo en infraestructura resiliente para reducir los daños asociados a tormentas, marejadas y otros eventos climáticos extremos.
A este escenario se suma un fenómeno geológico característico de Florida: los sumideros. Estas depresiones se forman cuando el agua subterránea disuelve lentamente rocas como la caliza o la dolomita y genera cavidades que pueden colapsar. Sin embargo, no todos los hundimientos reportados corresponden a verdaderos sumideros. Muchas veces pueden estar relacionados con la compactación de suelos, fallas en sistemas de drenaje, tuberías rotas, excavaciones mal rellenadas o la descomposición de materiales enterrados.

Por ese motivo, gran parte de los episodios registrados son catalogados como “incidentes de hundimiento” hasta que una evaluación geológica permite determinar su origen. El Servicio Geológico de Florida mantiene una base de datos pública sobre estos eventos, aunque advierte que la mayoría de los casos no ha sido verificada en el terreno.
Así, los autores del estudio concluyen que el futuro de las ciudades costeras dependerá no solo de la evolución del nivel del mar, sino también de la capacidad para monitorear y gestionar los cambios que ocurren bajo la superficie. Comprender cómo y por qué se hunde el terreno será clave para diseñar estrategias de resiliencia frente a los desafíos climáticos de las próximas décadas.


















