
Durante los últimos años, el açaí pasó de ser un alimento tradicional consumido por comunidades amazónicas a convertirse en un fenómeno global. Presente en bowls, batidos, helados y bebidas saludables, este fruto de color morado oscuro ganó popularidad gracias a sus propiedades nutricionales, su alto contenido de antioxidantes y su aporte energético.
Sin embargo, detrás de su éxito comercial comienza a emerger una preocupación ambiental cada vez más seria. Un estudio publicado recientemente en la revista científica Biological Conservation advierte que el crecimiento acelerado de los cultivos de açaí en la Amazonía brasileña está provocando una reducción significativa de la diversidad de aves en los bosques inundables de la región.

La investigación encontró que las áreas con mayor concentración de palmeras de açaí registran una caída de hasta el 28% en la cantidad de especies de aves presentes, un fenómeno que los especialistas consideran una señal de deterioro ecológico.
“Nuestro objetivo era comprender las consecuencias de la expansión del cultivo de açaí y sus diversas formas de manejo sobre las aves, con especial atención a las frugívoras, aquellas que se alimentan de frutas”, declaró a Mongabay Raphael de Vasconcelos Nunes, biólogo de la Universidad Federal de Pará y coautor del estudio.
Cómo el monocultivo transforma los bosques amazónicos
El problema no radica en la existencia del açaí, sino en la forma en que se está expandiendo su producción para abastecer mercados nacionales e internacionales.
La mayor parte del cultivo se concentra en el estado brasileño de Pará, responsable de alrededor del 95% de la producción nacional. Para incrementar los rendimientos, muchos productores eliminan otras especies vegetales nativas y favorecen el crecimiento casi exclusivo de las palmeras de açaí.

Los bosques de llanura aluvial, ubicados a orillas de los ríos amazónicos y sometidos a inundaciones periódicas, son especialmente vulnerables a estas prácticas. Estos ecosistemas se caracterizan por una enorme riqueza biológica, pero la simplificación de la vegetación altera el hábitat de numerosas especies animales.
“Se produce un efecto dominó. Disminuye la población animal, importantes dispersores de semillas y polinizadores, que contribuyen al mantenimiento y la regeneración de este bosque. Por otro lado, si no hay cobertura vegetal, el suelo se reseca”, explicó Nunes. “Estos efectos pueden parecer pequeños al principio, como la reducción del número de aves, pero se acumulan y causarán un gran problema a largo plazo”.
Más de 3.500 aves monitoreadas para medir el impacto
Para desarrollar el estudio, los investigadores analizaron 36 áreas forestales en distintos municipios de Pará, incluyendo Belém, Barcarena, Abaetetuba e Igarapé-Miri, conocida popularmente como la “capital mundial del açaí”.
A través de monitoreos acústicos realizados durante el amanecer y el atardecer, los científicos acumularon 127 horas de grabaciones y registraron los sonidos de casi 3.580 aves.

Los resultados mostraron una disminución no solo de las especies frugívoras, sino también de las insectívoras, que dependen de la vegetación baja del bosque para alimentarse. Según los autores, para facilitar la cosecha y el transporte del fruto, muchos productores eliminan el sotobosque, una capa fundamental para numerosas especies.
“Estos ecosistemas se encuentran en un proceso de desequilibrio. Nuestras estadísticas también demostraron esta reducción de aves insectívoras, estrechamente ligada a la cobertura forestal en los estratos inferiores del bosque, donde abundan arbustos y hierbas pequeñas”, afirmó Nunes.
Un ecosistema cada vez más uniforme
Los investigadores detectaron que algunas aves generalistas, capaces de adaptarse a ambientes modificados por la actividad humana, logran prosperar en estas zonas. Sin embargo, muchas especies especializadas desaparecen progresivamente.
Entre los casos observados figuran aves que dependen de determinadas plantas para alimentarse o que requieren árboles grandes para anidar. Algunas especies frugívoras de mayor tamaño incluso dejaron de registrarse en determinadas áreas estudiadas.

“Lo que existe es una homogeneización biótica, que en ecología significa un empobrecimiento de las comunidades de aves, ya que las plantas que crecen junto al açaí son muy simples y no pueden mantener la biodiversidad que encontramos en las áreas protegidas”, afirmó el autor principal del estudio, Madson Freitas, biólogo del Museo Emílio Goeldi de Belém.
Los expertos advierten que el problema va mucho más allá de la pérdida de alimento. Muchas aves ya no encuentran refugios adecuados para descansar, reproducirse o construir sus nidos.
“Los seres humanos no les dieron tiempo a estas especies para adaptarse”, afirmó Nunes. “Han existido durante milenios, pero los humanos llegaron y en poco más de 100 años lograron alterar las redes de interacciones ecológicas que un animal y una planta habían establecido a lo largo de todo este tiempo”.
El mercado internacional de açaí impulsa la expansión de una crisis
La presión sobre la Amazonía coincide con el crecimiento explosivo del mercado mundial del açaí. La producción brasileña se multiplicó por 14 desde 1987 y alcanzó 1,9 millones de toneladas métricas en 2024.

Además, durante 2025 las exportaciones de derivados del fruto desde Pará registraron un crecimiento cercano al 885%, impulsadas principalmente por la demanda de Estados Unidos, aunque también aumentaron los envíos hacia Australia, Japón y Europa.
Este auge económico genera preocupación entre científicos y organizaciones ambientales, que temen que un producto asociado a la sostenibilidad termine contribuyendo a la degradación de los ecosistemas amazónicos.
“El estudio presenta pruebas claras de que el alejamiento de las prácticas tradicionales de cultivo de açaí reduce la biodiversidad a nivel local y a mayor escala espacial”, afirmó Danielle Leal Ramos, directora de proyectos de soluciones basadas en la naturaleza en la Universidad de Exeter.
“Estos resultados implican riesgos económicos a corto y mediano plazo: la pérdida de oportunidades en el mercado verde emergente, el riesgo para la reputación del mercado del açaí y una reducción en la resiliencia de los sistemas de producción intensiva”.

Por su parte, un informe del proyecto Amazônia 2030 advirtió que la expansión descontrolada de plantaciones podría convertir a un símbolo de la bioeconomía amazónica en un ejemplo de degradación ambiental.
Frente a este escenario, los especialistas proponen fortalecer los controles ambientales, promover sistemas de producción más diversos e incentivar cultivos alternativos como cacao y andiroba, con el objetivo de preservar la biodiversidad sin afectar los ingresos de las comunidades locales.

















