
La experta británica Sarah Raven sorprendió con un consejo poco convencional para quienes buscan rosales llenos de flores: no hay que temerle a la poda. Según su experiencia, la clave está en “tratarlos mal para mantenerlos fuertes”, una filosofía que aplica en los famosos jardines de Sissinghurst y que apunta a estimular nuevos brotes y lograr una floración más generosa.
El paso a paso para podar rosales, según Sarah Raven
Para los rosales arbustivos, la especialista recomienda retirar algunos de los tallos más antiguos y recortar los restantes aproximadamente un tercio. El corte debe hacerse justo por encima de una yema orientada hacia afuera, lo que favorece una estructura más abierta y aireada.
En el caso de los rosales trepadores, Raven aconseja eliminar algunos tallos viejos desde la base y entrenar los tallos principales en forma horizontal. De esta manera, se estimula la aparición de brotes florales a lo largo de toda la planta, y no solo en la parte superior.

Además, sugiere retirar las flores marchitas en las variedades que vuelven a florecer, ya que esto incentiva la producción de nuevas flores durante la temporada.
Por qué “tratarlos mal” no significa descuidarlos
Lejos de implicar abandono, el consejo de Raven apunta a renovar y entrenar la planta para que crezca más fuerte y con más flores. La poda rigurosa, lejos de dañar al rosal, lo ayuda a desarrollar una estructura robusta y a florecer con mayor intensidad.
Así, la reconocida jardinera británica invita a perder el miedo a la tijera y a confiar en que un poco de “mano dura” es el secreto para disfrutar de rosales sanos y llenos de color en el jardín.





















