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En 1946 se introdujeron 20 castores en un país de Sudamérica: ahora hay más de 70.000 diques que inundan un bosque subantártico

El propósito de crear una industria peletera terminó convirtiéndose en un problema ambiental de enorme escala: la especie se expandió sin depredadores naturales y modificó cursos de agua, suelos y vegetación en Tierra del Fuego.

Los primeros 20 castores fueron introducidos en Tierra del Fuego en 1946 con el objetivo de desarrollar una industria peletera. Foto: Unsplash.
Los primeros 20 castores fueron introducidos en Tierra del Fuego en 1946 con el objetivo de desarrollar una industria peletera. Foto: Unsplash.
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Lo que comenzó como un proyecto económico terminó convirtiéndose en una de las principales invasiones biológicas de los ecosistemas australes. Los castores canadienses encontraron en Tierra del Fuego abundante alimento, agua y prácticamente ningún depredador natural, y se expandieron durante las décadas siguientes.

En la actualidad, un relevamiento identificó 70.682 diques en la porción argentina de la Isla Grande de Tierra del Fuego, con una longitud acumulada superior a los 2.300 kilómetros y una superficie de al menos 87 kilómetros cuadrados inundada.

Castor en el agua. Foto: Unsplash
Más de 70.000 diques fueron identificados en la porción argentina de la Isla Grande de Tierra del Fuego. Foto: Unsplash.

El fenómeno no se limita al territorio argentino. Un estudio publicado en PLOS ONE contabilizó 206.203 diques en todo el archipiélago de Tierra del Fuego, de los cuales 100.951 estaban en Argentina y 105.252 en Chile.

La industria peletera en 1946: por qué introdujeron 20 castores en Argentina

El castor canadiense (Castor canadensis) es un roedor originario de América del Norte. En 1946, Argentina introdujo apenas 20 ejemplares en Tierra del Fuego con el objetivo de establecer una población silvestre que pudiera ser aprovechada para desarrollar una industria peletera.

Los animales fueron liberados en las cercanías del lago Fagnano, en el centro de la isla. La iniciativa buscaba convertir la especie en un recurso económico para la región, pero la actividad peletera no prosperó como se esperaba.

El problema apareció con el paso del tiempo: los castores encontraron condiciones particularmente favorables para reproducirse y expandirse. A diferencia de su ambiente de origen, en Tierra del Fuego no estaban presentes sus principales depredadores naturales, como los osos y lobos de América del Norte.

Además, disponían de abundante agua y vegetación para alimentarse y construir sus refugios y diques. Según información oficial, aquella población inicial de 20 animales llegó a superar los 100.000 ejemplares en las décadas posteriores y terminó ocupando prácticamente toda la Isla Grande de Tierra del Fuego.

Castor a las orillas del rio. Foto: Unsplash
Las inundaciones provocadas por los diques alteran los bosques australes y afectan especies como la lenga. Foto: Unsplash.

La expansión tampoco quedó limitada al territorio argentino. Los castores atravesaron la frontera y colonizaron distintos sectores del territorio chileno, convirtiéndose en un problema ambiental de escala binacional.

Más de 70.000 diques que producen inundaciones en el bosque subantártico: de qué manera alteran la vegetación

La principal transformación provocada por los castores está relacionada con una de sus características más conocidas: la construcción de diques.

Los animales utilizan troncos, ramas y otros materiales vegetales para bloquear los cursos de agua. Al hacerlo, ralentizan el flujo de los arroyos y generan áreas inundadas que modifican las condiciones originales del bosque y de los ambientes ribereños.

Un relevamiento realizado en la porción argentina de la Isla Grande identificó 70.682 diques, cuya longitud acumulada supera los 2.300 kilómetros. Las estructuras detectadas generan una superficie inundada de, al menos, 87 kilómetros cuadrados.

El impacto se vuelve especialmente significativo porque los bosques australes evolucionaron sin la presencia histórica del castor. Las inundaciones provocadas por sus diques pueden matar árboles, modificar la vegetación de las márgenes y transformar sectores de bosque en ambientes húmedos abiertos.

Entre las especies afectadas se encuentran árboles característicos de Tierra del Fuego, como la lenga (Nothofagus pumilio), el guindo y el ñire. El Gobierno argentino señala que el castor afecta los bosques australes y modifica ambientes que tienen una distribución geográfica muy restringida.

Árboles de un bosque nativo chileno afectado por castores. Foto: EFE
La ausencia de depredadores naturales y la abundancia de alimento favorecieron la expansión de los castores por Tierra del Fuego. Foto: EFE.

La dimensión del fenómeno también puede observarse en el estudio satelital realizado sobre todo el archipiélago. Los investigadores identificaron 206.203 diques entre Argentina y Chile y determinaron que los bosques mixtos siempreverdes y los bosques caducifolios concentraban la mayor cantidad de estructuras.

En la Isla Grande de Tierra del Fuego se encontraba el 73,6% del total de los diques detectados en el estudio, mientras que los bosques mixtos siempreverdes reunían más de 103.000 estructuras y los bosques caducifolios más de 55.000.

El efecto, por lo tanto, no consiste simplemente en la presencia de un animal nuevo. Los castores actúan como “ingenieros de ecosistemas”: construyen estructuras capaces de modificar físicamente el ambiente y, como consecuencia, alterar las condiciones en las que viven otras especies.

El impacto hídrico y forestal de los castores en el ecosistema austral

Los diques modifican la dinámica natural de los cursos de agua. Al frenar el escurrimiento, generan nuevos cuerpos de agua y zonas anegadas, acumulan sedimentos y alteran las condiciones del suelo.

El cambio en el régimen hídrico también repercute sobre la vegetación. Los árboles que quedan dentro de las zonas inundadas pueden morir, mientras que las condiciones ambientales posteriores favorecen el establecimiento de comunidades vegetales diferentes a las que existían antes de la intervención del castor.

Investigaciones del CONICET describen al castor como una especie capaz de transformar notablemente la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas fueguinos, particularmente mediante la inundación de ambientes próximos a los cursos de agua.

Castor. Foto Unsplash.
Argentina y Chile trabajan en estrategias de control y restauración para reducir el impacto de esta especie exótica invasora. Foto Unsplash.

La escala territorial permite dimensionar el fenómeno. En determinados sectores del sur de la isla, el 84% del territorio se encuentra a menos de un kilómetro de un dique, según el relevamiento de la distribución de estas estructuras en la parte argentina de Tierra del Fuego.

A nivel del archipiélago completo, los investigadores encontraron que la presencia de los castores estaba asociada especialmente con ambientes de mayor productividad y con determinadas condiciones climáticas, topográficas y de proximidad a los cursos de agua.

El resultado es una transformación que puede persistir incluso después de que los animales abandonan una zona: los bosques que fueron inundados pueden quedar reemplazados por áreas abiertas y húmedas, y la recuperación de la vegetación original puede ser lenta.

Por este motivo, el desafío no consiste solamente en reducir la cantidad de castores. También implica restaurar los ambientes que fueron modificados por décadas de construcción de diques.

Argentina y Chile desarrollaron estrategias de manejo para enfrentar la expansión de esta especie exótica invasora y avanzar en el control de sus poblaciones y la recuperación de los ecosistemas afectados.

Así, una decisión tomada en 1946, cuando apenas 20 castores fueron llevados a Tierra del Fuego con un objetivo económico, terminó desencadenando una transformación ambiental que continúa casi ocho décadas después. El pequeño grupo inicial se convirtió en una población extendida por buena parte del archipiélago, y sus diques pasaron a formar parte de uno de los cambios más visibles provocados por una especie introducida en los bosques australes.

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