
2009. Northwich, al noroeste de Inglaterra. Facebook tenía un incipiente crecimiento entre los adolescentes. Después del apogeo de los blogs como Myspace y Fotolog, esta plataforma proponía algo distinto: crear comunidad. Así, la red social se convirtió en un espacio virtual para compartir distintas experiencias con amigos, familiares y compañeros de escuela . En ese momento, Matthew Hardy tenía 17 años y asistía a la escuela secundaria dentro del condado de Cheshire.
En el día a día, el joven se caracterizaba por ser una persona solitaria. De acuerdo a una investigación del periódico británico The Guardian, Hardy era visto como un “ser extraño”. Sus excompañeros recordaron que estaba “aislado”, que no conversaba prácticamente con nadie y que hasta incluso llegó a sufrir acoso escolar por su personalidad. Ahí es justamente donde Facebook ingresa en la vida tanto de Hardy como de sus compañeros.

El adolescente empezó a agregar a sus conocidos de la escuela a la red social. Pero lo que parecía un acto inofensivo comenzó a preocupar, sobre todo, a las estudiantes mujeres. Es que el joven no agregaba a sus compañeros para tener una simple conversación sino que enviaba continuamente mensajes que involucraban detalles de la vida privada de las personas y que, además, resultaban ser una completa mentira. Una de sus compañeras, Melanie, le dijo a la periodista inglesa Sirin Kale que Hardy le había enviado cientos de mensajes diciendo que su novio la engañaba y que no fue la única.
Hardy le habría enviado insistentes mensajes a más de 25 alumnas. El hostigamiento no quedó ahí. Un año después, Hardy se metió con la madre fallecida de Melanie e incluso llegó a decir que el padre de la joven le había sido infiel a la mujer. “Eran completas mentiras y no paraba”, expresó la joven. A otra compañera llegó a llamarla 50 veces al día. Y si bien se unieron para denunciarlo, la policía de Cheshire solo “les recomendó que borraran su cuenta de Facebook” o que bloquearan el usuario, pero no tomaron ningún tipo de medida contra el acosador.
Suplantación de identidad, el aterrador modus operandi de Matthew Hardy para hostigar a sus víctimas
Un tiempo después, Hardy cambió a una táctica más agresiva y aterradora para hostigar a sus víctimas. No solo las acosaba con mensajes fabuladores a sus cuentas personales, sino que, ahora, se hacía pasar por ellas mismas.
El joven que, en ese momento ya tenía 20 años, suplantaba la identidad de sus víctimas y enviaba mensajes acosadores a otras personas. Una de las chicas que sufrió este accionar por parte de Hardy fue Samantha, también compañera de escuela del acosador.

La mujer acudió nuevamente a la Policía del condado y con los chats como evidencia, los efectivos lograron detener a Matthew Hardy y condenarlo a una pena de prisión en suspenso y 250 horas de trabajo comunitario a finales del 2011.
El acoso cibernético siguió escalando
Pese a que ante las autoridades el hombre admitió que había hackeado las cuentas de sus víctimas para hacerse pasar por ellas y amenazar a terceras personas, el acoso cibernético no cesó y, de hecho, siguió escalando. Entre 2013 y 2014, Hardy incumplió las órdenes de alejamiento con sus víctimas y siguió acosando a varias de sus excompañeras sin que las autoridades policiales tuvieran prácticamente intervención en los hechos.
Hacia 2018 y 2019, Hardy modificó el tipo de víctimas que elegía. Durante esos años, empezó a acosar a mujeres con gran presencia en redes sociales como influencers, modelos y bailarinas que no tenían ningún vínculo con él.
El primer contacto con estas jóvenes lo hacía a través de un perfil falso e iniciaba una conversación con un extraño mensaje: “¿puedes guardarme un secreto?”. A partir de ese momento, la conversación se tornaba siniestra. En el caso de Abby Furness, una bailarina de 22 años, Matthew Hardy logró que su novio la dejara. A través de mensajes hostigadores a su pareja, el acosador le afirmó que la joven lo engañaba, algo que quebró la relación por completo.

Por otro lado, Lia Marie Hambly, una joven exasistente legal que residía en Kent, comenzó a advertir que una persona se hacía pasar por ellas en redes sociales y que enviaba mensajes a sus conocidos insultándolos o acosándolos. Esa persona también le hablaba a ella para decirle que “la odiaba”. “Esto lo hizo cientos de veces, era día y noche e incluso me decía que estaba en la ciudad vigilándome”, expresó.
La sentencia
Luego de más de 11 años acosando y hostigando a, al menos, 63 personas, la policía de Cheshire detuvo a Matthew Hardy en gran parte gracias a la recopilación de mensajes y evidencia que realizó una de sus últimas víctimas, Lia Hambly.
Así, en 2021, el Tribunal de la Corona de Chester condenó a nueve años de prisión a Hardy por los delitos de “acoso con amenazas de violencia y hostigamiento”, luego de haberse declarado culpable. Se trata de la pena más alta que se la ha dado a alguien acusado de acoso sistemático en el Reino Unido.
Acoso cibernético en números
Según un informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU), denominado Violencia digital contra las mujeres y las niñas, un 38% de mujeres del mundo han sufrido algún tipo de acoso en redes sociales y en Internet. En tanto, el 85% son testigos de ataques o agresiones en línea. Las formas más comunes de violencia digital hacia las mujeres son:
- Difamación (67%)
- Acoso (66%)
- Discurso de odio (65%)
¿Qué pasa en la Argentina?
De acuerdo al análisis “La Violencia digital necesita Justicia” del Fondo de Población de las Naciones Unidad en Argentina, realizado a finales del 2024, 1 de cada 3 mujeres en nuestro país sufre de violencia de género digital (VGD).
Entre algunos de los datos más relevantes se encuentran que el 59% recibió alguna vez mensajes sexuales o misóginos a través de redes sociales; el 70% modificó el uso de las plataformas luego de los hechos de acoso y el 36% dejó de publicar. En tanto, las plataformas con más agresiones registradas son X (56,6%) e Instagram (54,3%).


















