
Ted Bundy, John Wayne Gacy, Jeffrey Dahmer, Gary Ridgway, Aileen Wuornos y así la lista de asesinos seriales de Estados Unidos podría continuar. Pese a que cada uno utilizó estrategias y modus operandis muy distintos, hay un punto en común que los une: sus crímenes fueron cometidos entre 1970 y 1999 y, según una serie de investigaciones, este particular dato podría llegar a tener una explicación científica.
El fenómeno estadístico: por qué más del 80% de los asesinos en serie operó entre 1970 y 1999
En el período 1970-1999 el 80% de los asesinos seriales conocidos hasta el momento cometió sus homicidios, una estadística de crímenes lo suficientemente significativa como para pasar por alto, de acuerdo al historiador Peter Vronsky.
Y de ahí su hipótesis. Antes de 1970 tuvieron lugar numerosas guerras, por tanto, gran parte de hombres estadounidenses fueron llamados a participar como soldados en ellas y luego, al volver, se convirtieron en padres. Algunos de esos niños, se transformaron en asesinos seriales años después. Al menos eso es que lo indicó Vronsky, que escribió American Serial Killers: The Epidemic Years, según The New York Times.
De acuerdo a su investigación criminal, el crecimiento de estos niños en un ambiente cargado de violencia con padres que seguramente mostraron en algún momento síntomas del Trastorno de Estrés Postraumático (TEP), algo de lo que no se hablaba prácticamente en este tiempo, pudo desembocar en rasgos psicopáticos tiempo más tarde.

Por otro lado, un estudio de la escritora Caroline Fraser dio una posible explicación acerca de por qué podría haber habido una gran proliferación de asesinos en serie en Estados Unidos. Y la razón se vincula con la presencia de plomo en el aire por esos años. De hecho, remarcó que entre el 20% y 50% de los criminales que operaron en esas décadas son productos de los efectos del plomo. Ted Bundy, oriundo de Seattle, por ejemplo, residió muy cerca de una fábrica que emitía cenizas de plomo, según remarcó la autora para explicar su teoría.
Factores sociales y urbanos que favorecieron la impunidad de los asesinos seriales en los 70
En Murderland: Crime and Bloodlust in the Time of Serial Killers, Fraser precisó que la exposición de ese elemento químico en niños muy pequeños podría haber favorecido a un daño cerebral severo. Hubo otras investigaciones científicas que, de alguna manera, validaron la hipótesis de Fraser. Por ejemplo, algunos estudios indicaron que la exposición al plomo pudo haber facilitado un inminente daño en la corteza frontal en algunas personas, sobre todo en hombres.
La falta de coordinación policial y el “cegamiento jurisdiccional” en Estados Unidos durante los 70 y los 80
Más allá de las cuestiones científicas, otro elemento que atribuye la gran presencia de asesinos seriales en el período 1970-1999 es la inoperancia o la falta de recursos técnicos por parte de la Policía estadounidense. Por ese entonces, no estaban bien establecidos los procedimientos de análisis de ADN para detectar más fácilmente los pasos de los asesinos.

De hecho, el conocido homicida serial “El Zodíaco”, que operó a finales de los años 60, hasta el día de hoy su identidad es un completo misterio. El criminal cometió sus asesinatos en San Francisco y jugó como quiso con los policías de la Oficina Federal de Investigación (FBI) y con la prensa mediante el envío de cartas crípticas.
Además, hay que decir que tampoco estaba establecido el término “asesino serial o asesino en serie”. Popularmente se empezó a utilizar en la década del 80 gracias a un agente llamado Robert Ressler.
El rol del autostop y la gran movilidad en las autopistas estadounidenses durante el siglo XX
El hecho de que Estados Unidos fuera un país de tal extensión y con una gran cantidad de rutas y autopistas, facilitó la movilidad de los asesinos seriales. De hecho, Aileen Wuornos, la mujer que mató a siete hombres en 1989 y 1990, captaba a sus víctimas en las carretas de diversas ciudades.
En este sentido, el rol del autostop era clave también para evadir a las autoridades. En muchos casos, se cambiaban la identidad y se trasladaban de distrito en distrito burlando de manera efectiva los controles policiales subiéndose a coches ajenos.
La llegada de la prueba de ADN y su impacto definitivo en la resolución de homicidios
Los asesinos dejaban huellas. Eso es un hecho. No todos premeditaban el crimen perfecto ni mucho menos. Pero en los períodos mencionados no estaban dadas las condiciones para realizar los peritajes correspondientes para tener data genética de los homicidios. No obstante, hacia los años 80, la cosa empezó a cambiar. Los análisis de ADN se comenzaron a implementar como parte de la tecnología forense dando así resultados efectivos a corto plazo.

Avances en perfilación criminal: cómo las unidades del FBI comenzaron a rastrear patrones complejos
Por otro lado, los análisis de ADN le permitieron a los agentes crear bases de datos de criminales y eso, con el tiempo, hizo que las distintas centrales de Policía tuvieran mejor información y pudieran compartirla, en caso de encontrarse con un asesino que cometiera sus homicidios en distintas ciudades.
Pero, más allá del aspecto policial, otra cuestión que influyó en la baja de asesinos seriales a partir de los años 90 está vinculada con la mejora del sistema de salud público. Más personas, ahora, tenían acceso a programas de salud mental, de adicciones y una asistencia prenatal también muy presente en maternidades.
De hecho, en la actualidad, de acuerdo al FBI, se han registrado menos del 1% de asesinatos en serie en el país norteamericano teniendo en cuenta los datos de homicidios anuales.
Redes de vigilancia y tecnología digital: los factores que redujeron la actividad de los asesinos en serie tras 1999
Asimismo, con el desarrollo de más tecnología y la implementación de cámaras de seguridad en rutas y en diferentes comercios, los asesinos seriales encontraron un grave contratiempo para seguir escapando de la Policía.
Con estos elementos fue mucho más fácil identificarlos. Antes, los agentes dependían de los testimonios de testigos acerca de cómo se veía el asesino para así crear un identikit. Pero, a partir de los años 90, ya se contaban con imágenes fehacientes del recorrido de los asesinos.




















