La callecita oculta a 200 metros del Obelisco: con solo dos cuadras, tuvo tres nombres distintos
Durante décadas, este rincón del centro porteño arrastró una mala reputación: fue escenario de peleas, delitos y conflictos que le valieron el apodo de “la calle de las puñaladas”. Con el tiempo, aquel pasaje dejó atrás su pasado violento para convertirse en un testigo silencioso de la historia de la Ciudad.

La Ciudad de Buenos Aires tiene un encanto particular que deslumbra tanto de día como de noche. Entre sus rincones más singulares se esconde una calle corta, llena de historia, ubicada a apenas 200 metros del Obelisco. Actualmente, la numeración de este pasaje va del 200 al 350.
La calle oculta a metros del Obelisco
Carabelas es una calle corta, de apenas dos cuadras, que en sus orígenes permitía el tránsito vehicular en sentido norte–sur y que desde 2008 funciona exclusivamente como peatonal.
El recorrido comienza con un primer tramo breve entre la Diagonal Norte Roque Sáenz Peña y la calle Sarmiento, seguido por una cuadra de extensión convencional que se prolonga desde Sarmiento hasta la calle Teniente General Juan Domingo Perón. Esta última corre por detrás del Edificio del Plata, cuyo ingreso principal se ubica sobre la calle Carlos Pellegrini, colectora de la Avenida 9 de Julio.
La historia de la calle Carabelas
Según relata el historiador Daniel Balmaceda en un artículo publicado en La Nación, hacia fines del siglo XVIII un grupo de vecinos compró la media manzana delimitada por las actuales calles Carlos Pellegrini, Sarmiento, Carabelas y Perón con la intención de instalar allí una especie de centro para carretas dedicadas al transporte de mercadería. Con el tiempo, el sitio derivó en un mercado informal que rápidamente ganó fama de conflictivo y peligroso.
Aunque más adelante esa actividad comercial se trasladó hacia el norte de la ciudad, el terreno quedó como un baldío temido por los vecinos. Balmaceda señala que lo que hoy es el pasaje Carabelas llegó a ser conocido como la “calle de las puñaladas”, reflejo del clima de violencia que se vivía en la zona.
Esta situación se mantuvo hasta 1855, cuando un grupo de residentes, liderado por Esteban Adrogué, solicitó autorización para levantar allí un mercado modelo con el objetivo de recuperar el espacio y desplazar a la delincuencia.
Un año después, en 1856, abrió sus puertas el Mercado del Plata. De acuerdo con el historiador, ese proyecto logró transformar un foco de marginalidad en un ámbito de trabajo.

El frente del edificio se ubicó sobre la entonces calle Artes (actual Carlos Pellegrini), mientras que la callejuela conocida como cortada de Artes —hoy Carabelas— funcionaba como la parte trasera del mercado. Ese sector no tenía buen aspecto: acumulaba residuos, despedía malos olores y contrastaba con la fachada más cuidada del edificio principal.
En aquella época, la actual calle Carabelas era identificada como Artes Segunda, Artes Cortada o, de manera más habitual, Cortada de Artes. El término “cortada” se debía a que solo ingresaban por allí los transportes vinculados a la carga y descarga del mercado.
El nombre Carabelas fue establecido oficialmente por una ordenanza municipal del 27 de noviembre de 1893, en homenaje a las tres naves comandadas por Cristóbal Colón que llegaron por primera vez a América.
Durante el día, era un espacio dominado por trabajadores y comerciantes; por la noche, se convertía en punto de encuentro de bohemios, artistas, escritores, periodistas e incluso algunos políticos.
El Mercado del Plata y la transformación del pasaje
El Mercado del Plata dejó de funcionar en 1947, cuando la Municipalidad de Buenos Aires decidió reemplazarlo por un edificio de oficinas que, en principio, iba a mantener un mercado en la planta baja. Esa decisión marcó el inicio del declive de la calle Carabelas, ya que desaparecieron tanto la actividad comercial diurna como la vida social nocturna.

El viejo edificio fue demolido en 1950, pero la obra nueva quedó inconclusa durante varios años y recién se inauguró en 1961. El proyecto, de estilo moderno o internacional, fue diseñado por los arquitectos Oscar Crivelli y Jorge Heinzmann. Finalmente, la planta baja no se destinó a un mercado, sino que pasó a ser ocupada por el Banco Ciudad de Buenos Aires.
Con el tiempo, Carabelas se consolidó como una calle más del microcentro porteño, con edificios residenciales, oficinas y locales comerciales. En 2008, el pasaje fue peatonalizado y, en 2011, se le sumó oficialmente el nombre Paseo Enrique Cadícamo, en homenaje al reconocido poeta y letrista de tangos, por una ley sancionada por la Legislatura porteña.
Tras la venta del Edificio del Plata al Banco Hipotecario en 2016, las dependencias públicas que funcionaban allí fueron trasladadas. Para comerciantes y vecinos, esto implicó una fuerte caída en el movimiento diario y en la cantidad de clientes, situación que se agravó con denuncias por hechos de inseguridad y ocupación indebida del espacio público.


















