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Está en Saavedra, tiene un horno de 1931 y fue elegida como una de las mejores panaderías del mundo

En una tradicional esquina de Saavedra funciona Artiaga, una panadería familiar que combina recetas históricas, innovación y casi un siglo de identidad porteña. Su reconocimiento internacional volvió a colocarla en el centro de la escena gastronómica.

La panadería argentina elegida entre las mejores del mundo: tiene casi 100 años
La panadería argentina elegida entre las mejores del mundo: tiene casi 100 años Foto: Instagram @panaderiaartiaga
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El aroma a pan recién horneado forma parte del paisaje cotidiano de Saavedra. Sin embargo, detrás de las vidrieras repletas de facturas, masas, tortas y sándwiches de miga existe una historia que logró trascender las fronteras de la Argentina.

La protagonista es Artiaga, una tradicional panadería porteña que recibió el reconocimiento “Heritage Craft Bakery of the Year 2026 – Argentina”, otorgado por la revista británica LUXlife en sus Bake and Brew Awards.

La distinción valoró su trayectoria, el trabajo artesanal y la capacidad de mantener vivo un oficio transmitido entre distintas generaciones. Pero el verdadero secreto de Artiaga no se encuentra solamente en sus recetas: también está en un antiguo horno que continúa siendo el corazón del establecimiento.

Artiaga, la panadería de Saavedra que conquistó al público

La historia de esta casa se desarrolla principalmente en sus locales de avenida Ricardo Balbín 4181 y Zapiola 4782, dos direcciones conocidas por los vecinos del barrio.

Durante décadas, sus mostradores recibieron a familias que llegaban en busca de pan, palmeritas, medialunas, masas finas y otras preparaciones tradicionales. Con el tiempo, la fama de sus productos comenzó a atraer a clientes de otros barrios porteños y de diferentes localidades del conurbano bonaerense.

Panettone de Artiaga. Foto: Instagram @panaderiaartiaga

Actualmente, la tercera generación familiar participa del proyecto. El desafío consiste en incorporar nuevas técnicas y sabores sin perder la esencia que convirtió al comercio en un clásico de Saavedra.

Esa combinación entre memoria e innovación es uno de los principales rasgos de Artiaga. Sus responsables buscaron modernizar la producción y crecer en competencias gastronómicas, aunque conservaron procedimientos, recetas y enseñanzas heredadas.

De Galicia a Buenos Aires: una historia de trabajo y sacrificio

Los orígenes familiares están relacionados con Antonio Rodríguez, un inmigrante gallego que llegó muy joven a la Argentina. Antes de consolidarse en el oficio, trabajó como mozo y pasó por diferentes establecimientos gastronómicos de Buenos Aires.

Junto con su esposa, Alba, comenzó a construir el sueño de tener una panadería propia. Sus primeros pasos estuvieron vinculados con el barrio de La Boca, donde elaboraban panes, medialunas, vigilantes, bizcochitos y cañoncitos.

Uno de los productos más solicitados eran las galletas marineras, muy populares en una zona atravesada por la actividad portuaria. La historia familiar también señala que repartían pan hacia la isla Martín García.

El intercambio con inmigrantes italianos tuvo un papel importante. A través de esos encuentros, Alba conoció preparaciones como el pan dulce y el panettone, que luego se incorporarían al universo gastronómico de la familia.

El horno de 1931 que se transformó en un símbolo

A comienzos de la década de 1980, la familia adquirió la histórica panadería Artiaga de Saavedra. El establecimiento funcionaba desde 1931 y conservaba elementos de una Buenos Aires muy diferente a la actual.

Entre ellos sobresalía un gran horno, convertido con el paso del tiempo en uno de los símbolos del negocio. Su importancia no es solamente productiva: representa la continuidad entre los antiguos panaderos del barrio y quienes hoy mantienen vivo el oficio.

Alrededor de su calor crecieron hijos y nietos. Muchos integrantes de la familia pasaron su infancia entre canastos, bandejas y madrugadas de trabajo antes de asumir responsabilidades dentro de la empresa.

El establecimiento también conserva la memoria de una época en la que las panaderías eran mucho más que comercios. Funcionaban como lugares de encuentro, trabajo comunitario y transmisión cultural.

La curiosa factura que nació de una equivocación

Una de las especialidades más llamativas de Artiaga es la “paracaidista”, una factura que habría nacido accidentalmente.

Panadería Artiaga
Entre las especialidades más curiosas de Artiaga aparece la“paracaidista” Foto: Instagram @panaderiaartiaga

Según la historia transmitida por la familia, un maestro panadero que había sido paracaidista cortó de manera incorrecta una masa destinada a medialunas. En lugar de descartarla, decidió rellenarla con dulce de leche, cerrarla y agregarle crema pastelera.

La preparación tuvo una gran aceptación y terminó incorporándose a la oferta habitual. Su nombre quedó como homenaje al antiguo oficio de su creador y como demostración de que un error puede convertirse en una tradición.

Del mostrador de Saavedra a las competencias internacionales

La evolución de Artiaga también quedó reflejada en diferentes certámenes gastronómicos. En 2025, un equipo argentino vinculado con la panadería obtuvo el subcampeonato en el Campeonato Mundial de Panettone, realizado en Italia.

Entre sus creaciones se destacó el Panettone Buenos Aires, elaborado con nuez pecán, café molido y chocolate con notas de caramelo y dulce de leche. La receta buscó combinar la tradición italiana con sabores asociados a la identidad argentina.

En 2026, Cristian “Chile” Santibáñez Villalobos, integrante del equipo de Artiaga, también obtuvo reconocimientos en el Campeonato Argentino de Pan Dulce realizado en La Rural.

Estos logros reforzaron la visibilidad de una panadería que comenzó como un proyecto familiar y terminó llevando el nombre de Saavedra a importantes competencias.

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