
En el corazón del norte santafesino, entre el monte y el río Paraná, el paisaje de la provincia resguarda un circuito tan singular como imprescindible: la Ruta de los Pueblos Forestales.
A menos de 100 kilómetros de Reconquista, con sus callecitas arboladas, casas de estilo inglés y una paz imperturbable, Villa Guillermina y Villa Ana son testimonios vivos de un enclave industrial británico que dejó su huella de muerte, dolor y devastación del bosque de Quebrachos.
Ambas localidades fueron fundadas a comienzos del siglo XX bajo el dominio de La Forestal, la compañía de capitales británicos que monopolizó la explotación del quebracho colorado para la extracción de tanino, una sustancia esencial para el curtido de cueros.



La empresa se instaló en un vasto territorio del norte de Santa Fe y sur del Chaco a partir de un acuerdo con el gobierno santafesino, que pagó con territorios propios y ajenos una deuda con prestamistas ingleses.
Durante más de 60 años, la empresa se comportó como un Estado dentro del Estado, construyendo escuelas, hospitales, vías férreas, y urbanizaciones bajo sus propias leyes y hasta su propia moneda.
Al retirarse, en 1960, dejó un bosque arrasado, fábricas cerradas y pueblos fantasma. Hoy, tras décadas de abandono, los antiguos pueblos forestales resurgen con una atractiva propuesta de ecoturismo, cultura y memoria.
Villa Ana: ruinas monumentales en la cuna del tanino
Fundada en 1910 alrededor de la fábrica de La Forestal, Villa Ana fue el epicentro de la producción regional de tanino. Entre sus principales atractivos se destacan las ruinas de la imponente fábrica y sus viejas instalaciones, convertidas en espacios para muestras de arte, conciertos y teatro.



Sus muros de ladrillos a la vista, sus chimeneas que se erigen hacia el cielo y las antiguas estructuras ferroviarias ofrecen un escenario impactante.
“Acá llegaron a trabajar unas 15.000 personas, entre operarios, proveedores y hacheros. Las condiciones eran deplorables, y la compañía pagaba a los empleados con vales, para comprar en sus propios almacenes”, cuenta Raúl Cremona, médico sanitarista, poeta e historiador de Villa Ana. “Entre 1919 y 1923 se produjeron las grandes huelgas que culminaron con la masacre de más de 600 trabajadores”, recuerda.
La historia de La Forestal fue reflejada en una película (Quebracho, de Ricardo Wullicher, 1974), y en la obra de teatro musical homónima, interpretada por Enrique Llopis.
Villa Guillermina: arquitectura inglesa y paisaje litoraleño
A 45 kilómetros de Villa Ana, Villa Guillermina parece un pueblo anglosajón, enclavado en el litoral santafesino. Recorrer sus calles invita a sumergirse en una atmósfera donde el pasado industrial dialoga con la tranquilidad rural.



Su trazado urbano conserva la marcada estratificación de la época inglesa: desde los chalets con techo a dos aguas destinados a los directivos, hasta las viviendas más sencillas de los antiguos operarios y los almacenes de ramos generales.
El circuito urbano abarca el antiguo hospital, el club social, las escuelas, la plaza principal y el museo histórico, ubicado en uno de los galpones de La Forestal. Allí se exhiben herramientas de trabajo, muebles de época, mapas, fotografías y documentos como contratos de trabajo y pagarés a nombre de la empresa.
El pueblo es también cuna de cantantes y músicos litoraleños, que son homenajeados en el “Paseo del Chamamé”. A lo largo de cuatro cuadras, se suceden murales, esculturas, placas, una guitarra y un acordeón gigantes, que evocan el clásico chamamé “A Villa Guillermina”.
Naturaleza y legado histórico
A escasos diez kilómetros, atravesando un camino rodeado de palmeras Caranday se llega a Yugo Quebrado, una reserva natural donde es posible realizar avistaje de aves y caminatas entre vegetación autóctona.
Se trata de un predio de más de 20 hectáreas donde “La Forestal construyó una represa, dragando el pantanal con bueyes”, cuenta Mariana Cortés, guía de turismo y gestora cultural.
Cien años más tarde, el lago artificial resultante se convirtió en refugio de cientos de especies autóctonas como yacarés, guazunchos (ciervos), aguará guazús, monos carayá, aves como el churrinche, cardenales, patos curutí e increíble variedad de peces, insectos y mariposas.
A pesar de su cruenta historia, la belleza de los pueblos forestales muestra una vez más que la naturaleza y la vida son resilientes.
“Van muriendo los obrajes, del Norte Santafesino… el tronco hachado rebrota, y algún día florecerá”, recita Cremona sobre las ruinas de la mítica fábrica de tanino. El tiempo parece dar la razón a este vaticinio.
Cómo llegar a los pueblos forestales de Santa Fe y dónde alojarse
Para emprender este recorrido por la memoria y la naturaleza del norte santafesino, la principal vía de acceso terrestre es la Ruta Nacional 11. Las localidades de Reconquista y Avellaneda —ubicadas a menos de 100 kilómetros del circuito— funcionan como punto de partida. Desde allí, se accede hacia Villa Ana tomando la Ruta Provincial 32, mientras que a Villa Guillermina se llega recorriendo unos 45 kilómetros más hacia el norte por la misma red vial provincial.
En cuanto al hospedaje, Reconquista ofrece una variada oferta que va desde hoteles ejecutivos y de categoría hasta departamentos temporarios. Por su parte, en Villa Guillermina y Villa Ana es posible alojarse en posadas familiares, hospedajes rurales y casas de campo, ideales para vivenciar la hospitalidad, gastronomía y la tranquilidad litoraleña.



















