
Entre los caminos rurales de la provincia de Buenos Aires existe un lugar que parece detenido en otra época. Se trata de Adela, un pequeño paraje perteneciente al partido de Chascomús que sorprende por tener apenas 19 habitantes estables, dos lagunas y una estación ferroviaria con más de 150 años de historia.
Ubicado a unos 130 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, este rincón bonaerense se encuentra muy cerca de la Autovía 2, una de las rutas más transitadas por quienes viajan hacia la Costa Atlántica. Sin embargo, son pocos los automovilistas que abandonan el asfalto para conocer sus calles de tierra, sus construcciones antiguas y su particular pasado.
Adela, el pueblo bonaerense que nació alrededor del ferrocarril
La historia del paraje comenzó durante la gran expansión ferroviaria argentina del siglo XIX. Adela debe su nombre a Adela Dodds, hija de Diego Dodds, propietario de la antigua Estancia Adela.
Según los registros históricos, fue el propio Dodds quien donó parte de sus tierras para construir una estación ferroviaria. A partir de ese gesto comenzó a formarse un pequeño núcleo rural alrededor de las vías.

La estación Adela fue inaugurada el 10 de noviembre de 1874, cuando el Ferrocarril del Sud extendió su recorrido desde Chascomús hacia Dolores. Aquella línea, administrada originalmente por una compañía británica, resultó fundamental para conectar los pueblos del interior bonaerense con la Ciudad de Buenos Aires.
En esos años, el ferrocarril no solamente transportaba pasajeros. También permitía trasladar ganado, lana, cereales y otros productos agropecuarios, impulsando la economía de los campos cercanos.
Como ocurrió en muchas localidades de la provincia, la vida del pueblo comenzó a organizarse alrededor de la estación. Los horarios del tren marcaban la rutina cotidiana, mientras que pequeños comercios, viviendas y establecimientos rurales aparecían cerca de las vías.
Una estación con más de 150 años donde los trenes ya no paran
La antigua estación sigue siendo el principal símbolo de Adela. Se encuentra en el kilómetro ferroviario 129,2, tomando como punto de partida la estación Plaza Constitución.
El edificio todavía conserva parte de su arquitectura original, el andén y el tradicional cartel con el nombre de la localidad. También permanecen algunos elementos vinculados con el antiguo funcionamiento ferroviario, como palancas de cambios, señales y dispositivos utilizados para controlar la circulación de los trenes.

Actualmente, las formaciones que unen Buenos Aires con Mar del Plata atraviesan el paraje, pero no se detienen en la estación Adela. El paso del tren, entonces, funciona como un recordatorio de la época en la que las vías representaban la principal conexión entre los pueblos y las grandes ciudades.
Esa combinación de movimiento y silencio ofrece una de las postales más llamativas del lugar: el tren cruza a toda velocidad frente a una estación que alguna vez fue el centro de la vida local.
Las dos lagunas que rodean al pequeño paraje
Además de su patrimonio ferroviario, Adela se encuentra rodeada por dos importantes espejos de agua: la laguna Adela, también conocida como Manantiales, y la laguna del Burro.
Ambas forman parte del Sistema de Lagunas Encadenadas de Chascomús, un conjunto de cuerpos de agua comunicados entre sí que integra la cuenca del río Salado.

La laguna Adela posee una superficie aproximada de 2.085 hectáreas y se caracteriza por su vegetación de juncos y totoras. Sus costas son frecuentadas por quienes buscan realizar pesca deportiva, observar aves o simplemente descansar lejos del ruido urbano.
Muy cerca se encuentra la laguna del Burro, con más de 1.000 hectáreas. A diferencia de la primera, cuenta con una mayor infraestructura recreativa, que incluye campings, clubes de pesca, proveedurías y sectores destinados a diferentes actividades náuticas.
Un pueblo de 19 habitantes que conserva su identidad rural
Adela mantiene el aspecto de aquellos antiguos pueblos nacidos junto al ferrocarril. Las calles de tierra, las casas bajas y los campos abiertos forman un paisaje donde todavía predomina el silencio.
Durante los censos nacionales de 2001 y 2010, el lugar fue considerado una población rural dispersa, debido a su reducido número de residentes y a la distancia existente entre las viviendas.

La localidad también tuvo una pulpería que funcionó como espacio de reunión para vecinos y visitantes. Su situación puede variar, por lo que es recomendable consultar antes de viajar si se encuentra abierta.
Más allá de los servicios disponibles, el verdadero atractivo de Adela está en su historia. Recorrer el paraje permite conocer cómo surgieron numerosas localidades bonaerenses, crecieron gracias al paso del tren y luego quedaron parcialmente aisladas cuando las formaciones dejaron de detenerse.
Cómo llegar a Adela desde la Ciudad de Buenos Aires
Para llegar desde CABA hay que tomar la Autopista Buenos Aires-La Plata y continuar por la Autovía 2 en dirección a Mar del Plata. El acceso al paraje se encuentra aproximadamente entre los kilómetros 134 y 135, unos 13 kilómetros al sur de Chascomús.
El viaje demora entre una hora y media y dos horas, dependiendo del tránsito. Quienes no cuenten con vehículo pueden viajar hasta Chascomús en tren o micro y completar el recorrido mediante taxi o transporte local.
Con 19 habitantes, dos lagunas y una estación inaugurada en 1874, Adela constituye una escapada diferente para descubrir la historia ferroviaria bonaerense. Un pueblo diminuto donde no abundan las atracciones, pero donde el paisaje y el silencio permiten imaginar cómo era la vida cuando el tren determinaba el destino de toda una comunidad.


















