
No hace falta tomar un avión ni cruzar el océano Atlántico para caminar entre aromas de croissants, quesos y panes recién horneados. Buenos Aires volverá a convertirse en un pequeño rincón de París con una nueva edición de la Feria Francesa de Primavera.
La propuesta se realizará el sábado 3 y domingo 4 de octubre, de 11 a 18.30, en Plaza Francia, ubicada en avenida del Libertador 1400, en Recoleta. La entrada será libre y gratuita.
Organizada por Lucullus, la Asociación Gastronómica Francesa en Argentina, la feria reunirá numerosos puestos con especialidades dulces y saladas. Además, contará con música en vivo y masterclasses destinadas a acercar al público las técnicas, los sabores y las tradiciones de la cocina francesa.
Una escapada a Francia sin salir de Buenos Aires
La feria propone mucho más que una salida gastronómica. Durante el fin de semana, los visitantes podrán recorrer diferentes stands, probar preparaciones tradicionales y descubrir nuevas versiones de algunos de los platos más reconocidos de Francia.
Entre los sabores que suelen formar parte de estos encuentros se encuentran los croissants, baguettes, macarons, éclairs, crêpes, brioches, quiches, raclette y distintas variedades de quesos y chocolates.

La actividad también representa una oportunidad para conocer más sobre una de las gastronomías más influyentes del mundo, reconocida por el cuidado de sus técnicas, la calidad de sus ingredientes y su fuerte identidad regional.
La recomendación es llegar temprano para recorrer los puestos con tranquilidad. Como se trata de una propuesta al aire libre, también resulta conveniente llevar ropa cómoda y protección solar.
Feria Francesa: fecha, horario y lugar
Estos son los datos principales para agendar:
- Fecha: sábado 3 y domingo 4 de octubre.
- Horario: de 11 a 18.30.
- Lugar: Plaza Francia.
- Dirección: avenida del Libertador 1400, Recoleta.
- Entrada: libre y gratuita.
- Actividades: gastronomía, música en vivo y masterclasses.
Plaza Francia, un escenario cargado de historia
La elección de Plaza Francia no es casual. El espacio verde fue diseñado por el reconocido paisajista francés Carlos Thays, responsable de numerosos parques y jardines que todavía definen la imagen de Buenos Aires.
En el lugar se encuentra el monumento “Francia a la Argentina”, inaugurado en 1910 con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo. La obra fue realizada por el escultor francés Edmond Peynot y entregada como obsequio de la colectividad francesa.

El monumento representa a Francia y la Argentina tomadas de la mano y avanzando juntas hacia el progreso. También incluye relieves que recuerdan acontecimientos fundamentales de ambos países, como la Toma de la Bastilla, la Primera Junta y el Cruce de los Andes.
Por eso, quienes visiten la feria no solo podrán disfrutar de la comida: también estarán recorriendo un espacio concebido hace más de un siglo como símbolo de amistad entre las dos naciones.
La huella francesa que transformó Buenos Aires
La relación cultural entre ambos países se fortaleció durante los siglos XIX y XX, cuando miles de inmigrantes franceses llegaron a la Argentina.
Su influencia permanece en la arquitectura, la educación, la ciencia, la vitivinicultura, la pastelería y la gastronomía. También puede observarse en numerosos edificios porteños inspirados en los estilos académicos y palaciegos de París.
Durante la llamada Belle Époque, Buenos Aires adoptó a la capital francesa como modelo de modernidad. Recoleta, Retiro y la avenida Alvear todavía conservan palacios, cúpulas, mansardas y fachadas ornamentadas que explican por qué la ciudad fue conocida como “la París de Sudamérica”.
Un viaje con los sentidos en pleno corazón porteño
La Feria Francesa de Primavera recupera esa conexión histórica en un formato abierto y familiar. Durante dos días, los aromas de la boulangerie, la pastelería y los platos calientes se mezclarán con la arquitectura y los jardines de Recoleta.
Buenos Aires ofrecerá así la posibilidad de viajar a Francia sin salir de la ciudad. Bastará con acercarse a Plaza Francia, elegir alguna preparación y dejarse llevar por una tradición que cruzó el Atlántico y terminó formando parte de la identidad porteña.





















