
En una esquina del barrio porteño de San Telmo existe un bodegón cuya historia comenzó mucho antes de que Buenos Aires adquiriera su aspecto actual. Durante décadas reunió a vecinos, trabajadores y artistas, hasta que una tragedia provocó su cierre.
Se trata de Saeta Café, ubicado en Chile 602, esquina Perú, un establecimiento que cerró en abril de 2001 después de una explosión provocada por una pérdida de gas. El accidente terminó con la vida de un trabajador y dejó al inmueble abandonado.
Sin embargo, en febrero de 2024, casi 23 años después, el histórico bar volvió a abrir. Su recuperación permitió rescatar una parte de la memoria gastronómica porteña, vinculada con una esquina cuyos antecedentes se remontan a 1865.
De 1865 a 1962: la historia del almacén que se convirtió en un bodegón de San Telmo
Los antecedentes del establecimiento se remontan a 1865, durante la presidencia de Bartolomé Mitre, cuando, según antiguos documentos recuperados durante la restauración, funcionaba allí un almacén con despacho de bebidas llamado La Estrella.
Por entonces, San Telmo era un barrio de comerciantes, inmigrantes y trabajadores, próximo al puerto y atravesado por una intensa actividad económica.

En 1962, casi un siglo después, comenzó a funcionar como Bar Saeta, de la mano de tres inmigrantes españoles: Sebastián González, Mario Luis García Cabilla y Celedonio García.
Los propietarios transformaron el local en un punto de encuentro barrial donde se servían platos abundantes, vino con soda y preparaciones tradicionales de la cocina española.
El bodegón de CABA que funcionaba las 24 horas y servía milanesas de madrugada
Durante sus años de mayor popularidad, Saeta permanecía abierto las 24 horas, los siete días de la semana, una característica que lo convirtió en una referencia para los trabajadores nocturnos.
Taxistas, comerciantes, vecinos y artistas compartían sus mesas sin importar el horario. Incluso era posible pedir una milanesa con puré a las cuatro de la madrugada, cuando gran parte de la ciudad todavía dormía.

La tortilla de papas y las minutas también formaban parte de su identidad gastronómica. En la planta superior funcionaba un alojamiento, mientras que la planta baja concentraba la actividad del restaurante.
La tragedia de 2001 que provocó su cierre y más de dos décadas de abandono
El 11 de abril de 2001, una pérdida de gas provocó una explosión en el sótano del establecimiento.
Según los testimonios recogidos durante la reconstrucción de su historia, un repartidor de bebidas descendió al subsuelo cuando ocurrió el accidente. El trabajador sufrió heridas que posteriormente le provocaron la muerte.

La explosión también ocasionó importantes daños materiales y marcó profundamente a los propietarios, que decidieron no reabrir.
Durante los siguientes años, el edificio permaneció cerrado, con paredes deterioradas, filtraciones, grafitis y vegetación que avanzaba sobre su estructura.
En 2020 comenzó su recuperación y cuatro años después volvió a recibir clientes
La historia cambió cuando el empresario gastronómico Lucas Pérez descubrió el inmueble durante un paseo familiar por San Telmo.
En marzo de 2020 adquirió la propiedad, prácticamente al mismo tiempo que comenzaron las restricciones por la pandemia.

Al ingresar encontró mesas, sillas, heladeras, una barra, sifones de soda y otros objetos que habían permanecido allí durante años.
Inicialmente pensó desarrollar un negocio diferente. Sin embargo, los relatos de los vecinos lo convencieron de recuperar el nombre Saeta y reconstruir su identidad original.
La restauración incluyó trabajos estructurales, recuperación del mobiliario y búsqueda de materiales similares a los originales.
Cómo es Saeta Café en la actualidad y dónde queda
Actualmente, Saeta Café funciona en Chile 602, esquina Perú, en San Telmo, y combina su historia con una propuesta gastronómica de inspiración porteña y española.
Entre sus especialidades figuran la tortilla española, el arroz con calamares, las pastas y distintas preparaciones de carne.
Su ambientación conserva referencias a los bares de mediados del siglo XX, con muebles de madera, fotografías y objetos antiguos.
Así, una esquina con antecedentes que se remontan a 1865, cerrada por una tragedia en 2001 y abandonada durante casi 23 años, volvió a formar parte de la vida cotidiana de Buenos Aires.
















