
A poco más de 40 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires existe una localidad cuya historia reúne vecinos organizados, trabajadores ferroviarios y el recuerdo de uno de los protagonistas menos reconocidos de la Revolución de Mayo.
Se trata de Manuel Alberti, una localidad perteneciente al partido bonaerense de Pilar. Su origen oficial se remonta al 11 de julio de 1965, cuando un tren se detuvo por primera vez en un apeadero levantado gracias al esfuerzo de los habitantes de la zona.
El lugar, conocido originalmente como “Apeadero Kilómetro 42”, terminó adoptando el nombre de Manuel Alberti, sacerdote, periodista y vocal de la Primera Junta. Su vida quedó vinculada para siempre con la de un pueblo que tuvo que luchar para conseguir su propia estación.
Manuel Alberti: el pueblo bonaerense que nació alrededor de una estación
Antes de convertirse en una localidad, el territorio era conocido como “Los Fondos de Tortuguitas”. Predominaban los campos y vivían allí alrededor de 200 familias, muchas relacionadas con la actividad ferroviaria. Sin embargo, los trenes solo se detenían en Tortuguitas y Del Viso.
Para los vecinos, llegar hasta esas estaciones implicaba recorrer largas distancias por caminos que podían volverse intransitables durante los días de lluvia. Por ese motivo comenzaron a organizarse para conseguir una parada propia.

La empresa ferroviaria no consideraba necesaria otra estación. Lejos de resignarse, los habitantes impulsaron el proyecto y participaron en la construcción del apeadero. Finalmente, el 11 de julio de 1965, a las 11.35, el tren se detuvo por primera vez en el Kilómetro 42. La fecha fue elegida posteriormente como el día fundacional de la localidad.
Aquel acontecimiento transformó la vida cotidiana. El ferrocarril facilitó los viajes laborales, conectó a la población con otros centros urbanos y acompañó el desarrollo de nuevos barrios.
La estación integra actualmente el recorrido de la línea Belgrano Norte, que comunica Retiro con Villa Rosa, y se encuentra entre las paradas de Tortuguitas y Del Viso.
El sacerdote que participó de la Revolución de Mayo
El nombre de la estación rindió homenaje a Manuel Maximiliano Alberti, nacido en Buenos Aires el 28 de mayo de 1763. Estudió en el Real Colegio de San Carlos y continuó su formación en Córdoba, donde obtuvo el doctorado en Teología y Cánones en 1785. Un año después fue ordenado sacerdote.
Su labor religiosa lo llevó a desempeñarse en Concepción del Uruguay, Magdalena y Maldonado, en la Banda Oriental. Allí quedó involucrado en uno de los episodios más intensos de su vida.
Durante las Invasiones Inglesas, Alberti fue acusado de mantener correspondencia con las fuerzas españolas y terminó encarcelado. Tras la derrota de los invasores fue liberado y regresó a sus funciones. En 1808 volvió a Buenos Aires y quedó al frente de la parroquia de San Benito de Palermo.
Su participación política se volvió decisiva el 22 de mayo de 1810, cuando intervino en el Cabildo Abierto y votó a favor del cese del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Tres días después fue nombrado vocal de la Primera Junta.
Se opuso a un fusilamiento y escribió junto a Mariano Moreno
Alberti también colaboró como redactor en La Gazeta de Buenos Ayres, el periódico impulsado por Mariano Moreno para comunicar las decisiones revolucionarias y difundir ideas vinculadas con la libertad y los derechos ciudadanos.
Uno de los episodios que mejor demuestra su carácter ocurrió después de la contrarrevolución de Córdoba. Cuando la Primera Junta resolvió el fusilamiento de Santiago de Liniers y otros dirigentes opositores, Alberti fue el único integrante que no acompañó con su firma aquella condena, principalmente por su condición sacerdotal y sus convicciones.
Murió repentinamente el 31 de enero de 1811, con apenas 47 años. Su participación en el gobierno patrio duró pocos meses, pero alcanzó para ubicarlo entre los protagonistas de los primeros pasos de la Argentina.
Más de un siglo después, su apellido quedó unido a una comunidad que también debió enfrentarse a las dificultades. Así, un sacerdote revolucionario y un grupo de vecinos decididos terminaron conectados por una misma historia: la de quienes se negaron a permanecer al margen de los grandes cambios.


















