La eliminación de Corea del Sur del Mundial 2026 dejó de ser un simple golpe deportivo para transformarse en una crisis nacional. Después de quedar afuera en la fase de grupos, el entrenador Hong Myung-bo presentó su renuncia y abrió un escenario de máxima tensión dentro del fútbol surcoreano. El desenlace fue todavía más fuerte porque el presidente Lee Jae Myung pidió una investigación sobre lo ocurrido y apuntó contra el funcionamiento de la estructura deportiva del país.
El seleccionado asiático había comenzado el torneo con ilusión tras vencer 2-1 a República Checa, pero luego sufrió dos derrotas consecutivas ante México y Sudáfrica, resultados que lo dejaron en una posición incómoda dentro del Grupo A. Corea del Sur todavía mantenía la esperanza de avanzar como uno de los mejores terceros, pero esa posibilidad se terminó de derrumbar con otros resultados del certamen.
La renuncia de Hong Myung-bo tras la eliminación
Hong Myung-bo decidió dar un paso al costado menos de 24 horas después de confirmarse la eliminación. El técnico, de 57 años, había asumido en 2024 y tenía contrato vigente hasta la Copa Asiática 2027, pero el impacto del fracaso mundialista aceleró el final de su ciclo.
La salida del entrenador fue presentada como un acto de responsabilidad personal. Según distintos reportes internacionales, Hong pidió disculpas a los hinchas y reconoció que el equipo no estuvo a la altura de las expectativas. Su renuncia, sin embargo, no apagó el incendio: por el contrario, amplificó el debate sobre la planificación, la elección del cuerpo técnico y el rendimiento de una generación que llegó al Mundial con nombres importantes.
No es la primera vez que el exdefensor vive una situación similar. Hong también dirigió a Corea del Sur en el Mundial de Brasil 2014 y aquel ciclo terminó de manera parecida, con eliminación en fase de grupos y renuncia posterior. Doce años más tarde, la historia volvió a repetirse con una presión social todavía más intensa.
La decisión sobre Son Heung-min que encendió la polémica
Uno de los puntos más discutidos fue la suplencia de Son Heung-min en el partido decisivo contra Sudáfrica. El capitán y máxima figura del equipo no comenzó como titular en un duelo que Corea del Sur necesitaba sacar adelante para mantener sus opciones de clasificación.
La apuesta táctica no funcionó Corea perdió 1-0 y Son no logró cambiar el rumbo del encuentro cuando ingresó. Además, el atacante cerró la fase de grupos sin goles ni asistencias, un dato que aumentó las críticas hacia el funcionamiento ofensivo del seleccionado y hacia las decisiones del cuerpo técnico.
Para muchos hinchas surcoreanos, dejar al capitán en el banco en un partido de semejante importancia fue el símbolo de un ciclo marcado por la confusión. La derrota frente a Sudáfrica no solo eliminó al equipo: también dejó expuestas las dudas que ya existían sobre la conducción del plantel.
El presidente Lee Jae Myung pidió una investigación
La crisis escaló cuando el presidente Lee Jae Myung se pronunció públicamente. El mandatario expresó su sorpresa por la eliminación y pidió al Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo revisar las circunstancias del fracaso mundialista. Su planteo no se limitó al resultado deportivo: también apuntó a posibles fallas institucionales y al proceso de designación del entrenador.
Lee remarcó que la participación mundialista implica recursos públicos y apoyo estatal, por lo que consideró necesario analizar qué ocurrió y qué medidas deberían tomarse para evitar una situación similar en el futuro. Sus palabras profundizaron el clima de tensión y pusieron bajo la lupa a la Asociación de Fútbol de Corea del Sur, cuestionada desde antes del torneo por la elección de Hong.
El pedido presidencial convirtió una eliminación deportiva en un asunto político. En Corea del Sur, el fútbol suele despertar una fuerte carga emocional, especialmente desde la histórica campaña de 2002, cuando el seleccionado llegó a semifinales como anfitrión. Por eso, el golpe de 2026 fue recibido como una frustración nacional.
Bronca de los hinchas y clima de escándalo
La reacción social fue inmediata. Medios surcoreanos reflejaron el enojo de los hinchas y, según reportes, incluso hubo transmisiones en las que el rostro de Hong apareció difuminado, una imagen que rápidamente se volvió viral por su carga simbólica.
El gesto fue interpretado como una muestra del nivel de rechazo hacia el entrenador tras la eliminación. Aunque Hong fue una leyenda como futbolista y capitán de la histórica selección de 2002, su figura como técnico quedó nuevamente asociada a un fracaso mundialista.
Qué puede pasar ahora con Corea del Sur
Con la renuncia consumada, Corea del Sur deberá iniciar una nueva etapa. La federación tendrá que elegir un entrenador capaz de reconstruir la confianza, ordenar el plantel y preparar el camino hacia los próximos compromisos internacionales.
El desafío no será únicamente futbolístico. Después del fuerte mensaje presidencial, también se espera una revisión interna sobre la toma de decisiones, la planificación y los criterios utilizados para elegir al cuerpo técnico.









