
El creador de Downton Abbey, Julian Fellowes, se metió con la historia de Nueva York del siglo XIX al producir la serie La Edad Dorada. Siguiendo el ejemplo de su aplaudida producción británica, generó fascinación con este serie, que estena la cuarta temporada el 1 de noviembre de 2026 en HBO Max.
La serie expone cómo se vivía en las casas adineradas de 1880. Así, muestra a la alta sociedad neoyorquina durante un momento muy especial de esplendor en los Estados Unidos.
Y no va a llamar la atención, por ocuparse de un momento específico de la ciudad y de la historia, que muchos de los personajes están inspirados en personas reales, ni que otros directamente lleven el nombre de los verdaderos. Su exhaustiva investigación brinda en detalle los condicionamientos sociales que se vivían en ese tiempo.

“Las figuras históricas de la vida real son una parte fundamental de este mundo dorado. Estos personajes no sólo nos permiten comprender mejor cómo habría sido vivir en esa época, sino que también ayudan a destacar algunos de los debates que la gente real estaba teniendo”, le dijo el productor ejecutivo David Crockett a Vogue Estados Unidos.
En el ciclo se ponen en evidencia la lucha por los derechos de las mujeres y la integración escolar, así como la oposición a las bebidas alcohólicas por parte de algunas señoras respetables. Incorporar figuras históricas “ayuda a crear un contexto adecuado y a aumentar la importancia de nuestros personajes ficticios en sus propias aventuras”, reveló el ejecutivo.

Por eso viene bien hacer un repaso de en quiénes se inspiraron para crear a los personajes que nos hacen soñar con un tiempo de lujo y mansiones impresionantes y cuáles son los verdaderos.
La edad dorada, ficción vs. realidad: quién es quién
Bodas por dinero y divorcio mal visto
Por ejemplo, Bertha y George Russell, los nuevos ricos que se instalan frente a los Van Rhijn, están basados en Alva y William K. Vanderbilt.
Justamente, la trama del matrimonio forzado de la hija Gladys es la versión de lo que le ocurrió a Consuelo Vanderbilt, quien fue obligada a casarse con un aristócrata inglés, el duque de Marlborough, en 1895.

Los Vanderbilt fueron una de las familias más ricas y poderosas de la época que, como los Russell, lucharon por ascender socialmente en Nueva York. Para casar a la hija con un noble, le tuvieron que pagar a él una dote de U$S 2.500.000, lo que hoy serían unos U$S 75.000.000. El padre de la novia se vio obligado a firmar un contrato, en cuyo sellado el duque había insistido desde el principio. El pago se usó para, entre otros gastos, renovar Blenheim, un histórico palacio cerca de Oxford, y también para construir la residencia londinense Sunderland House, en Mayfair. Consuelo llegó 20 minutos tarde a su propia boda y lloró detrás del velo. Se divorciarían años después.

El divorcio en ese tiempo es otro de los temas que se ve muy bien reflejado en la serie: la sobrina de las Van Rhijn y la hija de la señora Astor son despreciadas por sus respectivos maridos, una porque él quiere a otra y la segunda a causa de haberle sido infiel al esposo. En la Nueva York de 1880 el divorcio estaba permitido pero era muy raro que ocurriera, además de escandaloso, y se justificaba por una infidelidad. Las divorciadas eran excluidas de los actos sociales y tenían que irse a vivir a las afueras, a Newport, Rhode Island.
Los personajes que existieron
La familia Astor es real y, al igual que en la serie de HBO Max, se oponía a la influencia de los nuevos ricos. La señora Astor fue la reina de la sociedad neoyorquina. Aunque otras mujeres compartían el mismo apellido, sólo una era considerada así: Caroline Schermerhorn. Describieron su poder como “absoluto” y “de larga duración”. Junto con Ward McAllister (otro personaje real de La Edad Dorada), desarrolló las 400 de la Sra. Astor: el número exacto de familias socialmente aceptables en la ciudad. En 1892 la lista fue publicada por The New York Times.

Sin embargo, a medida que la riqueza estadounidense se disparaba a fines de las décadas de 1880 y 1890, su poder comenzó a menguar. Hasta que aceptó la presencia de los Vanderbilt y de otros industriales que habían sido excluidos, porque su riqueza era mayor que la suya.
Al igual que con la Sra. Astor, Fellowes no se molesta en cambiarle el nombre del personaje de Nathan Lane, el mencionado McAllister. Fue un árbitro social durante ese tiempo. Tomaron de la realidad el acento sureño y el impresionante bigote. Se convirtió en la mano derecha de Caroline Astor hasta que falleciera en 1895. Aparentemente era un hombre muy culto y dominaba varios temas, incluyendo la buena cocina. Sin embargo, abrazó con entusiasmo a los nuevos industriales, allanándoles el camino para hacerlos aceptables dentro de la vieja guardia.
Mamie Fish (Ashlie Atkinson) también fue una figura de la alta sociedad en la vida real. Conocida por su ingenio y sus fiestas extravagantes que daba en Nueva York y Newport, tenía fama de ser la más divertida. Fue mecenas de la feria anual de muñecas de Nueva York y, tras la muerte de la Sra. Astor, ella y Alva Vanderbilt se convirtieron en figuras clave de la sociedad en la que se movieron.
La homosexualidad y el sufragio femenino
El movimiento sufragista femenino fue ganando adeptos entre las damas de la sociedad, quienes comenzaron a reunirse primero en las casas y a organizar protestas. También fue real la difusora de la Cruz Roja, Clara Barton, como aparece en esta historia. En otro extremo estaba la Unión Temperance de Mujeres Cristianas, que arremetió contra el alcohol.

En paralelo, el domicilio de157 Bleecker Street fue la sede de The Slide, un bar a puertas serradas que sirvió de refugio para la vida nocturna gay. Algo sobre lo que se hacía la vista gorda.
En la cuarta temporada de “La edad dorada” la producción profundizará en estos temas y mostrará aristas desconocidas de los personajes principales. Estena este domingo 1 a las 22.






















