
Cada 17 de junio, Argentina recuerda a uno de los protagonistas fundamentales de la lucha por la independencia: Martín Miguel de Güemes. Su figura ocupa un importante en la historia nacional no solo por sus victorias militares frente al ejército español, sino también por su compromiso con los sectores populares y su papel clave en la defensa del territorio que hoy conforma el norte argentino.
Considerado uno de los grandes héroes de la emancipación sudamericana, Güemes logró contener durante años el avance realista y garantizar que los planes independentistas impulsados desde Buenos Aires pudieran consolidarse. Su estrategia militar, su liderazgo sobre las milicias gauchas y su capacidad política lo convirtieron en una figura decisiva para el nacimiento de la patria.
El militar que sorprendió al Imperio británico y frenó a los realistas
Nacido el 8 de febrero de 1785 en Salta, dentro de una familia acomodada, Martín Miguel de Güemes comenzó su carrera militar a una edad temprana. Sin embargo, su nombre empezó a resonar con fuerza durante las Invasiones Inglesas de 1806.
Con apenas 20 años protagonizó una de las acciones más llamativas de la historia militar argentina. Tras el encallamiento del barco británico Justine en el Río de la Plata, Güemes encabezó una audaz maniobra y logró capturarlo realizando un ataque a caballo, un episodio que quedó registrado como una rareza estratégica y una demostración de valentía.
Años más tarde, con el estallido de la Revolución de Mayo, su papel se volvió aún más relevante. En coordinación con figuras clave como José de San Martín y Manuel Belgrano, comprendió que la defensa del norte era esencial para impedir el avance español hacia el corazón de las Provincias Unidas.

Los Infernales y la guerra gaucha que salvó la frontera norte
La principal contribución de Güemes a la independencia fue la organización de una fuerza militar compuesta por gauchos salteños y jujeños conocida como “Los Infernales”. Con ellos desarrolló una innovadora estrategia basada en las guerrillas, aprovechando el conocimiento del terreno y la movilidad de sus combatientes.
Gracias a estas tácticas logró una hazaña extraordinaria: rechazar nueve invasiones del ejército español, una fuerza que contaba con mayor cantidad de soldados, mejor equipamiento y recursos superiores.
Las constantes emboscadas, ataques sorpresivos y operaciones de desgaste impidieron que los realistas consolidaran su presencia en la región. Esta resistencia permitió que San Martín pudiera avanzar con su proyecto continental, que culminaría con las campañas libertadoras de Chile y Perú.
Por esa razón, numerosos historiadores consideran que la defensa liderada por Güemes fue una pieza indispensable dentro del proceso de independencia sudamericano.

El gobernador que defendió a los gauchos y murió tras una traición
Más allá de su faceta militar, Güemes también dejó una profunda huella política y social. Elegido gobernador de Salta, impulsó medidas destinadas a proteger a los hombres que integraban sus milicias.
Entre ellas se destacó la creación del Fuero Gaucho, una herramienta que garantizaba derechos y resguardaba las tierras de sus soldados frente a los abusos de los sectores más poderosos. Esta política le valió el reconocimiento popular y el apodo de “padre de los pobres”.
En esa tarea contó con una aliada fundamental: su hermana, Macacha Güemes. Considerada una de las mujeres más influyentes de la época, participó activamente en la organización política del gobierno y lideró una eficiente red de espionaje y contrainteligencia integrada por mujeres y niños, que aportó información clave para la defensa del territorio.

Sin embargo, los conflictos con la élite salteña fueron creciendo. Los elevados costos de la guerra generaron tensiones con los grandes terratenientes, quienes terminaron conspirando contra él. El 7 de junio de 1821, Güemes fue emboscado y recibió una herida mortal.
Durante diez días permaneció agonizando en el monte. A pesar de las ofertas y promesas realizadas por los realistas para que se rindiera, rechazó cualquier acuerdo. Finalmente murió el 17 de junio de 1821, mientras sus seguidores continuaban combatiendo y expulsaban a las fuerzas invasoras, cumpliendo así su última voluntad. La élite de Buenos Aires celebraba el fin del que llamaban, despectivamente, “el abominable Güemes”.
Más de dos siglos después, el legado de Martín Miguel de Güemes sigue vigente. Su lucha, protagonizada junto a miles de gauchos anónimos, fue determinante para asegurar la independencia argentina. Su historia representa el sacrificio, la valentía y la convicción de quienes defendieron una nación que recién comenzaba a construirse.















