En tiempos en los que la alimentación suele quedar atrapada entre reglas estrictas, dietas imposibles y consejos contradictorios, el prestigioso neurólogo Conrado Estol encontró una manera directa de explicar algo que muchas personas viven todos los días: la tensión entre lo que nos gusta, lo que nos tienta y lo que elegimos repetir.
Durante su participación en ENA Talks, el neurólogo dejó una frase que funciona casi como una escena cotidiana: “Me encantan los alfajores, pero de diez veces, ocho elijo mandarina. Nos tienta lo otro, pero te vas acostumbrando”.
La frase impacta porque no habla desde la prohibición. No plantea una vida sin placer, sin dulces o sin gustos personales. Al contrario, reconoce algo profundamente humano: el alfajor tienta, gusta y forma parte de la cultura argentina. Pero también propone una idea poderosa: cada elección repetida entrena una nueva preferencia.
La mandarina contra el alfajor: la metáfora que todos entienden
Lo interesante de la comparación no está solo en los alimentos. Está en lo que representan. El alfajor aparece como ese placer inmediato, conocido, disponible y emocional. La mandarina, en cambio, representa una elección más simple, fresca y sostenida en el tiempo.
Estol no dice “nunca como alfajores”. Dice algo mucho más realista: de diez veces, ocho elige otra cosa. Ahí está la clave del mensaje. No se trata de perfección, sino de proporción. No se trata de culpa, sino de repetición.
Ese enfoque puede ser más útil que muchas fórmulas rígidas porque conecta con la vida real. Las personas no comen en laboratorios, no deciden siempre con calma y no viven aisladas de cumpleaños, reuniones, ansiedad, cansancio o antojos. Por eso, la idea de elegir mejor la mayoría de las veces puede resultar más sostenible que intentar controlarlo todo.
“Te vas acostumbrando”: el verdadero entrenamiento está en lo cotidiano
La parte más potente de la frase de Conrado Estol es, quizás, el cierre: “te vas acostumbrando”. En esas tres palabras aparece una mirada práctica sobre los hábitos. Muchas decisiones que al principio cuestan, con el tiempo pueden volverse más naturales.
Elegir una mandarina cuando hay ganas de comer algo dulce puede parecer menor. Pero ese gesto, repetido muchas veces, construye una relación distinta con el deseo. No lo elimina, no lo niega, no lo castiga. Simplemente lo ordena.
En ese sentido, el mensaje se aleja de los extremos. Cuidarse no sería vivir diciendo que no, sino aprender cuándo decir que sí, cuándo elegir otra opción y cómo hacer que esa elección sea cada vez menos forzada.
ENA Talks y la conversación sobre bienestar sin soluciones mágicas
La segunda temporada de ENA Talks, conducida por Cata Bonadeo, propone conversaciones sobre hábitos, salud, estilo de vida y bienestar desde una mirada integral, con invitados de distintas trayectorias, entre ellos el Dr. Conrado Estol. El ciclo está disponible en Spotify y YouTube, y busca abordar temas como nutrición, salud mental, longevidad y construcción de hábitos cotidianos.

En ese contexto, la intervención de Estol encaja con una demanda creciente: hablar de salud sin caer en mensajes imposibles. La frase del alfajor y la mandarina no necesita tecnicismos para ser recordada. Tiene fuerza porque cualquiera puede verse reflejado ahí.
Todos tenemos nuestro “alfajor”: eso que aparece como tentación, premio, descarga o costumbre. Y todos podemos encontrar una “mandarina”: una alternativa más conveniente, más liviana o más alineada con la persona que queremos ser.
El mensaje de Conrado Estol: no hace falta ser perfecto para cuidarse mejor
Uno de los errores más frecuentes al intentar cambiar hábitos es pensar en términos absolutos: o todo bien, o todo mal. Pero la vida cotidiana no funciona así. La imagen que propone Estol abre una tercera vía: hacer mejores elecciones la mayor parte del tiempo.
Esa lógica puede aplicarse mucho más allá de la comida. Dormir un poco mejor. Caminar más. Tomar más agua. Bajar el ritmo. Elegir una pausa antes de reaccionar. Reducir excesos sin convertir cada decisión en una batalla.
La frase“de diez veces, ocho elijo mandarina” tiene valor porque instala una expectativa posible. No exige el diez de diez. No promete transformación instantánea. No vende una receta milagrosa. Propone constancia.
Y tal vez ahí esté su verdadero atractivo: cuidarse no siempre empieza con una gran decisión, sino con una pequeña elección repetida muchas veces.



















