El último viaje del tren de la cordillera: la despedida que unió Mendoza y Chile antes de desaparecer entre aludes y silencio

Un megaproyecto entre Mendoza y Chile quiere reactivar el histórico Tren Trasandino con un túnel de 54 kilómetros. La historia del último viaje y por qué el sueño vuelve a tomar fuerza.

Cómo fue el último viaje del Tren Trasandino
Cómo fue el último viaje del Tren Trasandino Foto: revistadigital.culturademontania
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El anuncio de un nuevo proyecto ferroviario para volver a cruzar la Cordillera puso otra vez en primer plano una de las historias más fascinantes del transporte sudamericano: la del Ferrocarril Trasandino, la línea que conectó Mendoza con Los Andes y que durante décadas fue símbolo de integración, comercio y aventura. Pero detrás del sueño de su regreso hay una escena mucho más poderosa: la del último viaje de pasajeros, aquel recorrido final que quedó grabado como el cierre emocional de una era. El servicio unía ambos países desde 1910 y su historia terminó de apagarse en etapas, primero para los pasajeros y luego para las cargas.

El último viaje del Trasandino fue una despedida cargada de nostalgia

De acuerdo con los registros periodísticos e históricos más citados, el último viaje de pasajeros del Ferrocarril Trasandino se realizó el 21 de septiembre de 1979. Ese día, el tren partió desde Mendoza rumbo a Chile en un contexto en el que ya se sentía el desgaste de una infraestructura legendaria, pero también el peso simbólico de estar asistiendo al final de una conexión única entre ambos lados de la Cordillera. La memoria ferroviaria lo recuerda como un trayecto atravesado por la nostalgia, con viajeros conscientes de que no era un recorrido más, sino la despedida de una línea que había unido generaciones, paisajes y economías regionales.

La despedida que unió Mendoza y Chile antes de desaparecer entre aludes y silencio Foto: revistadigital.culturademontania

Aquel viaje final no fue solamente un traslado entre estaciones. Fue, sobre todo, el cierre de una experiencia irrepetible: un tren que avanzaba entre puentes, túneles, estaciones de montaña y tramos de cremallera, desafiando pendientes extremas y un clima que muchas veces parecía imposible de domesticar. El Trasandino había convertido el cruce de los Andes en una travesía con identidad propia, algo que ningún otro medio de transporte podía replicar del mismo modo. Por eso, cuando el servicio de pasajeros se interrumpió, no solo se perdió una frecuencia ferroviaria: se apagó una parte del imaginario de alta montaña de Argentina y Chile.

Una obra monumental que nació mucho antes de 1910

Para entender por qué ese último viaje resultó tan conmovedor hay que volver al origen. El Ferrocarril Trasandino fue impulsado por los hermanos Juan y Mateo Clark, que desde la década de 1870 imaginaron una conexión ferroviaria estable entre el interior argentino y el Pacífico. La línea fue inaugurada el 5 de abril de 1910, después de décadas de demoras, conflictos, problemas financieros y enormes desafíos técnicos. El proyecto exigió abrirse paso en plena Cordillera y alcanzar cotas cercanas a los 3.200 metros, algo extraordinario para la época.

El proyecto para volver a cruzar la Cordillera en tren reavivó una vieja herida Foto: revistadigital.culturademontania

Uno de sus hitos más admirados fue el gran túnel internacional de Las Cuevas, una obra de alrededor de 3.030 metros de longitud, considerada en su momento una de las grandes proezas de la ingeniería ferroviaria de montaña. El sistema combinó puentes metálicos, cobertizos, estaciones en altura y tramos con cremallera para superar las pendientes más duras. No era solo un ferrocarril: era una demostración de hasta dónde podían llegar la técnica y la voluntad política en Sudamérica a comienzos del siglo XX.

Por qué el tren empezó a perder terreno antes de su cierre definitivo

Aunque el Trasandino tuvo años de gran importancia y vivió etapas de fuerte actividad en el siglo XX, su competitividad comenzó a caer con el paso del tiempo. La pavimentación del camino internacional en 1968 y el avance del transporte automotor lo pusieron en desventaja frente a camiones y micros, que ofrecían servicios más flexibles y, en muchos casos, más rápidos. A eso se sumaron los altos costos operativos de una línea compleja, con mantenimiento caro y una geografía siempre amenazada por nieve, viento y derrumbes.

Cómo fue aquella despedida de 1979 y qué pasó después en 1984 Foto: revistadigital.culturademontania

Por eso el viaje de septiembre de 1979 fue, en verdad, el final más visible y emotivo de una decadencia más larga. El tren seguía siendo un ícono, pero ya no podía competir en igualdad de condiciones. El servicio de pasajeros cayó primero. Las cargas, en cambio, sobrevivieron algunos años más, sostenidas por la necesidad logística y por la esperanza de que el viejo corredor todavía pudiera mantenerse en pie.

El golpe final llegó en 1984: aludes, avalanchas y una línea partida

Aunque el último viaje de pasajeros ocurrió en 1979, el golpe definitivo para el Trasandino llegó en 1984. Distintas fuentes coinciden en que los aludes en alta montaña interrumpieron el tráfico de cargas y dejaron fuera de servicio el corredor internacional. Del lado argentino hubo reparaciones parciales, pero el tramo chileno no fue reconstruido, y eso terminó de quebrar la continuidad operativa de la línea.

El proyecto para volver a cruzar la Cordillera en tren reavivó una vieja herida Foto: revistadigital.culturademontania

El episodio más recordado ocurrió el 3 de julio de 1984, cuando una gran avalancha en el sector de Los Libertadores provocó una tragedia humana y también dañó la infraestructura vinculada al cruce cordillerano. Organismos oficiales chilenos recuerdan que ese deslizamiento de nieve causó 27 muertes y quedó asociado para siempre al final del vínculo ferroviario entre Los Andes y Mendoza. Años después, la construcción del embalse Potrerillos terminaría de borrar parte del viejo trazado al inundar kilómetros de vía del lado argentino, clausurando también una parte física de aquella memoria.

El regreso del tren reabre una pregunta que sigue viva

Hoy, 42 años después del cierre para cargas, un nuevo megaproyecto busca recuperar la conexión ferroviaria entre Mendoza y la región de Valparaíso mediante un túnel de 54 kilómetros, doble vía electrificada y una salida estratégica al Pacífico. La iniciativa vuelve a instalar una pregunta que atraviesa a varias generaciones: si el tren regresa, ¿volverá también algo del espíritu de aquel viaje final que se perdió en 1979 y quedó definitivamente herido en 1984?

Porque el último viaje del Trasandino no fue solo el final de un servicio. Fue el punto exacto en el que la Cordillera dejó de ser un paisaje atravesado por vagones y silbatos para convertirse en una frontera más silenciosa. Por eso, cada vez que reaparece la idea de reconstruir el cruce ferroviario, la noticia no remite únicamente al futuro: también obliga a mirar hacia atrás y recordar cómo fue aquella despedida que todavía emociona.