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El Tokio, el bar casi centenario de Villa Santa Rita que conserva su toldo histórico y es considerado un “santuario porteño”

En la esquina de Álvarez Jonte 3550 y Pasaje Tokio, hay un bar que no solo sirve café: sirve memoria. El Tokio abrió sus puertas el 23 de abril de 1930 con otro nombre, dos billares y una vida de barrio que todavía resiste entre baldosas calcáreas, una barra histórica y un toldo verde que parece haber visto pasar todo Buenos Aires.

El Tokio, el bar casi centenario en Villa Santa Rita
El Tokio, el bar casi centenario en Villa Santa Rita Foto: Instagram @rutadelastradiciones.arg
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Antes de llamarse El Tokio, este bar tuvo un nombre mucho más directo: Jonte. Era un típico boliche de esquina, de esos que en la Buenos Aires de los años 30 funcionaban como refugio, punto de encuentro y segunda casa para vecinos, trabajadores y habitués. En sus primeros años tenía dos mesas de billar, un detalle que marcó su identidad original y que, con el paso del tiempo, fue cediendo lugar a más mesas para café, charla y almuerzo de todos los días.

El dato no es menor: 1930 fue un año clave para varios bares tradicionales porteños. En esa misma época también nacieron clásicos como Los Galgos, La Giralda, La Academia, Bar de Cao, El Colonial y el Bar del Plaza Hotel, lo que ubica a El Tokio dentro de una camada fundamental de cafetines que ayudaron a construir la cultura de bar en la Ciudad de Buenos Aires.

Pero lo que hace especial a El Tokio no es solo su antigüedad. Es la historia humana detrás de la barra. Esa que empieza lejos de Buenos Aires, en Galicia, y termina en una esquina donde todavía se escucha el eco de los vasos, las cartas, el billar y los vecinos entrando como si fueran parte de la familia.

Jesús Feas, el lavacopas gallego que terminó comprando el bar

En 1950 llegó al bar un joven de apenas 16 años llamado Jesús Feas Albor, recién venido de Galicia. Entró como lavacopas, pero su historia no se quedó ahí. Con esfuerzo, oficio y una relación cada vez más fuerte con los clientes, fue pasando por distintas tareas: lavó copas, atendió mesas, cocinó y, con los años, terminó comprando el fondo de comercio hasta convertirse en dueño del lugar a comienzos de la década del 60.

El Tokio, el bar casi centenario de Villa Santa Rita que volvió a abrir y conserva intacta su alma porteña
El Tokio, el bar casi centenario en Villa Santa Rita Foto: Instagram @rutadelastradiciones.arg

Jesús había nacido en 1934 en Santiago de Compostela, en la región de Galicia, y llegó a la Argentina siguiendo el camino de parte de su familia, como tantos inmigrantes españoles que encontraron en Buenos Aires una posibilidad de empezar de nuevo. Al principio, incluso dormía en el bar, hasta que una vecina del Pasaje Tokio le prestó una habitación.

Su vínculo con el lugar fue tan fuerte que quiso rebautizarlo como “Café Santiago de Compostela”, en homenaje a su tierra natal. Pero los clientes no lo aceptaron. Para el barrio, ese bar ya era El Tokio. Y Jesús, finalmente, entendió algo que define a los bares porteños: los nombres no siempre los elige el dueño, a veces los elige la gente.

Una familia entre la barra, la cocina y las mesas de billar

En 1964, Jesús conoció a Nélida, quien luego también sería parte esencial de la vida cotidiana del bar. Dos años más tarde nació Miguel Feas, el primero de sus cuatro hijos, en una etapa en la que la familia llegó a vivir en el depósito del local. Aquel espacio, que funcionaba como dormitorio, tenía un colchón sostenido por un elástico y cajones de manzana que hacían de mesitas de luz.

El bar de 1930 que fue rescatado por el hijo del dueño y volvió a ser leyenda
El Tokio, el bar casi centenario en Villa Santa Rita Foto: Instagram @rutadelastradiciones.arg

Durante los años de mayor movimiento, El Tokio era un punto caliente de la vida barrial. La zona tenía talleres, fábricas y trabajadores que caían al mediodía buscando un plato fuerte, un café o un rato de descanso. Nélida cocinaba tortillas, guisos, caldo gallego, mondongo, albóndigas con puré, fideos, arroz y milanesas que, según los recuerdos de Miguel, tenían un sabor imposible de repetir.

Las mesas de billar también tienen su propia historia. Una de ellas desapareció cuando hizo falta más espacio para atender clientes. La segunda resistió hasta mediados de los años 80, cuando el costo de reparar el paño ya era más alto que lo que dejaban los jugadores. Incluso se recuerda que Carlos Garaycochea, habitué del lugar, dejaba dibujos sobre el paño verde con restos de tiza de los tacos.

El cierre, la ausencia y el regreso más esperado del barrio

Jesús estuvo al frente del bar hasta 2002. Luego el local fue alquilado, y años más tarde El Tokio cerró sus puertas en 2023, dejando en la esquina una ausencia difícil de explicar para quienes entendían que ese bar era mucho más que un comercio.

El Tokio, el bar de casi 100 años con toldo histórico que reabrió en Villa Santa Rita
El Tokio, el bar casi centenario en Villa Santa Rita Foto: Instagram @rutadelastradiciones.arg

La vuelta empezó a tomar forma cuando Miguel Feas, hijo de Jesús, decidió recuperar el espíritu del bar familiar junto a Martín Conte, un amigo de años con experiencia gastronómica. Ambos se habían conocido trabajando en un banco, y tiempo después se asociaron para devolverle vida a una esquina que el barrio nunca había terminado de despedir.

En 2025, El Tokio reabrió con una premisa clara: renovar sin borrar. Preservar todo lo posible. Mantener lo que hacía del lugar un sitio único. Por eso conservaron la barra, el piso de baldosas calcáreas, la puerta original, las aberturas y el histórico toldo verde que abraza la esquina.

Qué se conserva hoy en El Tokio y por qué emociona a los vecinos

La restauración buscó respetar la memoria material del bar. El piso calcáreo, que data de 1930, fue pulido y todavía conserva marcas asociadas al movimiento de las antiguas mesas de billar. El toldo de la década del 60 también fue recuperado, y el frente recibió un nuevo fileteado a cargo de Gustavo Ferrari, reforzando esa estética porteña que mezcla nostalgia, identidad y orgullo barrial.

También volvieron a colgarse dos cuadros históricos: un retrato de Jesús Feas y una réplica de“El triunfo de Baco”, de Diego Velázquez. Según la historia familiar, ambas obras fueron realizadas por un pintor que vivió un tiempo en el bar y que, en agradecimiento por la hospitalidad recibida, dejó su arte en las paredes del lugar.

Hoy, El Tokio volvió con una propuesta de ADN porteño, con clásicos como milanesas, tortilla, croquetas, bife, pastel de papa y albóndigas. La idea no es convertirlo en otra cosa, sino devolverle al barrio un lugar donde desayunar, almorzar, tomar un vermut, cenar o simplemente sentarse a mirar la esquina.

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