
La imagen de Domingo Faustino Sarmiento permanece íntimamente relacionada con las aulas, los guardapolvos y el nacimiento del sistema educativo argentino. Sin embargo, detrás del prócer conocido como el “Padre del Aula” aparece un intelectual mucho más complejo, atravesado por las ideas y tensiones del siglo XIX.
Una de las controversias más sensibles está relacionada con las Islas Malvinas. Se trata de una frase atribuida a Sarmiento sobre la presencia del Reino Unido en el archipiélago, cuya ocupación comenzó el 3 de enero de 1833, cuando fuerzas británicas desplazaron a las autoridades argentinas establecidas en las islas.
La expresión que suele circular es contundente: “Seamos francos; su invasión es útil a la civilización y al progreso”.
La cita despierta una pregunta inevitable: ¿el gran impulsor de la educación argentina realmente apoyó la ocupación británica de las Malvinas?
Para responder, es necesario conocer el contexto completo.
Qué escribió Sarmiento sobre las Malvinas
El texto polémico fue relacionado con un artículo publicado en El Progreso, periódico de Santiago de Chile en el que Sarmiento se desempeñaba como redactor editorial.
El diario había comenzado a circular en noviembre de 1842, cuando el intelectual sanjuanino se encontraba exiliado en territorio chileno. La publicación difundida por MendozAntigua sitúa el escrito el 28 de noviembre de 1842, apenas nueve años después de la ocupación británica.

Sin embargo, existe un detalle fundamental: la frase viralizada sería una síntesis del pensamiento expresado en el artículo, pero no necesariamente una reproducción completa y literal del pasaje.
En su razonamiento, Sarmiento admitía que la expansión de las potencias europeas podía perjudicar a los pueblos americanos, aunque consideraba que también favorecía lo que entendía como el avance del comercio, el progreso y la civilización.
En 1842, Sarmiento no era presidente, funcionario argentino ni representante diplomático. Era un periodista exiliado en Chile, enfrentado con el gobierno de Juan Manuel de Rosas y convencido de que ciertos modelos europeos podían acelerar la modernización de América.
La idea de “civilización” que marcó su pensamiento
Para entender la polémica es necesario detenerse en una palabra central en la obra de Sarmiento: civilización.
El sanjuanino asociaba las ciudades, la alfabetización, el comercio, la ciencia y las comunicaciones con el progreso. En el extremo opuesto ubicaba aquello que definía como “barbarie”, categoría en la que colocó a los caudillos, los gauchos, las sociedades rurales y los pueblos indígenas.
Esa interpretación alcanzó su expresión más conocida en Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas. Allí utilizó la figura de Facundo Quiroga para analizar las guerras civiles y cuestionar al gobierno de Rosas.
En ese marco, no sorprende que Sarmiento observara a Inglaterra y a Estados Unidos como ejemplos de desarrollo educativo, económico y tecnológico.
Lo problemático, visto desde el presente, es que esa admiración podía llevarlo a relativizar las consecuencias territoriales y humanas de la expansión colonial.
Contextualizar sus palabras no significa justificarlas. Permite comprender cómo pensaba una figura central de la historia argentina, pero no elimina la dimensión política de sus afirmaciones.
Qué ocurrió en las Islas Malvinas en 1833
El 3 de enero de 1833, una fuerza británica tomó el control de las islas y desplazó a las autoridades argentinas. Desde entonces, los sucesivos gobiernos nacionales sostuvieron el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.
Más de un siglo después, el 16 de diciembre de 1965, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Resolución 2065, que reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido.

El documento invitó a ambos países a continuar las negociaciones para alcanzar una solución pacífica. La resolución se transformó en uno de los pilares diplomáticos del reclamo argentino.
La Constitución Nacional también establece que la recuperación del ejercicio de soberanía, conforme al derecho internacional y respetando el modo de vida de los habitantes, constituye un objetivo permanente e irrenunciable.
El presidente que impulsó la educación pública
La polémica sobre Malvinas convive con un legado imposible de ignorar.
Sarmiento fue maestro, periodista, escritor, diplomático, gobernador de San Juan y presidente de la Nación entre 1868 y 1874.
Durante su trayectoria fomentó la escolarización, las bibliotecas populares, el telégrafo, los ferrocarriles y la creación de instituciones científicas y militares. La educación ocupó un lugar central en su proyecto de construcción del Estado nacional.
También promovió la llegada de maestras estadounidenses. Su vínculo con la pedagoga Mary Mann, esposa del reformador Horace Mann, ayudó a difundir el modelo de las escuelas normales en el país.
Sarmiento murió el 11 de septiembre de 1888 en Asunción, Paraguay. Esa fecha quedó asociada al Día del Maestro como homenaje a su trayectoria educativa.
La contradicción que todavía incomoda
La frase sobre las Malvinas abre una grieta en la imagen escolar del prócer. Sarmiento fue un modernizador y un defensor de la educación, pero también sostuvo opiniones que hoy provocan profundas objeciones.
Su admiración por las potencias occidentales convivió con una interpretación jerárquica de las sociedades y con expresiones muy cuestionadas sobre distintos sectores de la población argentina.
Por eso, revisar aquella página de 1842 no exige borrar su legado ni convertirlo en una figura intocable. Exige aceptar que la historia está construida sobre contradicciones.
Casi dos siglos después, aquellas palabras siguen incomodando porque reúnen dos símbolos centrales de la identidad nacional: el hombre asociado a la escuela pública y las Islas Malvinas, uno de los reclamos soberanos más persistentes de la Argentina.



















