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El primer daguerrotipo de la Argentina: fue tomado en 1844, retrató una historia de amor y estuvo desaparecido

Fue tomado en 1844 para celebrar un aniversario de bodas, terminó desaparecido y logró regresar al país. La sorprendente historia detrás del daguerrotipo documentado más antiguo que se conserva en la Argentina.

Guillermo Brown y su esposa
Guillermo Brown y su esposa Foto: Museo Histórico Nacional
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La escena tuvo lugar el 29 de julio de 1844, cuando el almirante Guillermo Brown y su esposa, Elizabeth Chitty, posaron frente a la cámara del fotógrafo estadounidense John Elliot.

La fecha no había sido elegida al azar. Aquel día, la pareja celebraba 35 años de matrimonio y decidió conservar un recuerdo mediante una tecnología que había llegado poco tiempo antes a Buenos Aires.

El resultado fue una imagen única. En esos años todavía no existían los negativos ni la posibilidad de imprimir varias copias. Cada daguerrotipo era una pieza irrepetible, extremadamente frágil y costosa.

Un aniversario que terminó convertido en un documento histórico

En el retrato, Guillermo Brown y Elizabeth Chitty aparecen sentados y vestidos con la formalidad característica de mediados del siglo XIX. Para conseguir una imagen nítida tuvieron que mantenerse quietos durante un tiempo que, comparado con la velocidad de las cámaras actuales, parecía interminable.

Posar no era un acto espontáneo. La ropa, el peinado, la postura y los objetos incluidos en la escena eran cuidadosamente seleccionados. Debido al elevado precio del procedimiento, muchas personas podían acceder a un daguerrotipo una sola vez en toda su vida.

Historia
Guillermo Brown Foto: Museo Histórico Nacional

Esa solemnidad también explica por qué los protagonistas de las primeras fotografías casi nunca sonreían. Mantener el gesto durante largos segundos resultaba incómodo y cualquier movimiento podía provocar que el rostro apareciera borroso.

La elección de Brown como protagonista de la imagen más antigua conservada tiene un fuerte valor simbólico. Nacido en Irlanda en 1777, llegó al Río de la Plata y tuvo un papel fundamental en la organización de las fuerzas navales argentinas. Su rostro quedó registrado directamente por la luz, sin depender de la interpretación de un pintor.

Qué era un daguerrotipo y por qué no podían hacerse copias

El daguerrotipo fue presentado públicamente en Francia en 1839. Su desarrollo estuvo asociado a Louis-Jacques-Mandé Daguerre y a las investigaciones anteriores de Joseph Nicéphore Niépce, uno de los pioneros en intentar fijar imágenes mediante la acción de la luz.

El procedimiento utilizaba una placa de cobre recubierta de plata, pulida hasta adquirir una apariencia similar a la de un espejo. Luego era sensibilizada con vapores químicos, colocada dentro de la cámara, expuesta a la luz y revelada con vapores de mercurio.

Fotografía más vieja que se conoce del Cabildo entre 1840 y 1852, 25 de Mayo
Fotografía más vieja que se conoce del Cabildo entre 1840 y 1852, 25 de Mayo

La propia placa era la fotografía final. No había rollo, papel fotográfico ni archivo original para realizar duplicados. Dependiendo del ángulo desde el cual se observara, la imagen podía verse como positiva o negativa.

Además, la superficie era tan delicada que podía dañarse con solo tocarla. Por eso, los daguerrotipos se entregaban protegidos por un vidrio y guardados en pequeños estuches, marcos ornamentados o incluso joyas.

La fotografía llegó rápidamente a Buenos Aires

La invención se expandió por el mundo con una velocidad sorprendente. En febrero de 1840, un aparato transportado a bordo del buque escuela Oriental-Hydrographe permitió realizar demostraciones en Montevideo.

Sin embargo, la novedad no llegó de inmediato a Buenos Aires debido al bloqueo francés que afectaba al puerto. Recién hacia 1843, el procedimiento comenzó a utilizarse de manera comercial en la ciudad.

José de San Martín
José de San Martín

John Elliot fue uno de los primeros profesionales que ofreció retratos a las familias porteñas. También aparecieron anuncios del empresario Gregorio Ibarra, propietario de la Librería y Litografía Argentina, quien promocionaba la posibilidad de fijar sobre una placa imágenes de personas, edificios y paisajes.

A Elliot le siguieron otros fotógrafos como Bennet, Fredricks, Pozzo y los hermanos Helsby. Muchos eran daguerrotipistas itinerantes: se instalaban durante algunos meses, publicaban la dirección de sus estudios en los diarios y después viajaban hacia otra ciudad.

Permanecer inmóvil era el gran desafío

Cuando el daguerrotipo desembarcó en Buenos Aires, obtener un retrato podía requerir cerca de un minuto y medio de exposición. Durante todo ese tiempo, la persona fotografiada debía evitar hasta el más pequeño movimiento.

Los estudios contaban con sillas especiales, mesas para apoyar los brazos y estructuras que sostenían discretamente la cabeza o el cuello. Estos dispositivos ayudaban a conservar la postura y evitaban que la imagen saliera movida.

La técnica también era costosa. En sus primeros años quedó reservada principalmente para las familias de la élite política, militar y económica. Tener un daguerrotipo era una señal de prestigio, además de una novedosa manera de preservar la memoria familiar.

La histórica imagen fue robada y logró regresar al país

La historia del retrato tomado en 1844 no terminó en el estudio de Elliot. Con el paso de las décadas, la pieza salió del circuito público y durante un tiempo fue considerada desaparecida.

Finalmente, fue localizada por el coleccionista e investigador Carlos Vertanessian, especializado en fotografía histórica latinoamericana. Tras recuperarla, decidió restituirla al patrimonio argentino.

El daguerrotipo quedó vinculado al Museo Naval de Tigre y actualmente representa mucho más que un retrato del almirante y su esposa. Es una pieza fundamental para comprender los comienzos de la fotografía en el país.

A casi dos siglos de aquella sesión, la imagen continúa desafiando al tiempo. Guillermo Brown y Elizabeth Chitty solamente buscaban conservar el recuerdo de su aniversario, pero terminaron protagonizando uno de los documentos visuales más valiosos de la historia argentina.

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