
En pleno centro de San Miguel de Tucumán, a pocos metros de la Plaza Independencia, sobrevive una casona que permite conocer cómo era la vida durante el siglo XIX. Actualmente, el edificio alberga el Museo Histórico Provincial Presidente Nicolás Avellaneda, pero originalmente fue la residencia del gobernador José Manuel Silva.
La propiedad fue construida entre 1836 y 1837 y quedó vinculada para siempre con Nicolás Avellaneda, quien pasó parte de su infancia en el lugar antes de convertirse en presidente de la Nación entre 1874 y 1880.
Sin embargo, la casa no llegó completa hasta la actualidad. A comienzos del siglo XX, el inmueble fue dividido en dos propiedades. El sector sur terminó vendido y demolido, mientras que la parte norte consiguió sobrevivir y luego fue transformada en museo.
Por qué la llamaban “la casa de las cien puertas”
Cuando fue levantada, la residencia llamó la atención por sus dimensiones. Fue considerada una de las primeras viviendas de dos plantas de Tucumán, en una época en la que la mayoría de las construcciones urbanas tenía una sola altura.
Por la gran cantidad de habitaciones y aberturas comunicadas entre sí, comenzó a ser conocida como “la casa de las cien puertas”.

La obra fue proyectada por el arquitecto Pedro Dalgare Etcheverry, quien también participó en la construcción de la Catedral de Tucumán. Su diseño combinó elementos del neoclasicismo con la tradicional distribución de las viviendas alrededor de patios interiores.
La casona tenía puertas balcón, galerías, una escalera de madera y un patio principal cuadrangular con aljibe. Originalmente también contaba con otros dos patios, donde se realizaban diferentes actividades domésticas.
La infancia de Nicolás Avellaneda
El futuro presidente quedó relacionado con esta residencia por medio de su familia materna. Su abuelo, José Manuel Silva, había sido gobernador de Tucumán y propietario de la vivienda.
La infancia de Avellaneda estuvo marcada por las guerras civiles argentinas. Su padre, Marco Avellaneda, fue ejecutado en 1841 por su participación en la oposición contra Juan Manuel de Rosas. Ante la situación política, la familia debió exiliarse en Bolivia.

Años después, Nicolás regresó al país, estudió Derecho y comenzó una extensa carrera pública. Fue periodista, legislador y ministro de Justicia e Instrucción Pública durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento.
En 1874 llegó a la Presidencia. Su gobierno atravesó una importante crisis económica, promovió la llegada de inmigrantes y acompañó el proceso que culminó con la federalización de la ciudad de Buenos Aires.
De residencia familiar a museo histórico
Tras la demolición del sector sur, la parte conservada se convirtió en uno de los pocos testimonios de las grandes residencias tucumanas de la primera mitad del siglo XIX.
En 1941, el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional. Décadas más tarde, el 7 de julio de 1976, comenzó a funcionar allí el Museo Histórico Provincial Presidente Nicolás Avellaneda.
El recorrido no se limita a la vida del expresidente. También permite conocer la historia de Tucumán desde los pueblos originarios y la primera fundación de la ciudad en Ibatín, en 1565, hasta los principales acontecimientos políticos y sociales de comienzos del siglo XX.
Las más de 10.000 piezas que conserva
Actualmente, el museo protege más de 10.000 objetos históricos, distribuidos en colecciones de numismática, documentos, mapas, fotografías, pinturas, armas y pertenencias personales.
Entre sus piezas más destacadas aparece la Jarra de Ibatín, realizada en plata repujada. También se exhiben monedas, medallas, urnas funerarias de la cultura Candelaria, un óleo de Nicolás Avellaneda y 24 retratos de gobernadores tucumanos realizados por Lola Mora.

El edificio se encuentra en Congreso 56, San Miguel de Tucumán, muy cerca de la Casa Histórica de la Independencia. La entrada es libre y gratuita, aunque los horarios pueden variar según la época del año.
Así, la antigua “casa de las cien puertas”, pese a haber perdido la mitad de su estructura, consiguió evitar la desaparición total y convertirse en un espacio fundamental para conservar la memoria histórica de Tucumán.





















