
La historia argentina recuerda a los grandes protagonistas de la Independencia, aunque pocas veces se detiene en lo que ocurrió con sus familias. Uno de esos destinos olvidados fue el de Martín del Milagro Güemes y Puch, hijo mayor de Martín Miguel de Güemes, quien pasó de una infancia marcada por la tragedia y el exilio a convertirse en gobernador de Salta.
Nació el 15 de septiembre de 1816, en la quinta de la familia Puch. Como su llegada al mundo coincidió con las celebraciones salteñas del Señor y la Virgen del Milagro, recibió el nombre de Martín del Milagro.
Sus primeros años transcurrieron en una región movilizada por la guerra. Su padre gobernaba Salta y dirigía a las milicias que resistían los avances realistas desde el Alto Perú. Aquella estrategia, conocida posteriormente como la Guerra Gaucha, fue fundamental para proteger la frontera norte de las Provincias Unidas.
El año en que perdió a sus padres
El 17 de junio de 1821, Martín Miguel de Güemes murió luego de permanecer varios días herido. Su hijo tenía apenas cuatro años y estaba a pocos meses de cumplir cinco.
La tragedia familiar continuó poco después. Carmen Puch, esposa del general y madre de Martín, Luis e Ignacio, quedó profundamente afectada por la muerte de su marido. Falleció meses más tarde y dejó a sus hijos bajo el cuidado de sus familiares maternos.

La desaparición del caudillo tampoco llevó tranquilidad a Salta. Las disputas entre antiguos aliados, adversarios políticos y familias poderosas hicieron que el apellido Güemes se volviera peligroso. Por ese motivo, sus tíos Dionisio y Manuel Puch decidieron abandonar la provincia y trasladaron a los niños a Lima.
De esta manera, el hijo del hombre que había defendido el norte argentino terminó creciendo lejos de Salta y de los lugares vinculados con la memoria de su padre.
Una nueva vida en Lima y el regreso a Salta
Durante su permanencia en Perú, Martín recibió una importante formación comercial y se relacionó con los círculos sociales limeños. Esa educación moldeó su personalidad y lo convirtió en un hombre reconocido por sus modales elegantes y su capacidad para desenvolverse en la vida pública.
Aunque hubo intentos de regresar, la inestabilidad política retrasó su retorno definitivo. Recién después de la batalla de Caseros de 1852, que produjo la caída de Juan Manuel de Rosas, volvió a instalarse en Salta.

Allí administró propiedades de la familia Puch y comenzó una carrera política relativamente tardía. Ocupó una banca en la Sala de Representantes, presidió ese cuerpo y, en octubre de 1856, ejerció brevemente como gobernador interino.
El apellido que décadas atrás había provocado persecuciones y obligado a la familia a marcharse volvía a ocupar un lugar central en la política salteña.
De niño exiliado a gobernador
El 10 de junio de 1857, Martín del Milagro Güemes y Puch asumió como gobernador de Salta. Habían pasado 36 años desde la muerte de su padre y desde el comienzo de aquella infancia atravesada por la orfandad.
Su llegada al poder encerraba una paradoja histórica: el niño que había tenido que abandonar la provincia por llevar el apellido Güemes regresaba para ocupar el mismo cargo que había ejercido su padre.
Durante su gestión avanzaron las obras de la Catedral de Salta, se completó un censo provincial, se adoptaron medidas relacionadas con la explotación de los montes y comenzó a organizarse con mayor atención la actividad minera. También se impulsó un colegio público para varones que posteriormente se transformaría en el Colegio Nacional de Salta.

Su gobierno finalizó en junio de 1859. Aunque su figura nunca alcanzó la dimensión histórica de Martín Miguel de Güemes, su vida permite conocer las consecuencias menos visibles de la Independencia: familias separadas, niños obligados a exiliarse y herederos que debieron reconstruir su identidad lejos de su tierra.
La historia de Martín del Milagro quedó opacada por el enorme reconocimiento de su padre. Sin embargo, su recorrido conserva una escena sorprendente del pasado argentino: perdió a sus padres con apenas cinco años, creció exiliado en Perú y regresó décadas después para gobernar la provincia de la que había tenido que escapar.





















