
Mucho antes de sus tradicionales cafés y marquesinas, la avenida Boedo era un camino transitado por carros, arrieros y animales que se dirigían hacia los antiguos mataderos.
A finales del siglo XIX, el paisaje estaba dominado por tambos, molinos, pulperías y hornos de ladrillos. La llegada de los tranvías y de miles de inmigrantes transformó aquella zona semirrural en uno de los sectores con mayor identidad cultural de Buenos Aires.
Lo más curioso es que la avenida no recibió el nombre del barrio. Ocurrió al revés: su importancia fue tan grande que terminó bautizando a toda la zona. Por eso, Boedo es reconocido como el único barrio porteño cuyo nombre proviene directamente de una avenida.
Quién fue Mariano Boedo
La avenida recuerda a Mariano Joaquín Boedo, abogado y dirigente político nacido en Salta el 25 de julio de 1782.

Fue diputado por su provincia en el Congreso de Tucumán, ocupó la vicepresidencia y firmó el Acta de la Independencia del 9 de julio de 1816. Murió en 1819, cuando tenía solamente 37 años.
Décadas más tarde, el 6 de marzo de 1882, la administración de Torcuato de Alvear incorporó su apellido al mapa porteño. Así comenzó la historia oficial de una calle que terminaría identificando a todo un barrio.
De camino de carros a barrio de inmigrantes
Durante sus primeros años, Boedo era una vía utilizada por vehículos de tracción a sangre y tropillas de animales. La zona tenía terrenos bajos y anegadizos, mientras que la actividad de los hornos de ladrillos dejaba grandes pozos donde se acumulaba el agua.

La llegada del tranvía aceleró el crecimiento urbano. Las antiguas quintas fueron divididas, aparecieron nuevas viviendas y se multiplicaron los comercios.
A comienzos del siglo XX, numerosos inmigrantes españoles e italianos se instalaron en el lugar. Junto con ellos surgieron sociedades de fomento, sindicatos, bibliotecas, teatros y espacios de debate político.
El movimiento literario que nació en Boedo
En la década de 1920 apareció el denominado Grupo Boedo, integrado por escritores y artistas interesados en retratar la desigualdad, los conflictos sociales y la vida de los trabajadores.
Alrededor de la editorial de Antonio Zamora, ubicada en Boedo 837, se reunieron autores como Elías Castelnuovo, Álvaro Yunque, Leónidas Barletta y Roberto Mariani.
Desde entonces, Boedo dejó de ser solamente una dirección. Su nombre comenzó a representar una forma de comprender la literatura, el arte y la realidad social argentina.
La esquina que se convirtió en símbolo del tango
El tango terminó de consolidar la identidad del barrio. La intersección de Boedo y San Juan se convirtió en un punto de encuentro para músicos, escritores, actores y vecinos.
En esa esquina funcionó el antiguo Café del Aeroplano, relacionado posteriormente con la figura de Homero Manzi y con la memoria del tango porteño.

La avenida se extiende desde Rivadavia hasta Caseros y posee alrededor de 21 cuadras. Debajo de uno de sus sectores más concurridos funciona la estación Boedo de la Línea E del subte.
Aunque su identidad se había construido mucho antes, Boedo fue reconocido oficialmente como barrio en 1972. Su aniversario se celebra cada 25 de julio, fecha del nacimiento de Mariano Joaquín Boedo.
Hoy, la avenida continúa siendo su columna vertebral. En sus veredas conviven casas antiguas, edificios modernos, comercios, cafés y espacios culturales.
Boedo primero fue camino, después avenida y finalmente barrio. Una transformación que la convirtió en una excepción porteña: no heredó la identidad de una zona, sino que fue capaz de creársela.















