
La historia argentina suele detenerse en los grandes nombres de las guerras civiles, las campañas militares y los enfrentamientos políticos. Sin embargo, detrás de aquellas figuras existieron familiares que participaron de la construcción del poder desde espacios menos visibles.
Una de esas personas fue Agustina Ortiz de Rozas, nacida en Buenos Aires el 20 de enero de 1816. Su nombre completo era Martina Agustina Dominga del Corazón de Jesús Ortiz de Rozas López de Osornio y pertenecía a una de las familias más influyentes de la sociedad porteña. Era hija de León Ortiz de Rozas y Agustina López de Osornio, además de hermana menor de Juan Manuel de Rosas.
Su vida quedó vinculada desde muy temprano con los protagonistas de la historia nacional. En 1831, cuando apenas tenía 15 años, contrajo matrimonio con el general Lucio Norberto Mansilla, quien tenía 41 y había participado tanto de las Invasiones Inglesas como del Cruce de los Andes. La diferencia de edad, habitual en ciertos matrimonios de la elite decimonónica, no pasó inadvertida: él ya era un militar experimentado mientras ella todavía transitaba la adolescencia.
La mujer que cautivó a la sociedad porteña
Educada por una institutriz francesa, Agustina recibió una formación refinada y adoptó modales que llamaban la atención en los círculos sociales de Buenos Aires. Su elegancia y desenvoltura la convirtieron en una de las mujeres más admiradas de su época.
El 2 de abril de 1831, cuando tenía apenas 15 años, se casó con el general Lucio Norberto Mansilla, de 41. Él había combatido durante las Invasiones Inglesas y participado en las campañas independentistas.

El matrimonio tuvo varios hijos. Entre ellos se destacaron Lucio Victorio Mansilla, militar y autor de Una excursión a los indios ranqueles, y Eduarda Mansilla, escritora, periodista y música que desafió muchas de las limitaciones impuestas a las mujeres del siglo XIX.
El poder que alcanzó 29 años después
En 1845, 29 años después de su nacimiento, Agustina fue designada presidenta de la Sociedad de Beneficencia. La entidad administraba distintas tareas relacionadas con la educación, la asistencia social y la atención de personas necesitadas.
Su trabajo no quedó limitado a una función protocolar. Las reconstrucciones biográficas señalan que se distinguió por sus obras de caridad y que en la puerta de su casa se entregaban alimentos a quienes atravesaban situaciones de pobreza.
En una época en la que las mujeres no podían votar ni ocupar cargos políticos en igualdad de condiciones, la conducción de esa institución representaba uno de los pocos caminos disponibles para intervenir en los asuntos públicos.
Qué ocurrió con ella después de la caída de Rosas
La derrota de Juan Manuel de Rosas en 1852 alteró el mapa político y familiar. Sin embargo, Agustina Ortiz de Rozas permaneció en Buenos Aires y atravesó las profundas transformaciones que convirtieron a la antigua ciudad criolla en una capital marcada por la inmigración, la modernización y la consolidación del Estado nacional.
En 1871 quedó viuda, después de la muerte de Lucio Norberto Mansilla durante el año de la gran epidemia de fiebre amarilla. Décadas más tarde, su testamento registró como principal propiedad una vivienda ubicada en la esquina de las actuales calles Alsina y Tacuarí. También dispuso legados familiares y pidió un entierro modesto.

Agustina Ortiz de Rozas murió el 29 de agosto de 1898, a los 82 años. Había sobrevivido a su marido, a varios de sus hijos y a buena parte de la generación que protagonizó los años más violentos del siglo XIX argentino.
Su nombre quedó durante mucho tiempo detrás de tres hombres célebres: su hermano, su esposo y su hijo. Sin embargo, su historia revela algo más profundo. Fue una mujer situada en el corazón del poder federal, capaz de influir en la educación de una generación de escritores y de ocupar un espacio institucional cuando la participación pública femenina todavía estaba severamente limitada.



















