
La escena podría formar parte de una novela histórica, pero ocurrió durante una de las etapas más agitadas del Río de la Plata. En 1840, Delfina de Vedia asistió a un baile en Montevideo sin saber que aquella noche cambiaría su vida para siempre.
Tenía alrededor de 20 años y pertenecía a una familia argentina que se encontraba exiliada por motivos políticos. Durante la celebración fue presentada a un joven militar llamado Bartolomé Mitre, quien había participado en la batalla de Cagancha y comenzaba una trayectoria que lo llevaría a convertirse en presidente de la Argentina.
Bailaron un vals, conversaron sobre poesía y comenzaron una relación atravesada por guerras, campañas militares, destierros y extensas separaciones. Con el tiempo, el apellido Mitre quedaría asociado con la organización nacional, la historiografía y la fundación del diario La Nación. Sin embargo, la vida de Delfina fue mucho más que la historia de una mujer que acompañó a un dirigente político.
Un amor que comenzó durante el exilio
Delfina era hija del militar Pedro Nicolás de Vedia, quien había participado en las Invasiones Inglesas y en las guerras de la Independencia. Como muchas familias enfrentadas con el gobierno de Juan Manuel de Rosas, los Vedia debieron abandonar Buenos Aires y establecerse temporalmente en Montevideo.
En ese ambiente marcado por conspiraciones, debates políticos y movimientos militares, Delfina conoció a Mitre. La presentación se habría producido en la casa del general Félix de Olazábal, durante una celebración por la victoria de las fuerzas de Fructuoso Rivera en la batalla de Cagancha.

Según diferentes reconstrucciones históricas, Mitre quedó inmediatamente cautivado por la joven. La conversación entre ambos giró alrededor de la literatura y la poesía, dos intereses que continuarían compartiendo durante su matrimonio.
La pareja se casó en Montevideo a comienzos de la década de 1840 y tuvo seis hijos. Sin embargo, la vida familiar estuvo lejos de ser tranquila. Las responsabilidades militares y políticas de Mitre provocaron mudanzas, persecuciones y largas ausencias.
La mujer que sostuvo la vida familiar
La imagen tradicional de Delfina la presentó durante mucho tiempo como una esposa paciente que esperaba el regreso del militar. No obstante, los documentos conservados permiten reconstruir un papel considerablemente más activo.
Delfina administró bienes, resolvió cuestiones domésticas, organizó la educación de sus hijos y sostuvo los proyectos familiares durante las ausencias de su esposo. Mitre participó en campañas militares, enfrentamientos políticos y revoluciones que lo mantuvieron alejado del hogar durante extensos períodos.

La familia se instaló posteriormente en una casona de la calle San Martín, en Buenos Aires. El edificio funcionó como vivienda, despacho político y lugar de reuniones. También fue la residencia familiar durante la etapa presidencial de Mitre, entre 1862 y 1868.
Por sus habitaciones circularon militares, diplomáticos, periodistas, escritores y dirigentes que discutían el futuro del país. Mientras ellos protagonizaban la vida pública, Delfina garantizaba el funcionamiento cotidiano de una casa que se había convertido en un verdadero centro de poder.
Primera dama, traductora y mujer intelectual
Durante la presidencia de Mitre, Delfina ocupó el lugar que posteriormente sería conocido como el de primera dama. En aquellos años, la Argentina todavía estaba construyendo sus instituciones y no existía una residencia presidencial establecida oficialmente.
Su actividad, sin embargo, no quedó limitada a las recepciones y compromisos protocolares. Delfina escribió, conservó álbumes personales y desarrolló una destacada labor como traductora.

Participó junto con su esposo en la traducción de El diario de una mujer, una novela del escritor francés Octave Feuillet publicada en Buenos Aires en 1878. Esta tarea reveló una faceta intelectual que permaneció durante décadas en un segundo plano.
Las cartas, cuadernos y objetos conservados en el actual Museo Mitre permiten comprender que las mujeres de la familia participaron activamente de los proyectos culturales y políticos de su tiempo. No fueron simples observadoras: tradujeron textos, administraron hogares y establecieron vínculos sociales fundamentales.
Una vida atravesada por pérdidas
La historia de Delfina también estuvo marcada por episodios dolorosos. Uno de los golpes más duros ocurrió en 1870, cuando murió su hijo menor, Jorge Mariano, con apenas 18 años.
Delfina falleció en Buenos Aires el 6 de septiembre de 1882 y fue sepultada en el Cementerio de la Recoleta. Para entonces había sido madre, primera dama, traductora, administradora y testigo privilegiada de la construcción del Estado argentino.
Durante décadas, su nombre quedó relegado detrás de la figura de Bartolomé Mitre. Sin embargo, su historia demuestra que no estuvo simplemente detrás de un hombre poderoso: permaneció a su lado y asumió responsabilidades decisivas cada vez que él estuvo ausente.
Aquel vals de 1840 había sido apenas el comienzo. Treinta años después, Delfina estaba vinculada con una familia que impulsaría uno de los proyectos periodísticos más influyentes del país. Su aporte silencioso también formó parte de la historia argentina.





















