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Dejó el convento y a los 43 años enfrentó el proyecto de una monarquía: el fraile aliado de San Martín que fue clave para la Independencia

Justo Santa María de Oro pasó de la vida religiosa a ocupar un lugar decisivo en uno de los debates más importantes de la historia argentina. Fue aliado de José de San Martín, diputado por San Juan y una voz determinante cuando algunos dirigentes pretendían instalar una monarquía en el territorio recién independizado.

Fray Justo Santa María de Oro
Fray Justo Santa María de Oro, defensor de la república Foto: Museo Saavedra
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Vestía hábitos, había dedicado su juventud al estudio de la teología y parecía destinado a permanecer lejos de las grandes disputas políticas. Sin embargo, cuando el futuro de las Provincias Unidas quedó en juego, fray Justo Santa María de Oro abandonó la tranquilidad del convento y se convirtió en protagonista de la Independencia argentina.

Su nombre suele quedar relegado frente al de militares y revolucionarios más conocidos. No obstante, participó del Congreso de Tucumán de 1816 y defendió una idea decisiva: ninguna forma de gobierno debía imponerse sin consultar a los pueblos.

Nacido en San Juan el 30 de julio de 1772, ingresó a los 17 años en la Orden de los Dominicos, en Chile. Allí recibió una formación intelectual extraordinaria para la época y desarrolló una extensa actividad religiosa antes de involucrarse directamente en el proceso independentista.

El fraile que terminó involucrado en una revolución

La vida de Santa María de Oro estuvo marcada por los conflictos políticos que sacudieron ambos lados de la cordillera. Durante su permanencia en Chile presenció el avance de los movimientos revolucionarios y las luchas internas provocadas por el debilitamiento del poder español.

En 1814, aquella situación lo obligó a trasladarse a Cuyo. Allí conoció a José de San Martín, que preparaba una estrategia continental para cruzar los Andes, liberar Chile y avanzar hacia Perú.

El fraile colaboró con el proyecto y puso a disposición sus vínculos con integrantes de la orden dominica en territorio chileno. Esos contactos habrían servido para mantener comunicaciones reservadas y obtener información sobre los movimientos realistas.

Fray Justo Santa María de Oro
El fraile que tuvo un papel clave en la Independencia Foto: Museo Saavedra

No era una ayuda menor: en tiempos de guerra, conocer los planes del enemigo podía definir el resultado de una campaña militar.

Antes de viajar a Tucumán, Santa María de Oro mantuvo una reunión con San Martín en Mendoza. El objetivo era acordar la posición que debían defender los representantes cuyanos: declarar cuanto antes la independencia para respaldar políticamente la campaña libertadora.

El difícil viaje que lo llevó al Congreso de Tucumán

En 1815, San Juan eligió como representantes a Francisco Narciso de Laprida y Santa María de Oro. Ambos partieron hacia Tucumán a fines de octubre y debieron afrontar una travesía extensa, realizada entre carruajes, mulas y caminos precarios.

Llegaron el 11 de diciembre de 1815, varios meses antes de la histórica declaración. El fraile no ocupó un lugar decorativo: apoyó la ruptura definitiva con España y participó activamente de las discusiones sobre el futuro político del territorio.

Congreso de Tucumán, 9 de julio de 1816. Foto: Wikipedia

El contexto era alarmante. Fernando VII había recuperado el trono español y pretendía restablecer su autoridad en América. Muchos movimientos revolucionarios habían sido derrotados y las Provincias Unidas enfrentaban la posibilidad de una ofensiva realista.

Finalmente, el 9 de julio de 1816, los congresales declararon la Independencia. Pero enseguida apareció una discusión todavía más profunda: qué sistema de gobierno debía adoptar el nuevo país.

La propuesta que pudo convertir al país en una monarquía

Una de las alternativas discutidas fue establecer una monarquía constitucional encabezada por un descendiente de los incas. La fórmula buscaba conseguir legitimidad en América y facilitar el reconocimiento de las potencias europeas.

Santa María de Oro reaccionó con firmeza. Sostuvo que una decisión de semejante magnitud no podía tomarse sin consultar previamente a los pueblos. Su postura quedó asociada con la defensa del republicanismo y la soberanía popular.

El gesto tenía una particularidad sorprendente: un sacerdote se convertía en una de las voces más contundentes contra la coronación de un rey en el Río de la Plata.

De diputado revolucionario a primer obispo de Cuyo

Cuando el Congreso fue trasladado a Buenos Aires, Santa María de Oro renunció a su banca. Más tarde fue deportado a Chile, donde llegó a desempeñarse como superior de los dominicos. Finalmente regresó a su provincia natal.

En 1828 volvió a San Juan como vicario apostólico y, en 1830, fue consagrado obispo. Además de reorganizar la actividad eclesiástica de la región, impulsó la educación y promovió la formación de mujeres, algo poco habitual durante el siglo XIX.

Fray Justo Santa María de Oro
Santa María de Oro representó a San Juan en Tucumán Foto: Wikipedia

Murió el 19 de octubre de 1836, a los 64 años. Su corazón fue conservado en el Colegio Santa Rosa, institución relacionada con su obra educativa.

Su historia demuestra que la Independencia no se construyó únicamente en los campos de batalla. También nació de viajes agotadores, comunicaciones secretas y debates que definieron el país. Santa María de Oro fue religioso, colaborador de San Martín, diputado, educador y obispo, pero dejó sobre todo una idea vigente: las decisiones políticas no deben adoptarse a espaldas del pueblo.

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