
Durante años, su avance fue silencioso. Oculto entre plantas, restos de madera, cajones de cosecha y materiales acumulados en jardines, el caracol gigante africano encontró en el noreste argentino condiciones favorables para reproducirse.
Su presencia en el país quedó oficialmente registrada en diciembre de 2010, cuando aparecieron los primeros ejemplares en Puerto Iguazú, Misiones. Aquel hallazgo marcó el comienzo de una extensa tarea de vigilancia para impedir que una de las especies invasoras más peligrosas para la agricultura mundial se expandiera sin control.
Caracol gigante africano en Argentina: su primer registro en Puerto Iguazú en 2010
El caracol gigante africano, cuyo nombre científico es Lissachatina fulica, es originario del este de África. Sin embargo, la intervención humana favoreció su llegada a diferentes regiones de América, Asia, Oceanía y Europa.
En algunos países fue trasladado deliberadamente para su utilización como alimento, carnada o mascota. También logró viajar de manera accidental, escondido en cargamentos, adherido a vehículos, dentro de cajones o entre plantas y tierra que contenían ejemplares jóvenes o huevos.

Después del registro inicial en Puerto Iguazú, la vigilancia se reforzó en varias localidades. En 2013 fue detectado en la ciudad de Corrientes y, durante 2019, aparecieron ejemplares y huevos dentro de una vivienda de Wanda, a unos 70 kilómetros del primer punto de detección.
Los nuevos focos fortalecieron la preocupación por una eventual dispersión territorial y obligaron a intensificar los monitoreos, las campañas informativas y las tareas de erradicación.
Hallazgo en Eldorado en 2021: cómo detectaron y erradicaron más de 40 ejemplares
Uno de los episodios más significativos ocurrió en enero de 2021. Una denuncia alertó sobre la presencia de caracoles sospechosos en el barrio El Colono de Eldorado, en la zona del kilómetro 6.
Personal del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) capacitó a agentes municipales para reconocer las características del molusco. Luego, especialistas, promotores ambientales y autoridades locales recorrieron el área señalada.
La inspección confirmó que se trataba del caracol gigante africano. Los equipos realizaron una búsqueda intensiva, capturaron más de 40 ejemplares y procedieron a su erradicación. Días antes también habían aparecido individuos a aproximadamente tres kilómetros de ese nuevo foco.
El molusco puede alcanzar 20 centímetros de largo y 10 de ancho. Su caparazón es cónico, generalmente marrón, con bandas longitudinales claras y oscuras. Estas características permiten diferenciarlo de los caracoles nativos, fundamentales para el equilibrio ambiental.
Resolución 417/2020: prohibición de importación, cría y comercio en el país
La preocupación por su avance llevó al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible a dictar la Resolución 417/2020. La norma declaró al caracol gigante africano dañino y perjudicial para la biodiversidad, las actividades productivas y la salud humana.

Además, prohibió la importación, el tránsito interjurisdiccional, la cría y el comercio de ejemplares vivos, productos y subproductos. La medida buscó cortar las principales vías de dispersión y evitar que fuera trasladado como mascota, alimento o mercancía.
El impacto de la especie invasora en la agricultura local y los ecosistemas
Su amenaza no se limita al tamaño. La rápida reproducción, alimentación variada y ausencia de depredadores naturales pueden convertir un pequeño foco en una plaga.
El molusco consume numerosos tipos de vegetación y provoca daños en cultivos, huertas, jardines y producciones tropicales. Además, compite por alimento y refugio con especies autóctonas, desplaza poblaciones nativas y altera relaciones ecológicas construidas durante siglos.
Esta situación resulta especialmente preocupante en Misiones, donde la biodiversidad de la selva paranaense depende de un delicado equilibrio entre especies.
Riesgos para la salud humana: parásitos y transmisión de enfermedades zoonóticas
El caracol gigante africano también puede hospedar nematodos y otros parásitos capaces de afectar a personas y animales. Estos organismos pueden encontrarse en su baba y contaminar superficies, frutas o verduras.
Por esa razón, las autoridades recomiendan no tocarlo con las manos desnudas, evitar el contacto de la baba con ojos, nariz y boca, y lavar cuidadosamente los vegetales con agua potable. Tampoco debe utilizarse como carnada, mascota, adorno o alimento.
El operativo de Eldorado demostró que una denuncia ciudadana puede detener a tiempo un foco invasor. Desde aquel primer registro de 2010 hasta la captura de más de 40 ejemplares en 2021, la historia dejó una advertencia contundente: frente a especies exóticas, la vigilancia comunitaria y la intervención temprana resultan esenciales.
















