
Durante más de 200 años, un antiguo censo permaneció resguardado entre miles de documentos históricos. En una de sus páginas aparecía el nombre de un joven guaraní llamado Andrés, acompañado por cuatro hermanos. Nadie imaginaba que aquel registro podía estar relacionado con Andresito Guacurarí, uno de los líderes más singulares y olvidados de la historia argentina.
El documento corresponde a un censo de 1801 del departamento de Yapeyú y fue localizado en el Archivo General de la Nación por el investigador Daniel Ostapchuk. Allí se menciona a un Andrés de 14 años, junto a Lorenzo, de cinco, y dos hermanas de 16 y nueve años. El registro aporta además información sobre otro hermano y abre nuevos interrogantes acerca del entorno familiar del futuro comandante.
El hallazgo no es un detalle menor. Hasta su aparición, las referencias sobre la infancia de Guacurarí eran escasas y estaban rodeadas de hipótesis. La tradición histórica sostiene que nació el 30 de noviembre de 1778, posiblemente en Santo Tomé o San Borja. Sin embargo, la edad consignada en el censo no coincide con esa fecha.
Por ese motivo, los investigadores todavía deben establecer si se trata del prócer o de otra persona con el mismo nombre. Aun así, el documento incorporó una pista inesperada para reconstruir una biografía marcada por numerosos vacíos.
El joven guaraní que llegó a gobernar Misiones
Conocido como el Comandante Andresito, Andrés Guacurarí fue un militar y caudillo de origen guaraní que tuvo una actuación decisiva en el Litoral durante las guerras de independencia. Entre 1815 y 1819 gobernó la antigua Provincia Grande de las Misiones, un territorio mucho más extenso que la provincia actual.
Su trayectoria estuvo estrechamente vinculada con José Gervasio Artigas, quien lo apadrinó y le permitió utilizar su apellido. De esta manera, el comandante también comenzó a firmar como Andrés Artigas, reflejo de la confianza política y militar que el jefe oriental había depositado en él.

Andresito integró el proyecto de la Liga de los Pueblos Libres, que defendía el federalismo y una mayor autonomía provincial frente al centralismo de Buenos Aires. Además, organizó la defensa de los pueblos misioneros y combatió las invasiones portuguesas en una región atravesada por guerras y fronteras cambiantes.
El desconocido vínculo de Andresito con la yerba mate
Su actuación no quedó limitada al campo de batalla. Durante su gobierno procuró reorganizar las comunidades guaraníes, recuperar territorios ocupados, impulsar la agricultura y reconstruir una economía profundamente afectada por los enfrentamientos.
Dentro de ese proyecto, la producción de yerba mate ocupó un lugar central. Andresito promovió un circuito comercial en el que los pueblos guaraníes fueran los principales productores y beneficiarios. La mercadería podía transportarse por el río Uruguay, una vía fundamental para el intercambio entre las poblaciones de la región.

También se establecieron medidas para limitar el ingreso de yerba procedente de Paraguay, con el objetivo de proteger la producción misionera. El mate no era solamente una bebida popular: representaba una actividad económica capaz de sostener comunidades y fortalecer la autonomía regional.
Ese vínculo explica que cada 30 de noviembre, fecha tradicionalmente asociada con su nacimiento, se celebre en la Argentina el Día Nacional del Mate. La conmemoración recuerda indirectamente el proyecto productivo y político impulsado por el comandante guaraní.
La captura que convirtió su final en un misterio
En 1819, luego de años de resistencia contra las fuerzas portuguesas, Andresito fue capturado. Las versiones más difundidas indican que fue trasladado como prisionero a Brasil y encerrado en la Ilha das Cobras, en Río de Janeiro.

A partir de ese momento, su destino se volvió incierto. No existe una fecha confirmada de su muerte y tampoco fueron encontrados sus restos. Algunas reconstrucciones ubican su fallecimiento alrededor de 1821, mientras otras sostienen que pudo sobrevivir algunos años más.
El censo de 1801 no resuelve todos esos misterios, pero aporta una pista extraordinaria. Detrás del gobernador, comandante y promotor de la producción yerbatera aparece ahora un adolescente guaraní rodeado por sus hermanos, mucho antes de convertirse en el prócer que dejó su huella en Misiones y en una de las costumbres más representativas de los argentinos.















