El 11 de junio, cuando el mundo se frene para dar comienzo al Mundial 2026 y durante seis semanas, 48 selecciones de todo el mundo disputen 104 partidos en 16 ciudades de Estados Unidos, México y Canadá, los jugadores y aficionados enfrentarán a un contrincante mucho más incierto y perjudicial para su salud y rendimiento físico que los eventuales equipos rivales: el calor extremo.
A medida que aumentan las temperaturas globales por la quema de combustibles fósiles, el Mundial 2026 podría convertirse en un ejemplo vivo de cómo el cambio climático está transformando el deporte, obligando a repensar horarios, condiciones de juego y medidas de protección para atletas y espectadores. Un estudio de la ONG Climate Central, que agrupa a climatólogos, meteorólogos y comunicadores científicos, señala que durante la Copa del Mundo, casi la mitad de los partidos tienen al menos un 50% de probabilidad de disputarse bajo condiciones de calor que afectan el rendimiento físico. En 26 de esos encuentros, el cambio climático aumentó esa probabilidad en al menos 10 puntos porcentuales.
Según el informe de Climate Central, 97 de los 104 partidos programados tienen alta probabilidad de registrar temperaturas superiores a 28°C. Este umbral térmico está asociado con una disminución del rendimiento físico y mayores riesgos para la salud de los jugadores.

El caso de Argentina: altas chances de afectación por el calor de Norteamérica
“Si Argentina llega a la final, jugará 7 partidos con más del 50% de probabilidades de que el calor afecte su rendimiento. Y 5 partidos donde el cambio climático aumenta esas probabilidades en al menos 10 puntos porcentuales", indica el estudio de Climate Central.

Al menos en los 3 partidos de la fase de grupos, tiene “más del 50% de probabilidades de sufrir calor que afecte al rendimiento”.
Cuando los mundiales de fútbol se juegan en el hemisferio norte, el fixture de los partidos coincide con el verano. Y esto genera desafíos adicionales tanto para los deportistas como para la organización en general. De hecho, el último Mundial 2022 en Qatar, en el que Argentina salió campeón, tuvo que jugarse en noviembre y diciembre (invierno para el hemisferio norte), debido a las altas temperaturas.
Hace 40 años, durante el mundial de México 1986, Diego Maradona fue uno de los primeros grandes futbolistas en alzar la voz contra la FIFA por programar partidos a las 12 del mediodía para favorecer a la televisión europea. Frente a las altas temperaturas, el Diez sostuvo: “Nosotros, los que entramos al campo, sabemos que estas no son condiciones saludables para jugar al fútbol”.
“Nosotros, los que entramos al campo, sabemos que estas no son condiciones saludables para jugar al fútbol”.”— Diego A. Maradona
Según registros de la Organización Meteorológica Mundial, desde la primera Copa del Mundo, jugada en Uruguay en julio de 1930, hasta hoy, la temperatura media global subió aproximadamente 1,3°C.
Aunque pueda parecer poco, en términos climáticos planetarios es un salto enorme y acelerado. Entre los impactos que ya estamos viviendo, están: la expansión de las enfermedades transmitidas por vectores (dengue, zika y chikungunya) hacia zonas que estaban libres de ellas; el agravamiento de la erosión costera por aumento del nivel del mar y fenómenos como las ciclogénesis (ciclones extra-tropicales); pérdidas de infraestructura y de cosechas por eventos climáticos extremos.
Cómo afecta el calor al rendimiento deportivo
Investigaciones de la World Weather Attribution muestran que temperaturas superiores a 28°C pueden reducir la frecuencia de la aceleración, la distancia recorrida por los jugadores y los tiempos de recuperación. Esto no solo afecta el desempeño individual y la seguridad de los deportistas, sino también el ritmo de juego, las estrategias de los equipos y el espectáculo para los aficionados.
“Jugar con temperaturas superiores a los 28 °C cambia el partido, ya que afecta a la táctica, el ritmo y la calidad general. Se observa una menor intensidad, menos velocidad de reacción y, posiblemente, menos ocasiones de gol.
A medida que las temperaturas suben, los riesgos también aumentan. La exposición prolongada y la deshidratación pueden provocar agotamiento por calor o incluso un golpe de calor, sobre todo en partidos de gran importancia en los que los jugadores tienden a esforzarse más allá de sus límites naturales”. destacó Mike Tipton, investigador en el Laboratorio de Ambientes Extremos de la Facultad de Ciencias del Deporte, Salud y Ejercicio de la Universidad de Portsmouth, Reino Unido.

El análisis se suma a investigaciones recientes que muestran cómo el calentamiento global está incrementando la frecuencia e intensidad de las olas de calor en las ciudades sede del torneo.
Cuál sería el partido más caluroso del Mundial 2026
El partido entre Uruguay y España, previsto para el 26 de junio en Guadalajara, aparece como el más “caliente”: la probabilidad de registrar un calor perjudicial para el rendimiento físico alcanza el 70%, 37 puntos porcentuales más debido al cambio climático.
Y si bien aún no se sabe qué equipos llegarán a la final, programada para el 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, la ciencia ya predijo que tendrán un 47% de probabilidades de sufrir un calor que afecte su rendimiento, una probabilidad que aumenta en aproximadamente 17 puntos porcentuales debido al cambio climático.

“Los Mundiales del pasado no volverán a repetirse, no porque los jugadores hayan cambiado, sino porque el planeta sí lo ha hecho. Las olas de calor, el clima impredecible y las estaciones cambiantes están reescribiendo las reglas de los deportes. Los atletas se ven obligados a jugar con más cautela, a elaborar estrategias diferentes y a abandonar los riesgos que antes hacían que el deporte fuera emocionante”, sostuvo Shel Winkely, meteorólogo en Climate Central.
A menos que dejemos de quemar combustibles fósiles, el futuro de los mundiales no se decidirá por quién juega mejor, sino por quién pueda soportar el calor.
















