
Las noches de calor sofocante suelen venir acompañadas de un enemigo silencioso: la dificultad para dormir. Dar vueltas en la cama, abrir la ventana en busca de un poco de aire o encender el ventilador al máximo son escenas habituales durante las olas de calor. Sin embargo, esa sensación de dormir menos ya no es solo una percepción.
Un estudio internacional elaborado por Climate Central reveló que las altas temperaturas nocturnas hacen perder decenas de horas de sueño cada año a millones de personas en el mundo y que una parte de ese fenómeno está directamente vinculada al cambio climático.

En América Latina, las personas llegan a perder hasta 93 horas de descanso anuales debido al calor durante la noche. De ese total, hasta seis horas se atribuyen específicamente al calentamiento global provocado por la actividad humana, de acuerdo con el relevamiento, que analizó datos de más de 1.300 ciudades durante un período de cinco años.
Aunque Argentina no figura entre los países con mayor impacto, la investigación muestra que el fenómeno también repercute en el descanso de sus habitantes, especialmente en Buenos Aires.
Buenos Aires, la ciudad argentina donde más horas de sueño se pierden
El informe señala que la Ciudad de Buenos Aires registra el peor desempeño entre las localidades argentinas analizadas. En promedio, cada habitante pierde 44 horas de sueño por año debido a las altas temperaturas nocturnas.
De ese total, cuatro horas anuales están directamente relacionadas con el cambio climático, según las conclusiones de los investigadores.

En el resto del país, los registros también reflejan una disminución del descanso, aunque con menor intensidad. Rosario presenta una pérdida promedio de 38 horas al año; San Miguel de Tucumán, 39; Córdoba, 34; y Salta, 27.
A nivel regional, las ciudades con los valores más elevados son Barranquilla (Colombia) y Acapulco (México), donde una persona pierde cerca de 93 horas de sueño al año, seis de ellas asociadas al calentamiento global.
También aparecen entre las más afectadas Cancún y Cartagena, con alrededor de 91 horas anuales, además de Belém, Caracas y Cali, todas con pérdidas significativas de descanso vinculadas al aumento de las temperaturas.
Cómo el cambio climático altera el sueño
Los investigadores combinaron estudios sobre la relación entre la temperatura ambiente y la calidad del sueño con modelos de atribución climática. Estas herramientas permiten comparar las condiciones actuales con un escenario hipotético en el que no existiera el calentamiento global provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero y la deforestación.

A partir de ese análisis, concluyeron que una persona promedio perdió casi 56 horas de sueño por año entre 2020 y 2025 debido a las temperaturas nocturnas elevadas. Más de seis de esas horas —algo más del 10% del total— fueron consecuencia directa del cambio climático.
Además, el informe advierte que el impacto del calentamiento global sobre la pérdida de sueño se duplicó desde comienzos de la década de 1970 en 1.335 de las 1.338 ciudades evaluadas.
“Dormir es esencial tanto para nuestra salud física como mental, pero a menudo es una de las primeras cosas que se ven afectadas durante los periodos de calor extremo, especialmente cuando las temperaturas se mantienen altas durante la noche”, indicó la investigadora de clima y salud del Tyndall Center, Rita Issa.
Los efectos sobre la salud y quiénes son los más vulnerables
Los especialistas remarcan que la falta de descanso no solo genera cansancio al día siguiente, sino que puede tener consecuencias más profundas para la salud física y mental.
A raíz de los resultados del estudio, la presidenta de la Alianza de Clima y Salud, Courtney Howard, sostuvo que las alteraciones del sueño deben considerarse “una preocupación creciente tanto para la salud pública como para la productividad humana”.

En la misma línea, Issa explicó: “En la práctica clínica, vemos cómo la falta de sueño puede empeorar la salud mental, aumentar el estrés y la fatiga, afectar a la concentración y agravar afecciones de salud subyacentes”, subrayó Issa.
El estudio también señala que el impacto no es uniforme. Los adultos mayores, las mujeres, los niños pequeños, las embarazadas y las personas con menores ingresos son quienes presentan una mayor vulnerabilidad frente al calor extremo.
La situación se intensifica en las grandes ciudades debido al denominado “efecto de isla de calor urbana”, que mantiene temperaturas nocturnas más elevadas que en las zonas rurales. A esto se suma el acceso desigual al aire acondicionado, lo que deja a los sectores de menores recursos más expuestos a sufrir pérdidas de sueño incluso superiores a las estimadas.



















