
A fines de 2005 la legislatura porteña sancionaba la Ley de Basura Cero que convertiría a la Ciudad de Buenos Aires en una de las pioneras en América latina en implementar el “reciclaje con inclusión social”, al incorporar al sistema de recolección diferenciada a 12 cooperativas de recuperadores urbanos.
Veinte años después, no sólo se incumplieron las metas de reducción del envío de residuos al CEAMSE (que preveían un utópico 100% de recuperación para el 2020), sino que el trabajo de más de 7.000 recuperadores urbanos agrupados en cooperativas está en riesgo. El gobierno porteño que encabeza Jorge Macri llamó a una licitación pública que reemplazará la recolección de reciclables a cargo de cooperativas por un sistema abierto a empresas privadas.
Las críticas al nuevo sistema de recolección de reciclables no se hicieron esperar. Para Alicia Montoya, titular de la Cooperativa El Alamo, “los nuevos pliegos para la gestión del reciclado tienen que ver con un negocio millonario y además de excluir a los trabajadores de las cooperativas, generan confusión entre comerciantes, empresas y vecinos, que ya no saben dónde llevar sus reciclables”, declaró en una entrevista con el programa de streaming Estrategia Salud y Ambiente.

Más basura, menos reciclado
Hoy, al contrario de lo que preveía la Ley de Basura Cero, cada vez se generan más residuos y el porcentaje de reciclado viene cayendo en lugar de aumentar. Según un informe de Ecoplas y la Cámara de Industrias de Reciclados Plásticos (CAIRPLAS), el índice de recuperación de plásticos cayó 11% el último año.
Según el informe, basado en encuestas a 150 empresas recuperadoras y transformadoras de plástico, “la proporción de plásticos posconsumo domésticos reciclados se situó en 14,6% en 2025, frente al 25,8% del período anterior. De igual modo, la participación del plástico reciclado sobre el total del consumo nacional se ubicó en el 12,44%, en comparación con el 16,66% registrado en 2024”.
El trabajo atribuye esta caída en el índice de reciclado (la primera desde que comenzó a medirse, en 2003), a factores como el aumento de costos para el reciclaje, la importación de residuos y la falta de una ley de responsabilidad extendida que obligue a las empresas de consumo masivo a hacerse cargo de los envases post consumo. En tanto, de acuerdo a una encuesta de Ecoplas, el 82 % de la población separa sus residuos reciclables al menos de manera ocasional, lo que refleja un cambio cultural en ascenso frente a los anteriores resultados: 64% en 2022 y 60% en 2019.
Sin embargo, crecen las quejas de vecinos en las redes sociales por falta de contenedores y puntos verdes donde dejar sus reciclables.
Dónde llevar los residuos separados en casa
Aunque debería haber un contenedor verde cada 150 metros en CABA (uno para reciclables por cada dos para basura común), la realidad dista bastante de estos números.
Según la página oficial del gobierno porteño, la Ciudad cuenta con 33.045 contenedores en total. En todos los barrios hay 28.456 contenedores negros y grises para disponer la basura, y 4589 contenedores verdes para disponer los materiales reciclables (uno de reciclables por cada seis de basura común). En el mismo portal, hay un “mapa de contenedores y puntos verdes activos” y se indica que, para solicitar la instalación, traslado o reposición de contenedores verdes de debe escribir un mensaje de whatsapp a BOTI (115050047), llamar al 147 o ingresar a la web de gestión colaborativa: bacolaborativa.buenosaires.gob.ar
En tanto, el gobierno fue eliminando los”Puntos Verdes” que se situaban en parques y plazas, en un principio atendidos por concientizadores y concientizadoras ambientales (muchos de ellos estudiantes en su primer empleo, y también integrantes de cooperativas), que se encargaban de asesorar a los vecinos sobre cómo separar correctamente sus residuos, y luego se convirtieron en estaciones autogestionadas. En 2021 había 80 puntos verdes en la Ciudad, en 2023 quedaban 40, y actualmente sólo quedan 21.

Puntos verdes móviles, en retroceso
Por otra parte, los “puntos verdes móviles” (pequeñas camionetas que se instalan en las ferias de la ciudad o en algunos eventos masivos), ven discontinuados sus recorridos, o los vecinos desconocen la ubicación y el horario en los que estarán disponibles.
Según informa el gobierno de la ciudad, tanto los contenedores verdes como los puntos verdes reciben “reciclables simples como papeles, plásticos, vidrios enteros, metales y cartones, limpios y secos”. Sin embargo, una recorrida de esta cronista por la ciudad constató que en dichos contenedores son arrojados todo tipo de residuos: desde los descartes de verdulerías a bolsas de consorcio con basura mezclada que muchos vecinos y encargados de edificios disponen allí por desconocimiento o porque les queda más cerca que el contenedor negro o gris.
Otro tanto ocurre con los “cestos verdes” en parques y plazas. Sin una educación ambiental ni quien informe y controle qué residuos colocar allí, la mayoria de las personas dispone indistintamente los residuos reciclables (como botellas de agua y gaseosas, latas de cerveza o envoltorios de snacks) y los no reciclables (restos de comida, defecciones de mascotas, etc), indistintamente en los cestos verdes o negros. Y luego los recolectores pasan con su carrito y terminan mezclando lo poco que se separó.
Educación ambiental, la clave
Algunas ciudades medianas del país, como Rafaela (Santa Fe), Trenque Lauquen (Buenos Aires) y Tafí Viejo (Tucumán), cuentan con programas de recuperación y hasta parques industriales del reciclado donde no sólo se recupera sino que se revalorizan los materiales.
La base de todo se encuentra en la educación ambiental en las escuelas, donde la información sobre cómo separar adecuadamente los residuos y dónde llevarlos se imparte junto con los contenidos formales, y también en forma lúdica, a través de juegos y obras de teatro.
En muchos casos, no se trata de una falta de voluntad, sino del desconocimiento sobre qué materiales se pueden efectivamente recuperar y de qué forma separarlos. Según la encuesta de Ecoplas, más de la mitad de quienes no separan (o no lo hacen con frecuencia) los residuos dicen no saber cómo hacerlo y dónde disponer esos materiales. Otro tanto dice “no tener tiempo” para hacerlo.
“Primero hay que concientizar a la ciudadanía, tener infraestructura, colocar los contenedores, e informar qué residuos van en cada uno, además del horario para sacar la basura”, apunta Verónica Ramos, directora de Ecoplas.
“Si empezamos por casa, una bolsa debe ser para los residuos orgánicos, todos los restos de comida, y otra para todos los reciclables como papel, cartón y plástico”, recomienda la especialista.
En referencia a este último material, Ramos aclara que “podemos separar todo lo que encontramos en la cocina: sachets de leche, envases, vasos, con un leve enjuague, para no consumir mucha agua ni detergente. Hay que secarlos para que no contaminen al resto de materiales, y llevarlos al contenedor o punto verde, o entregarlos en mano a un recuperador. Así, los materiales van a una planta donde se separan y se comercializan en fardos a la industria recicladora, que se ocupa de lavar en profundidad y volver a hacer pellets, que son la materia prima para volver a hacer productos”, señala.






















