
Con la llegada de la primavera, el árbol de palta entra en una etapa de mayor actividad y crecimiento. Por eso, los días previos al 21 de septiembre son ideales para hacer un repaso de su estado y ajustar algunos cuidados básicos que pueden marcar la diferencia en la salud de la planta.
La clave está en tres tareas simples: controlar el riego, revisar la nutrición y observar el estado general del árbol. Así, la palta puede encarar la nueva temporada en equilibrio y con mejores chances de desarrollo.
Cómo ajustar el riego y el suelo del palto
El palto necesita un suelo con buen drenaje y un riego que evite tanto el exceso como la falta de agua. Según la Universidad de California, conviene regar bien y dejar que la tierra se seque parcialmente antes de volver a hacerlo, ya que el exceso de humedad puede dañar las raíces.

En árboles adultos, el agua no debe concentrarse solo en la base del tronco: a medida que las raíces crecen, es mejor distribuir el riego alrededor de la zona que ocupa la copa.
Cuándo y cómo fertilizar el árbol de palta
La primavera es un buen momento para controlar la nutrición del árbol. Los ejemplares maduros suelen requerir fertilización regular con nitrógeno, aunque otros nutrientes como el zinc pueden ser necesarios si hay deficiencias.
La Universidad de California recomienda que la fertilización, si es necesaria, se realice entre marzo y noviembre. Antes de agregar cualquier producto, es importante revisar qué necesita realmente el árbol y seguir las indicaciones del fertilizante elegido.
Qué ramas y hojas conviene revisar antes de la primavera
Antes de que avance la temporada, conviene observar el árbol completo y retirar solo las ramas secas, dañadas o que afecten la estructura. No es recomendable hacer una poda fuerte sin necesidad, especialmente en ejemplares jóvenes.
La poda menor puede hacerse en distintos momentos, pero hay que evitar intervenciones tardías que estimulen brotes tiernos vulnerables al frío. Además, es fundamental controlar las hojas y los brotes nuevos para detectar cambios de color, daños o signos de plagas.
El monitoreo periódico es parte de las recomendaciones para el manejo del cultivo y ayuda a prevenir problemas antes de que se agraven.





















