
Un grupo de científicos logró observar con un nivel de detalle sin precedentes cómo se forma nueva corteza oceánica, un proceso fundamental para comprender la dinámica interna del planeta. El fenómeno ocurrió en el sur del océano Índico y permitió reconstruir con precisión cómo el magma asciende desde el interior de la Tierra.
La investigación, publicada en la revista Nature, aporta información excepcional sobre uno de los procesos geológicos que dieron forma al planeta. Según el estudio, dos tercios de la superficie terrestre se formaron en las dorsales oceánicas mediante un mecanismo similar.

El fenómeno conocido como expansión del fondo oceánico se produce cuando las placas tectónicas se separan. En ese momento, el magma que se encuentra debajo de la corteza asciende a través de fracturas y llega al fondo marino.
Al entrar en contacto con el agua fría del océano, el material se enfría y se solidifica, formando nueva corteza oceánica. El proceso también puede estar acompañado por actividad sísmica y erupciones submarinas.
El inesperado fenómeno que permitió estudiar cómo se forma la corteza terrestre
El hallazgo fue realizado por un grupo de científicos franceses mediante un observatorio autónomo instalado cerca de la isla de Ámsterdam, en el sur del océano Índico.
La zona se encuentra próxima al límite entre las placas Australiana y Antártica y a la dorsal del Sureste Índico, una región especialmente relevante para estudiar la separación de las placas tectónicas.

El observatorio fue instalado en febrero de 2024 y cuenta con cinco hidrófonos autónomos capaces de registrar sonidos procedentes del fondo marino. Además, los instrumentos recopilaron información sísmica y otros datos geofísicos.
Dos meses después de su instalación, en abril, los equipos detectaron una intensa actividad sísmica en la región. Durante ese episodio, una zona del fondo marino cercana a la dorsal se hundió aproximadamente 4,2 metros en cuestión de días.
Qué provocó el movimiento del fondo marino
Los investigadores consideran que el episodio estuvo relacionado con un enorme depósito de magma ubicado unos 3,6 kilómetros por debajo de la corteza.
Parte de ese material habría comenzado a ascender a través de fracturas hasta alcanzar el lecho oceánico. Los datos registrados por el observatorio permitieron reconstruir la secuencia de acontecimientos con un elevado nivel de precisión.

La mayor actividad sísmica se produjo entre las 9:03 p. m. y las 9:40 p. m. del 26 de abril. Cerca de las 10:00 p. m., los científicos detectaron un aumento en la temperatura del agua, un indicio de que la lava caliente ya había alcanzado el fondo del océano.
“A partir de ese momento, el descenso más gradual del lecho marino podría reflejar el flujo de magma a través de fracturas abiertas que lo conectan con el depósito”, señala el estudio.
Los registros obtenidos permitieron así observar distintas etapas de un proceso que, aunque conocido desde hace décadas por la comunidad científica, hasta ahora había sido muy difícil de estudiar directamente con semejante nivel de detalle.
Cómo funciona la expansión del fondo oceánico
La expansión del fondo oceánico ocurre principalmente en las dorsales oceánicas, enormes cadenas montañosas submarinas donde las placas tectónicas se separan.

Cuando las placas se alejan entre sí, el espacio que queda entre ellas es ocupado por material fundido procedente del interior terrestre. El magma asciende, entra en contacto con el agua del océano, se enfría y finalmente se solidifica.
De esta manera se genera nueva corteza oceánica, mientras que la corteza más antigua queda desplazada progresivamente hacia zonas más alejadas de la dorsal.
El proceso no ocurre de manera completamente continua. Los investigadores señalan que puede producirse mediante ráfagas periódicas de actividad, algo que también puede observarse en las conocidas “rayas de cebra” geomagnéticas del fondo marino.
Por qué este descubrimiento es tan importante para la ciencia
Aunque la explicación sobre cómo se genera nueva corteza oceánica era conocida, observar y medir directamente lo que sucede durante estos episodios representa un desafío científico importante.

Ingo Grevemeyer y Lars Ruepke, dos geofísicos del Centro Helmholtz GEOMAR para la Investigación Oceánica de Kiel, explicaron algunas de las dificultades que existían hasta ahora para estudiar estos acontecimientos.
“Las mediciones sísmicas identifican dónde ocurren los terremotos, pero no su profundidad. Por lo tanto, los patrones de deformación en la corteza siguen siendo difíciles de determinar”.
Además, en su artículo de News & Views, señalaron: “Otro inconveniente es que las mediciones de la topografía del fondo marino realizadas antes y después del evento se basaron en datos de ecosondas de aguas profundas con una resolución lateral y vertical limitada”.
Según los especialistas, estas limitaciones generan ambigüedad respecto de “la magnitud de los cambios de profundidad y hasta dónde se extienden a lo largo del fondo marino”.
El nuevo estudio permite reducir parte de esa incertidumbre gracias a la combinación de registros acústicos, sísmicos y geofísicos obtenidos durante el episodio.
Un proceso clave para entender cómo se formó la Tierra
La importancia del descubrimiento va más allá del episodio registrado en el océano Índico. La formación de corteza en las dorsales oceánicas es uno de los procesos fundamentales de la evolución del planeta.

De hecho, los investigadores destacan que aproximadamente dos tercios de la superficie terrestre se han creado en las dorsales oceánicas mediante un proceso como este.
Por eso, registrar con semejante precisión cómo el fondo marino se deforma, cómo asciende el magma y cómo se genera nueva corteza ofrece una oportunidad excepcional para comprender mejor la dinámica interna de la Tierra y los mecanismos que contribuyeron a formar su superficie.




















