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Quedó abandonado en los años 60, volvió a la vida en 1989 y hoy funciona como una ecoaldea sin señal de celular ni autos

La energía proviene mayormente del sol y las decisiones colectivas se toman en asambleas, mientras que el agua se obtiene de arroyos de montaña y la electricidad depende de paneles solares. La incorporación de nuevos vecinos es a través de programas de voluntariado.

El rincón que fue abandonado en los años 60, volvió a la vida en 1989 y hoy funciona como una ecoaldea.
El rincón que fue abandonado en los años 60, volvió a la vida en 1989 y hoy funciona como una ecoaldea. Foto: ecoaldeas.org
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En un rincón remoto de las montañas de León, en España, existe una comunidad donde los autos no circulan por las calles, la energía proviene mayoritariamente del sol y las decisiones colectivas se toman en asambleas. Se llama Matavenero y su historia se convirtió en uno de los ejemplos más singulares de recuperación rural de Europa.

Abandonado durante décadas tras el éxodo rural que vació numerosos pueblos españoles en los años sesenta, este pequeño asentamiento volvió a cobrar vida en 1989 gracias a un grupo de personas que apostó por construir una forma diferente de habitar el territorio. Casi 40 años después, el proyecto sigue funcionando y despertando curiosidad entre quienes buscan alternativas al modelo urbano tradicional.

De pueblo fantasma a laboratorio de vida sostenible

Lo que hoy es una ecoaldea alguna vez fue un pueblo completamente abandonado. Cuando los primeros repobladores llegaron a finales de los años ochenta, encontraron viviendas en ruinas y una infraestructura prácticamente inexistente.

La reconstrucción fue paulatina. Hubo que rehabilitar casas, recuperar caminos y desarrollar sistemas para cubrir necesidades esenciales. Actualmente, el agua se obtiene de arroyos de montaña y la electricidad depende principalmente de paneles solares, aunque existen generadores de gasolina para situaciones de emergencia o baja producción energética.

El agua se obtiene de arroyos de montaña y la electricidad depende principalmente de paneles solares. Foto: Wikipedia

Las cifras de población varían según la fuente. Mientras algunos registros recientes hablan de 56 habitantes, la comunidad asegura reunir alrededor de 60 personas y la web municipal todavía refleja 75 empadronados. Más allá de las diferencias estadísticas, Matavenero mantiene una escala reducida que resulta clave para el funcionamiento de su modelo comunitario.

Una aldea donde no hay cobertura ni autos en las calles

Lo primero que sorprende a muchos visitantes es la desconexión casi absoluta. No existe cobertura telefónica y el acceso de vehículos particulares está restringido dentro del asentamiento.

Llegar tampoco es sencillo. En automóvil se accede tras recorrer una pista de tierra de aproximadamente siete kilómetros desde Foncebadón. Quienes prefieren caminar pueden hacerlo mediante una ruta de unos seis kilómetros desde San Facundo.

Esa dificultad de acceso, lejos de representar un problema para sus habitantes, forma parte de la identidad del lugar y contribuye a preservar un estilo de vida alejado del ritmo frenético de las ciudades.

El modelo que rompe mitos: ni comuna ni propiedad totalmente privada

La ecoaldea combina recursos compartidos con propiedades privadas. La comunidad administra de forma colectiva unas 300 hectáreas de monte y diversos espacios comunes, mientras que las familias mantienen sus propias viviendas y actividades económicas.

La ecoaldea de Matavenero en España combina recursos compartidos con propiedades privadas. Foto: ecoaldeas.org

Para coordinar la vida del pueblo existen grupos de trabajo dedicados al agua, los caminos, el sistema eléctrico, la escuela y el albergue. Las decisiones se debaten en asambleas, aunque tanto la participación en ellas como las tareas comunitarias son voluntarias.

Ese equilibrio entre colaboración y autonomía es precisamente uno de los factores que permitió la continuidad del proyecto durante casi cuatro décadas.

El curioso filtro para quienes quieren mudarse a la ecoaldea

Instalarse en Matavenero no es tan simple como comprar una casa y mudarse. La incorporación de nuevos vecinos suele comenzar mediante programas de voluntariado.

Distintas referencias sobre la vida interna de la comunidad mencionan la existencia de un padrino o madrina durante los primeros días de adaptación y un largo período de prueba que puede extenderse a lo largo de las cuatro estaciones del año antes de avanzar en proyectos de construcción o residencia permanente.

La comunidad menciona la existencia de un padrino o madrina durante los primeros días de adaptación. Foto: ecoaldeas.org

El objetivo es garantizar que quienes llegan comprendan tanto las responsabilidades comunitarias como las particularidades de vivir en un entorno de relativa autosuficiencia.

Turismo limitado, escuela propia y reglas estrictas para preservar el entorno

La comunidad dispone de un albergue y una zona de acampada que funcionan mediante donaciones. No existe una tienda ni un comedor permanente, por lo que cada visitante debe llevar sus propios alimentos y equipamiento.

También hay normas claras: no se permite encender fuego, está prohibido acampar fuera de las áreas habilitadas y la estancia máxima es de 15 días.

La vida comunitaria se completa con una escuela gestionada por las propias familias, sostenida parcialmente mediante una caja común y basada en pedagogías libres y alternativas. Esta propuesta educativa se convirtió en uno de los pilares del proyecto y en una herramienta fundamental para atraer y retener nuevas generaciones.

Matavenero combina propiedad privada, gestión colectiva de recursos y participación comunitaria. Foto: ecoaldeas.org

El experimento social que lleva casi 40 años funcionando

Mientras muchas iniciativas de repoblación rural se apoyan en el turismo o en incentivos económicos externos, Matavenero apostó por una fórmula diferente: combinar propiedad privada, gestión colectiva de recursos, sostenibilidad ambiental y participación comunitaria.

En 2026, la Junta Vecinal contó con un presupuesto de 14.500 euros ($16.519,13) y durante el verano organizó actividades destinadas a jóvenes, señales de que la experiencia continúa viva y en evolución.

Casi cuatro décadas después de su recuperación, esta pequeña ecoaldea española sigue demostrando que es posible construir una comunidad basada en la cooperación sin renunciar por completo a la autonomía individual.

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