
La llamada tripa de pollo (Acmella repens, como indica su nombre científico) es una planta de bajo crecimiento que puede sumarle un poco de color al jardín gracias a sus pequeñas flores amarillas y su capacidad de extenderse sobre el suelo, sobre todo durante la primavera y el verano. Su aspecto, raro pero ornamental, puede convertirse en una gran alternativa para quienes buscan cubrir un espacio verde con una especie de alto impacto.
Para favorecer su desarrollo, es importante prestar atención a la humedad de la tierra, los nutrientes y el momento adecuado para podarla. Aunque los expertos en jardines insisten en que puede tolerar períodos breves de sequía, mantener condiciones apropiadas durante la etapa de crecimiento ayuda a que conserve su vigor y su forma.

Cómo cuidar la planta tripa de pollo para que crezca fuerte y florezca
El riego es uno de los puntos centrales de su cuidado de este tipo de plantas. La tripa de pollo se desarrolla mejor en un suelo con humedad moderada y constante, por lo que se puede tomar como referencia un riego semanal y ajustarlo según la temperatura, las lluvias y la rapidez con la que se seque la tierra. Es importante evitar el encharcamiento, ya que el exceso de agua puede perjudicar las raíces.
Durante la temporada de crecimiento, puede aplicarse un fertilizante equilibrado cada tres meses, siempre respetando las indicaciones del producto. En las plantas jóvenes conviene utilizar dosis más suaves, mientras que en otoño se puede reducir la fertilización para acompañar la disminución de la actividad vegetativa.
Por otro lado, se debe tener en cuenta la temperatura, ya que las condiciones cálidas y húmedas protegen a las flores, que son poco resistentes al invierno y sus usuales heladas. Un suelo bien drenado también ayuda a mantener las raíces en buenas condiciones.

Cuándo podar la tripa de pollo y cómo reproducirla en casa
La primavera y el comienzo del verano son momentos adecuados para podar la tripa de pollo, ya que coinciden con una etapa de crecimiento activo. Esta tarea permite retirar tallos secos o demasiado amontonados, controlar la expansión de la planta y favorecer una forma más tupida. Para hacerlo, se recomienda utilizar tijeras limpias y realizar los cortes por encima de un nudo foliar.
La poda de la planta puede mejorar la circulación de aire entre los tallos y ayuda a reducir la posibilidad de plagas o de enfermedades. De hecho, no hace falta recortar toda la planta de manera drástica: lo ideal es retirar las partes deterioradas y ajustar su forma según el espacio disponible.

Para multiplicarla, una opción es recurrir a esquejes. Se selecciona un tallo sano, se corta por debajo de un nudo y se coloca en un sustrato húmedo y con buen drenaje. Durante el enraizamiento, es importante mantener una humedad constante sin saturar la tierra y ofrecer condiciones cálidas. Con estos cuidados, se puede obtener una nueva planta para ampliar la cobertura del jardín o compartirla.




















