
Una planta que crece rápidamente, produce grandes cantidades de biomasa y libera compuestos naturales capaces de combatir organismos que perjudican los cultivos comienza a ganar protagonismo en el campo argentino. Se trata de la mostaza india (Brassica juncea), una especie que podría convertirse en una herramienta para reducir el uso de determinados productos químicos en la agricultura.
Aunque todavía es poco conocida en el país, su potencial ya despertó el interés de investigadores de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ). Ambas instituciones trabajan en el estudio y mejoramiento de esta planta, que también tiene aplicaciones alimentarias e industriales.

Los resultados obtenidos hasta el momento muestran cifras destacadas: en algunos ensayos, la mostaza india superó a la vicia en producción de biomasa y demostró capacidad para contribuir al control de hongos, nematodos y malezas. Sin embargo, su utilización a gran escala todavía requiere nuevas evaluaciones técnicas y económicas.
Qué es la mostaza india y por qué despierta interés en el campo
La mostaza india pertenece a la familia de las brasicáceas, la misma que incluye especies como el repollo, el brócoli y la coliflor. Una de sus principales características es su capacidad para desarrollarse rápidamente y generar una cobertura vegetal abundante, que ayuda a proteger el suelo de la erosión y a conservar sus condiciones físicas.
Además, posee una raíz pivotante que puede penetrar en profundidad y contribuir a mejorar la estructura del suelo. Esta particularidad la convierte en una candidata para integrar los llamados cultivos de servicio, que no necesariamente se siembran para cosechar, sino para aportar beneficios al sistema productivo.
Su característica más llamativa está relacionada con los glucosinolatos, compuestos presentes en sus tejidos que, bajo determinadas condiciones, pueden transformarse en sustancias con actividad biocida. Gracias a este mecanismo, la planta puede utilizarse para disminuir la presión de ciertos organismos perjudiciales sin depender exclusivamente de fumigantes sintéticos.

Santa Catalina UNLP: historia del primer cultivar de mostaza desarrollado en Argentina
El desarrollo de esta especie en el país alcanzó un hito en 2020, cuando se inscribió Santa Catalina UNLP, el primer cultivar argentino de mostaza india. Fue obtenido por el ingeniero agrónomo Omar Perniola en el Instituto Fitotécnico de Santa Catalina, perteneciente a la Universidad Nacional de La Plata.
Este material fue desarrollado con dos objetivos principales: su utilización como cultivo de servicio y su aprovechamiento en prácticas de biofumigación. Su adaptación a las condiciones productivas locales representa una oportunidad para estudiar alternativas nacionales frente a materiales desarrollados en el exterior.
Los ensayos realizados en Pergamino durante 2021 mostraron su capacidad productiva. A los 124 días de la siembra, Santa Catalina alcanzó 13.340 kilos de materia seca por hectárea cuando se cultivó sola y casi 18.000 kilos cuando se combinó con avena y vicia. En esas condiciones, superó a la vicia pura, mientras que la mezcla igualó la producción de biomasa de la avena sembrada individualmente.
Biofumigación natural: cómo funciona el control de plagas agrícolas sin químicos
La biofumigación es una técnica que aprovecha determinadas sustancias producidas por las plantas para contribuir al control de organismos presentes en el suelo. En el caso de la mostaza india, el procedimiento consiste en triturar sus tejidos e incorporarlos a la tierra, donde se desencadenan reacciones que permiten liberar compuestos con acción biocida.

Cuando se rompen los tejidos vegetales, los glucosinolatos pueden transformarse, mediante reacciones enzimáticas, en sustancias como los isotiocianatos. Estos compuestos pueden afectar a determinados hongos fitopatógenos, nematodos y semillas de malezas, aunque su eficacia depende de las condiciones del suelo y del manejo agronómico.
Las investigaciones desarrolladas con el cultivar Santa Catalina mostraron resultados favorables en el control de estos organismos. Incluso cuando la mostaza se utiliza como cultivo de servicio sin incorporarla al suelo, sus raíces pueden liberar compuestos que generan un efecto biofumigante parcial. No obstante, esta técnica no garantiza la eliminación de todas las plagas ni reemplaza automáticamente todos los tratamientos químicos.
El rol clave de la UNLP y la UNLZ en la investigación de cultivos de servicio
Desde 2025, la Cátedra de Genética de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora participa en investigaciones sobre el potencial de la mostaza india junto con la UNLP y otras instituciones científicas. Uno de los objetivos es determinar cómo aprovechar sus características en diferentes sistemas productivos.
Las universidades también impulsan un programa de mejoramiento genético destinado a obtener nuevos cultivares con mayor producción de biomasa y concentraciones superiores de glucosinolatos. Estos avances permitirían desarrollar materiales específicos según las necesidades de los productores, ya sea para mejorar la cobertura del suelo o potenciar la biofumigación.
Mientras se avanza hacia la inscripción de nuevos materiales nacionales, los especialistas buscan establecer recomendaciones de manejo para cada objetivo productivo. Entre los desafíos aparecen la elección del momento de siembra, el desarrollo vegetativo, la producción de semillas y las condiciones necesarias para maximizar el efecto biofumigante.
Evaluaciones del INTA y Aapresid: factibilidad para la agricultura extensiva nacional
Los resultados obtenidos en distintas regiones argentinas aportan información sobre el comportamiento de la especie. En 2024, en Bandera, Santiago del Estero, la mostaza india alcanzó un promedio de 6.497 kilos de biomasa seca por hectárea a los 136 días, en condiciones de secano, y lideró la producción entre los tratamientos evaluados.
Otro dato relevante surgió del cultivo posterior: la soja sembrada después de la mostaza alcanzó los rendimientos más altos del ensayo, comparables con los obtenidos sobre vicia. Esto sugiere que su incorporación a las rotaciones podría ofrecer beneficios más allá de la producción de cobertura vegetal.
La Red de Cultivos de Servicios de Aapresid también realizó evaluaciones en Vila, Santa Fe, y en el campo experimental de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, donde la especie se destacó por producir abundante biomasa en períodos relativamente cortos.
A su vez, el INTA Famaillá estudia su factibilidad técnica y económica para la agricultura extensiva, mientras que el INTA San Pedro compara variedades biofumigantes nacionales y extranjeras. En horticultura, los ensayos de la Estación Experimental Gorina registraron más de 9.400 kilos de materia seca por hectárea a los 107 días, junto con buena cobertura y control de malezas.
De la mostaza tipo Dijon a los biocombustibles: el potencial comercial de la especie
Aunque su aplicación agrícola concentra buena parte del interés científico, la mostaza india también tiene una larga historia de aprovechamiento alimentario. En países como China e India, determinadas variedades se cultivan para obtener aceite comestible, mientras que sus hojas pueden consumirse como hortalizas.

En Argentina, la especie ocupa superficies reducidas y se utiliza, entre otros destinos, para producir hojas y semillas destinadas a la elaboración de condimentos, incluida la mostaza tipo Dijon. Esta última no depende exclusivamente de Brassica juncea, pero sus semillas pueden formar parte de determinadas formulaciones.
Otro campo de investigación es su posible utilización para producir biocombustibles a partir del aceite de sus semillas. Sin embargo, todavía se necesitan estudios que permitan determinar la viabilidad productiva y económica de esta alternativa en el país.
Por ahora, el principal atractivo de la mostaza india está en su capacidad para combinar diferentes funciones dentro de un mismo sistema agrícola: proteger el suelo, aportar biomasa, diversificar las rotaciones y contribuir al manejo de organismos perjudiciales. Si los próximos ensayos confirman su desempeño y rentabilidad a mayor escala, podría convertirse en una nueva herramienta para la agricultura argentina.



















