
Antes de convertirse en una de las golosinas más famosas del mundo, los caramelos PEZ tuvieron un propósito muy diferente al que se les conoce actualmente. Su historia comenzó en Austria, durante la década de 1920, cuando un empresario decidió ofrecer una alternativa al cigarrillo.
Lo que nació como una pequeña pastilla de menta para adultos terminó transformándose en un fenómeno internacional, impulsado por dispensadores de plástico, personajes infantiles y millones de coleccionistas.
El origen de los caramelos PEZ: una golosina creada en Austria para reemplazar al cigarrillo
En 1927, el empresario austríaco Eduard Haas III lanzó al mercado unos pequeños caramelos de menta que buscaban ofrecer una alternativa al hábito de fumar. En una época en la que el consumo de tabaco estaba ampliamente extendido, su propuesta consistía en reemplazar el cigarrillo por una pastilla refrescante que pudiera consumirse en cualquier momento.

El producto recibió el nombre PEZ, una denominación que surgió de la palabra alemana Pfefferminz, que significa menta. Haas seleccionó la primera, la del medio y la última letra del término para construir una marca breve, fácil de recordar y reconocible en diferentes idiomas.
Sin embargo, aquellos primeros caramelos estaban lejos de parecerse a los que hoy conocen millones de niños. No tenían sabores frutales ni estaban acompañados por figuras de dibujos animados. Se comercializaban principalmente para adultos y se presentaban como una opción refrescante, asociada a la idea de disfrutar de una pausa sin necesidad de encender un cigarrillo.
De una alternativa al tabaco al famoso dispensador de caramelos PEZ
Durante sus primeros años, los caramelos se vendían en pequeñas cajas metálicas. El cambio decisivo llegó en 1949, cuando apareció un dispensador mecánico diseñado para entregar las pastillas individualmente. Su formato alargado permitía transportar los dulces y consumirlos sin tocarlos directamente con los dedos.

El dispositivo, conocido como PEZ Box, fue desarrollado por el ingeniero Oscar Uxa. Su mecanismo de apertura y distribución resultó fundamental para diferenciar la marca de otros fabricantes de golosinas. Además, su diseño recordaba visualmente a un encendedor, un detalle especialmente llamativo por los orígenes del producto.
La transformación continuó cuando PEZ comenzó a expandirse hacia Estados Unidos durante la década de 1950. Allí, la compañía descubrió que los consumidores estadounidenses mostraban mayor interés por los sabores dulces que por la menta original. Esta diferencia cultural impulsó una decisión comercial que modificaría definitivamente su historia.
En 1955, PEZ incorporó personajes infantiles y cambió para siempre su historia
En 1955, la empresa comenzó a introducir dispensadores con cabezas de personajes y figuras infantiles. Aquella modificación convirtió un simple mecanismo para repartir caramelos en un objeto atractivo para los niños, que podían conservarlo y reutilizarlo después de consumir las pastillas.

Con el paso de las décadas, aparecieron dispensadores inspirados en animales, dibujos animados, personajes de películas y superhéroes. La posibilidad de cambiar únicamente la cabeza decorativa permitió desarrollar numerosas colecciones, mientras los caramelos frutales consolidaban su presencia en el mercado estadounidense.
Así, el producto que había nacido vinculado a una alternativa al cigarrillo terminó asociado al entretenimiento infantil. La empresa dejó atrás su posicionamiento original y encontró una identidad comercial completamente distinta: ya no vendía solamente caramelos, sino también pequeños objetos coleccionables.
Los dispensadores PEZ más buscados: cómo una golosina se convirtió en objeto de colección
El éxito de los dispensadores generó un fenómeno que trascendió el consumo de golosinas. Con el tiempo, algunos modelos antiguos, ediciones limitadas y piezas promocionales comenzaron a despertar el interés de coleccionistas dispuestos a buscar ejemplares poco comunes.

La compañía también desarrolló una extensa variedad de diseños mediante acuerdos con franquicias del entretenimiento. Esto permitió que diferentes generaciones reconocieran los dispensadores por sus personajes favoritos, incluso sin conocer la historia austríaca de los caramelos originales.
Casi un siglo después de su lanzamiento, PEZ continúa siendo una marca reconocida internacionalmente. Su recorrido demuestra cómo una idea destinada inicialmente a los adultos pudo reinventarse hasta convertirse en un símbolo de la cultura popular: de una pastilla de menta pensada como alternativa al cigarrillo a una golosina que conquistó a generaciones de niños.
















