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Soñó con ser Bélgica, fracasó tras quedar tapado por la arena y hoy es el balneario más silencioso de la costa bonaerense

Fue pensado como una sofisticada ciudad turística frente al mar, con hoteles, diagonales, una rambla monumental y hasta una estación ferroviaria. Pero, los médanos móviles y la Primera Guerra Mundial cambiaron su destino.

Fue pensado como una sofisticada ciudad turística frente al mar
Fue pensado como una sofisticada ciudad turística frente al mar Foto: Pinamar.com
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Entre las localidades más visitadas de la costa bonaerense existe un balneario donde el tiempo parece avanzar a otra velocidad. Ostende, ubicada en el partido de Pinamar, mantiene un perfil residencial, playas extensas y una tranquilidad que contrasta con el movimiento de los destinos turísticos vecinos.

Detrás de ese presente silencioso se esconde una historia extraordinaria. A comienzos del siglo XX, empresarios europeos imaginaron allí una ciudad inspirada en uno de los destinos más importantes del Mar del Norte. El proyecto contemplaba una rambla costera, hoteles, avenidas, diagonales, edificios públicos y una conexión ferroviaria.

La naturaleza, sin embargo, tenía otros planes. Mientras los inversores promocionaban terrenos y anunciaban el nacimiento de un nuevo balneario argentino, el viento desplazaba enormes cantidades de arena sobre los caminos y las construcciones.

Ostende y el origen del proyecto que intentó traer a un pedazo de Bélgica a la costa bonaerense

La historia comenzó en 1908, cuando Fernando Robette y Agustín Poli llegaron a una franja costera dominada por dunas y prácticamente deshabitada. Los terrenos que alcanzaban el mar pertenecían entonces a Manuel Guerrero, integrante de la familia de Felicitas Guerrero.

Los impulsores pretendían reproducir en la Argentina el espíritu de Oostende, la célebre ciudad balnearia de Bélgica. Incluso eligieron el mismo nombre, adaptado al español. Ostende significa “Fin del Este” y representaba una imagen de modernidad, lujo y distinción europea.

Balneario Ostende
Con el correr de los años, lo construido fue quedando sepultado por la arena Foto: Instagram @imagenesenlahistoria

El diseño urbano era tan ambicioso como difícil de concretar. Incluía avenidas, diagonales, parques, plazas, edificios públicos, una estación ferroviaria y un paseo frente al mar.

También comenzaron las obras de un muelle y de la Rambla Sur, proyectada como un extenso corredor costero. Los materiales debían llegar desde Buenos Aires y atravesar un paisaje sin caminos consolidados. Parte de la carga fue transportada por mar en el vapor Cabo Corrientes.

Finalmente, el 6 de abril de 1913 se celebró la fundación de Ostende. Ese año también abrió el Hotel Termas, conocido en la actualidad como Viejo Hotel Ostende, uno de los principales sobrevivientes de aquel proyecto.

El avance del médano: por qué la idea original quedó tapada por la arena

Los pioneros habían diseñado una ciudad moderna, pero subestimaron la fuerza del paisaje. El territorio estaba dominado por médanos móviles, fuertes vientos y sudestadas, capaces de modificar los caminos y acumular arena alrededor de las construcciones.

Sin una forestación adecuada para detener el movimiento de las dunas, cada tormenta podía deshacer parte del trabajo realizado. Los accesos desaparecían, el traslado de materiales se volvía cada vez más difícil y numerosas estructuras comenzaron a ser invadidas por la arena.

Balneario Ostende
Más de un siglo después, Ostende conserva las huellas de aquel ambicioso sueño europeo Foto: Pinamar.com

La imagen más impactante de aquel fracaso fue una antigua capilla vinculada a Domingo Repetto. El edificio quedó abandonado y terminó desapareciendo bajo los médanos después de años de tormentas, saqueos y falta de mantenimiento. Su destino alimentó la leyenda de la iglesia sepultada debajo de la arena de Ostende.

A las dificultades naturales se sumó el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. El conflicto comprometió el financiamiento europeo y frenó definitivamente el ritmo de las obras. Los impulsores vinculados al capital belga regresaron a Europa y la ciudad perdió el respaldo necesario para completar su ambicioso plan.

El resurgimiento del balneario tras quedar sepultado por las dunas

Aunque numerosos proyectos quedaron abandonados, Ostende no desapareció. Con el paso de las décadas volvió a crecer, pero de una manera muy diferente a la imaginada por sus fundadores.

En lugar de convertirse en una fastuosa réplica europea, se consolidó como una localidad de perfil bajo, con viviendas familiares, calles tranquilas y playas amplias. La forestación permitió estabilizar progresivamente los médanos y facilitó la urbanización de toda la zona.

Balneario Ostende
La rambla de cemento y conchillas fue proyectada con 6 metros de ancho Foto: Instagram @imagenesenlahistoria

El posterior crecimiento de Pinamar terminó modificando el mapa turístico regional. Ostende quedó integrada a uno de los partidos más visitados de la costa, pero consiguió conservar una identidad propia.

Aquella aparente derrota terminó convirtiéndose en su principal atractivo. Mientras otros destinos construyeron una imagen relacionada con la vida nocturna, los grandes paradores y el tránsito intenso, Ostende preservó una atmósfera silenciosa y residencial.

Todavía pueden encontrarse testimonios de su etapa fundacional, como los restos de la antigua rambla, los vestigios del muelle, la residencia de Fernando Robette y el histórico hotel.

Ostende y su vínculo histórico con la inspiración belga

La relación con Bélgica no quedó limitada al nombre. El objetivo original era trasladar a la costa bonaerense el concepto europeo de ciudad balnearia planificada, con paseos frente al mar, hoteles elegantes y espacios públicos destinados a recibir viajeros.

Sin embargo, ambas ciudades siguieron caminos completamente distintos. La Ostende belga se consolidó como un importante destino del Mar del Norte. Su versión argentina debió reinventarse después de las tormentas de arena, el abandono de las obras y la interrupción del financiamiento extranjero.

El Viejo Hotel Ostende, inaugurado en 1913 Foto: Instagram @viejohotelostende

El Viejo Hotel Ostende se convirtió en el gran puente entre aquellos dos tiempos. Además de conservar parte de su arquitectura original, desarrolló una fuerte identidad cultural y recibió a escritores, artistas e intelectuales.

Hoy, caminar por Ostende significa recorrer un lugar donde buena parte de la historia permanece debajo de la superficie. Entre los tamariscos, los médanos y las construcciones antiguas sobreviven fragmentos de aquella ciudad que quiso adelantarse a su época.

El proyecto europeo fracasó, pero el balneario sobrevivió. No llegó a convertirse en la Bélgica argentina soñada por sus fundadores, aunque terminó transformándose en uno de los rincones más tranquilos, misteriosos y singulares de la costa bonaerense.

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